Sebastián Vargas se transformó en Clementino Lara Grajales, el día que el arte lo descubrió a él y no al contrario. Además, llamarse Sebastián en Pereira es como saber que el sol sale por la mañana, mientras que alguien que se llama Clementino, genera marca, tiene un sello propio.
Suma ya ocho años de experiencia en el arte y aunque a muchos les puede parecer poco al lado de otros que llevan toda una vida, a este artista plástico le han alcanzado para desentramar lo más interno del ser humano. La Maestría en Estética y Creación lo transformó, porque su test vocacional que le presentó como opciones el arte y la comunicación, Lara se decantó por la segunda, pero su verdadera vocación despertó y no fue en vano.
La génesis artística
“Lo primero fue entender que en las artes visuales también podía desarrollar las artes audiovisuales, porque me la pasaba en el Centro de Comunicaciones muy metido en lo del video y que podía experimentar con los formatos y la saturación de los colores sin dejar la intención de comunicar. Empecé a entender cómo funcionaba la plasticidad y la materialidad que me daban la posibilidad de ser artista en ese pequeño momento”.
Pertenecer al cine club La Caja, le ofreció capital audiovisual y cultural, lo que en alianza con la Maestría, dieron como primer resultado videoarte y performance. “El arte parte de indagaciones muy personales, cosas que uno encuentra en lugares muy recónditos de uno mismo y se puede decir que surgió con mi primera toma de yagé, porque me di cuenta que había transitado por el camino de la comunicación porque debía hacer un trabajo para comunicarme mejor ante el mundo; segundo, que tenía que solucionar situaciones familiares paternas y tercero que tenía una relación directa y profunda con la tierra”.

Ser humus
En las posteriores tomas de yagé pudo reflexionar sobre la relación que tiene el cuerpo con la tierra directamente, “desde que nacemos, el hecho de ser humanos, de ser intestinos, los intestinos son como lombrices que se han ido desarrollando y generando más cuerpo para protegerse a sí mismas y tener otras capacidades, pero al final la función básica de la existencia es ingerir para nutrirse, fortalecerse, digerir esos alimentos para escoger lo que nutre y lo que no excretarlo. Esas excreciones llegan a la tierra que las vuelve a absorber y vuelven a nutrir, el proceso de ingestión y digestión es como el ciclo de la vida”.
Las lombrices como tal aparecen, porque en ese camino empieza a hacer compostaje y ve que ellas hacen lo mismo, pero lo hacen más rápido y ayudan a que funcione mejor. “Las lombrices intervienen en el compostaje con su digestión, hacen humus con el que fertilizan tierras y alimentos, fertilizan todo lo que posibilita el resto de desarrollo económico, social y político, pero comienza con algo muy básico que es el cuidado del suelo”.
La importancia de los intestinos
Recientemente se habla que en esta parte del cuerpo hay una especie de memoria, ¿qué ha investigado sobre el tema? “Sí, es el cerebro emocional, tiene que ver mucho con estas prácticas que te menciono, porque cuando uno toma yagé por primera vez se va dando cuenta que no se limpia lo de arriba, si no está limpio lo de abajo, ahí es donde empieza todo el proceso porque allí se guardan muchos dolores. Las personas que sufren de estrés, de ansiedad, sufren del colon y molestias gástricas que tienen que ver con este segundo cerebro, se ha descubierto que también tiene muchas terminaciones nerviosas, produce neuronas, es aprender a conectar el cerebro racional con el cerebro emocional”.

Sus puestas en escena
Hay una instalación que llama la atención y se trata de un sanitario con tanque transparente en el que se puede apreciar el compostaje, pero en la taza en vez de agua está lleno de tierra. “Las piezas que hago, aparte de tener una función escultórica y artística, tienen una función orgánica y es que relaciono el espacio del inodoro con nuestra excreción y la de las lombrices, la idea es que mis piezas también sean composteras”.
Las tuberías de los acueductos y alcantarillados tienen una forma muy similar a la de las lombrices y por ende a la de los intestinos. Su trabajo inicia en el campo que señaló ‘Lombrices en la vía’ y continúa con la instalación del inodoro o ¿cómo es el orden? “Son piezas distintas, la del sanitario se llama ‘Zona de expansión orgánica’, que a la vez hace parte de la exposición de una serie mayor que se llama ‘Tierra mutatis, zona de expansión urbana’. La de ‘¡Cuidado! Lombrices en la vía’ es un trabajo de dibujo en tierra que lo llamé ‘Topografía’, topo tierra y grafía dibujo, para performatizar con mi cuerpo la acción de las lombrices que es escarbar, marcar, digerir, también un poco delimitar las zonas de construcción urbana, que haya un espacio que no sea para habitar sino uno con función poética y artística”.
En la actualidad
Clementino trabaja por estos días en la relación formal de las cosas retorcidas, “desde la liana de yagé directamente, porque la liana es retorcida, los ríos son retorcidos, los caminos de tierra son retorcidos, los tubos de los edificios también y nuestros intestinos” y en otra apuesta va por cómo otras culturas aprendieron a manejar sus residuos, como son los pueblos de la Amazonía, que él la define como una ciudad jardín.
“No valores más la vida que la muerte, valora el proceso, la descomposición que dejas en la tierra y la labor que dejas en el mundo”.




