Tras el lente siempre estuvo el mismo Álvaro, el que heredó de sus padres la fotografía y después, el que por profesión y con sus incontables trabajos para la Alcaldía de Pereira, durante bastante tiempo, al igual que para algunos medios de comunicación, demostró que lo que hay tener listo es el encuadre de la intuición.
Llegó a la ciudad a inicios de la década de los años 90, por invitación de su amigo Julio Bayona, que por aquel tiempo se desempeñaba como jefe de Redacción en La Tarde, pero en Bogotá, su tierra natal, ya se había hecho a un nombre, que así como le daba, le quitaba, porque las rumbas eran letales y esa invitación fue la mejor excusa para organizar la vida.
La primera y la mejor
“Resulta que ya en La Tarde, yo estaba muy encerradito y Julio me dijo: ‘la foto de primera está es en la calle, vaya y mira que hay por ahí’. En esa Plaza de Bolívar nada, todo el Centro calmado y cuando me da por echar por la 19 para abajo, hacia el coliseo, veo un hombre sin cabeza saliendo de una marquetería y dije aquí está la foto de primera. Me fui para el periódico y les dije que tenía la foto, fue tanto así que ese hombre sin cabeza, me hizo ganar un premio regional de periodismo”.
Desde los 19 años, ya fotógrafo en propiedad, pasó por todos los roles que esta profesión contiene: “fotografía de estudio, fotografías sociales, revelar, vendedor de mostrador en el almacén fotográfico, todas las técnicas desde la foto más pequeña, hasta la más grande”. Pero la mejor, la que más quiere, llegaría durante su trabajo en la Alcaldía, cuando le pidieron que fotografiara las 10 estaciones del ferrocarril que había en Pereira y cuando llegó a una ya abandonada que denominan ‘La olla’, entre Cerritos y el peaje a mano izquierda. “En uno de los cuartos había una ventana que dejaba ver un árbol y detrás de este una vaca negra”.
Gajes del oficio
Cuando se le pregunta si todavía tiene una foto por tomar, responde que “hay una que me duele no haber tomado fue una vez que tocó ir a Santa Cecilia. Venía una tractomula de Coca Cola, me imagino que de regreso del Chocó, encima al menos 20 mujeres Embera Chamí, les pedí que pararan y no lo hicieron, siempre la tengo en mi cabeza”.
¿Sabe cuántas fotos tiene, las ha podido contar? “No, no, no, diría que en imágenes hay unas 100 mil, uno no sabe porque si tomamos en cuenta el Viaducto, desde que llegué a Pereira, estaban vendiendo los predios, ya en 1995 iba cada ocho días, me subí a las torres antes de que terminaran de hacerlas, solo del Viaducto debe haber unas 4.000”.
Otro aspecto por el que es bastante reconocido, es la recuperación del patrimonio gráfico de Pereira. “Hice Pereira 96, Pereira ayer y hoy, Pereira Siglo XX y Pereira desde el cielo”.
Ya se encuentra pensionado, pero sigue metiéndole alma, vida y corazón a sus libros. El primero se llamó ‘Pereira, antología gráfica’, luego llegó el ‘Libro de oro de Pereira’ tomos 1 y 2 entre 2014 y 2020; en 2023, la revista ‘Bolívar Desnudo 60 años’ y recientemente el libro ‘Aeropuerto internacional Matecaña, 80 años’, con Julio Bayona y Luis García Quiroga.



