Cicatrizar la migración impuesta

Una psicóloga, magíster y especialista en Pedagogía y Desarrollo Humano, desarrolló durante más de 20 años su labor profesional en el sistema penitenciario de Colombia. Debió  abandonar el país junto a su familia, dado que su esposo, también funcionario del Inpec, tuvo inconvenientes con un interno.

Olga Lucía Montoya es reconocida por liderar programas de alto impacto en prevención de la comisión de actos delictivos y consumo de sustancias psicoactivas a través del programa institucional ‘Delinquir no paga’, desarrollado en los colegios e instituciones del área metropolitana, por el cual recibió el incentivo como mejor equipo de trabajo en el año 2015, por parte del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).

Hace cuatro años se preparaba para disfrutar de su pensión y estar atenta a sus padres, pero de un día para otro, tuvo que irse a los Estados Unidos. “Llegué como todos, estaba muy desorientada, fui mesera en un restaurante colombiano y no pude con ese trabajo, limpié casas y menos, hasta trabajé en un supermercado en la parte de sandwich. Estaba entrando en depresión al pensar en todo el dinero que había invertido en mis estudios y terminar viviendo aquí, donde con una pensión colombiana no se vive y hay que seguir trabajando”.

Resiliencia

Todos en Estados Unidos, le decían que los títulos no servían para nada. “Eso es mentira, empecé a buscar la homologación, no es tan complicado como uno cree. Cuando me convalidaron los títulos y pude darme a conocer en la comunidad, logré emplearme como assistant teacher de primer grado en un colegio privado, estoy feliz trabajando con ellos, la profesora con la que trabajo es americana, cero español, pero nos entendemos por el traductor del celular, porque entiendo cuando hablan, pero no soy capaz de hablar”.

Olga relata que lo que aquí es Secretaría de Educación, allá es Distrito Escolar y agrupa a los colegios públicos, en donde es muy difícil trabajar, “haga de cuenta muchos Marcelianos”. Sobre esa realidad habla en su libro sobre la violencia escolar ‘Cicatrices invisibles’. El cual presentó en la Cámara de Comercio de Miami, obra que le abrió puertas, tiene un espacio radial de dos horas, para hablar cicatrices del acoso escolar; ahora la misma comunidad es la que pide que trate temas abiertos para sanar otras cicatrices. Esa conexión con el público la llevó a ser reconocida como ‘Madre empresaria 2025’.

Semillas

“Por el libro me contactó la Editorial Punto y Coma de Colombia, soy gestora editorial internacional y lidero procesos de acompañamiento a nuevos autores que desean sanar, transformar o dejar legado a través de la escritura”. Su misión editorial está alineada con su propósito de vida; poner las palabras al servicio de la sanación, el testimonio y la transformación social desde los más pequeños, sabe que la cosecha vendrá.

Quiero hacer de Cicatrices Invisibles, una marca que ayude a muchas personas con cartillas digitales. Desea que llegue a Colombia como fundación, porque quiere apoyar a las personas privadas de la libertad, a los pospenados y sus familias. “Hay situaciones que no justifico pero ya entiendo, es solidarizarme con esas cicatrices que ellos no tuvieron la oportunidad de sanar.

No ha podido aplicar a la la visa EB-2 por interés nacional (NIW), aunque cumple con todos los requisitos, porque el Inpec no le responde las solicitudes sobre las certificaciones laborales.

“El pasado no nos define, lo podemos modificar, podemos salir adelante sin olvidar lo que nos ocurrió y que no nos duela, podemos transformar cicatrices en propósito y dolor en poder personal”.

El nuevo cónsul de Colombia en Miami, le extendió la invitación para una Feria de servicios el 31 de mayo y el 1 de junio.

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