Desagravio de Risaralda a doña Lorencita Villegas

La figura de Lorencita Villegas de Santos va mucho más allá de ser el nombre con el que bautizaron algunas entidades de salud. Su papel nacional como primera dama cubrió con el polvo de los caminos históricos el lugar donde vio la luz del mundo, nada más y nada menos que en los terrenos incipientes de un paisaje denominado Dosquebradas, perteneciente a Santa Rosa de Cabal en el entonces departamento de Caldas.

Forjadora de historia, inspiradora de letras y trabajadora incansable por la salubridad del pueblo.

Reclamar como risaraldenses la grandeza de esta mujer ha sido una tarea olvidada y volver a dar su lugar es tarea de estas generaciones que entienden el valor de la memoria para despejar el camino al futuro.

La intelectual

Doña Ana Lorenza Villegas Restrepo, más conocida como Lorencita, emergió de un contexto marcado por las guerras civiles y el rigor social del siglo XIX, para convertirse en una mujer intelectual, librepensadora y autónoma, que redefinió el rol de la mujer y de la primera dama en Colombia. Su vida, como la relata el historiador Julián Chica Cardona, fue una trayectoria de resiliencia y liderazgo en la élite bogotana de principios del siglo XX, alcanzando la dirección de la sección cultural del periódico El Tiempo.

“La familia se instaló en Dosquebradas en 1896, tres años antes de la Guerra de los Mil Días, buscando un lugar apartado de las rutas militares y el reclutamiento obligatorio. Pese a que la cabecera era Santa Rosa de Cabal, su padre optó por bautizarla en la parroquia de Nuestra Señora de la Pobreza, 42 días después de su nacimiento. Lorenza, quien más tarde se definiría a sí misma como una ‘montañera’, creció inicialmente en ese entorno y en 1908 se instalan en Bogotá”.

Pionera de la prensa

Al llegar a la capital, con solo 10 años, Ana Lorenza ingresa al Colegio de la Caridad. La temprana formación intelectual de la familia se evidenció cuando su hermano Alfonso, graduado como abogado, fundó el periódico El Tiempo, el primero de febrero de 1911.  A pesar de ser una adolescente, Lorenza fue la ‘madrina’ del periódico y una lectora voraz. Su rol iba más allá de la imagen: corregía, rayaba periódicos y ejercía como ‘correctora de estilo’, se convirtió en un modelo en una época en la que la sociedad vetaba a las mujeres el acceso a la educación.

Imágenes del libro ‘Dos-Quebradas. Industria y Región. 1880-1980’, autor Julián Chica Cardona.

Resiliencia y servicio

“La vida de Lorencita estuvo marcada por la adversidad. Su madre falleció en Nueva York, donde buscaban mejor atención médica, cuando ella tenía 14 años. Tras esto asumió la responsabilidad de mantener cohesionada a la familia, ya que sus tres hermanas mayores eran monjas. Solo tres años después, sus dos hermanos menores murieron accidentalmente por hipotermia en los cerros de Bogotá. Su padre también murió en Nueva York, 10 años después de su esposa. A pesar de este cúmulo de luto y dolor, Lorenza se casó con Eduardo Santos en 1917, tenía 19 años, él era un ideólogo liberal y funcionario de la Cancillería, que se hizo muy amigo de su hermano Alfonso y quedó cautivado por la madrina del periódico”.

Como primera dama, Ana Lorenza rompió con el papel tradicional, pues sus antecesoras se limitaron a ‘juegos de salón’. Su carácter de liderazgo y servicio se centró en el tema de la salud, un periodo crucial para la construcción de los hospitales más importantes en Colombia y la creación de la Liga Antituberculosa. La única hija que tuvo con Santos, Clarita, murió a los tres años de fiebre escarlatina, lo que reflejaba la escandalosa mortalidad infantil de la época. En honor a su hija, el hospital de Santa Rosa de Cabal llevó el nombre de Clarita Santos, aunque luego fue retirado. Igual sucedió con el hospitalito en Pereira, que le tuvo que dar paso al ISS.

La deuda histórica

“La conexión de Lorenza con el territorio que hoy es Risaralda fue fundamental en su vida. Tras el matrimonio y la llegada de Santos a la presidencia, la prensa de Manizales lo atacó por haber preferido a una mujer ‘de poca categoría’, por no pertenecer a la élite manizaleña. Como un acto de réplica y apoyo a la región de Lorencita, el presidente Eduardo Santos aportó la primera partida presupuestal para que se construyera el aeródromo de Pereira en Dosquebradas (en La Popa), aunque la iniciativa luego fue revertida por jurisdicción. Aún más significativo fue su apoyo para que Pereira, que no era capital en ese entonces, fuera la sede de la Feria Nacional Agropecuaria más grande de Colombia en 1938, este evento trajo la revolución industrial y grandes empresas a la zona”.

“Lorencita Villegas de Santos es modelo de inspiración para la sociedad, especialmente para las mujeres, al encarnar la autonomía, la resiliencia y el liderazgo logrado a través de la dificultad”.

Lorencita, con un profundo sentido de pertenencia y territorialidad, según crónicas de la época, se trasladó a caballo a través de La Virginia inundada para asistir a misa, mostrando que su territorio no la restringía en el cumplimiento de sus deberes.

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