Desde el oficio de los libreros

La familia Osorio Cardona está conformada por cuatro hermanos, una cuñada y dos sobrinos, quienes orgullosamente atienden el negocio familiar ubicado en la carrera quinta entre calles 22 y 23 de Pereira, con esta sola indicación casi todos caerán en la cuenta que se trata de la librería Roma, la misma de ‘toda la vida’.

En la librería, el trabajo de Pablo Osorio, uno de los hermanos y el mellizo de Pedro, puede dejar confundidos a quiénes entran al lugar. ¿Cómo hace para saber dónde está lo que le piden, entre torres de ejemplares y ediciones que llegan hasta el techo?

“La memoria tiene dos realidades, el arte de olvidar y el arte de recordar, los libros son el arte de recordar, por eso decía Borges que son una extensión de nuestra mente”, así de tajo empieza el diálogo Pablo, un estudioso por naturaleza, quien lleva casi 30 años en la labor de librero.

Un poco más de él

“Estuve en el Seminario mayor de Manizales, allá aprendí filosofía, cuando salí de ahí llegué a Pereira y me acogió mi hermano. Entré a estudiar Español y Literatura en la Universidad Tecnológica, cuando terminé me uní a la Diócesis e hice la Teología para seglares (laicos) y en la Librería estoy de lleno desde el 2000”.

Su labor consiste propiamente en organizar los libros por temáticas. “Aquí manejamos aproximadamente 99 temáticas: música, literatura, biografías, libros técnicos, libros esotéricos, textos escolares y cocina entre muchos otros. Es fácil para nosotros, pero la gente ve esto tan abrumador equivale a tener muchas ideas y verlas en físico, porque cada libro es una idea ya desarrollada”.

En el día a día

En la Roma tampoco venden de todo, como se puede llegar a pensar, “sobre áreas tan técnicas como es la computación no vendemos libros, porque la gente los quiere siempre actualizados o busca códigos, pero libros de teoría del derecho sí los vendemos. Aquí están todos los libros que la ciudad necesita”.

Pablo conoce palmo a palmo este lugar.

Durante este tiempo de plena temporada escolar y se ven muchos de texto nuevos, pero ¿cómo les ha ido con los muchachos y Google? “Esto ha sido de evolución, porque antes era obligatorio y lo pedían solo los colegios privados, pero ahora existen las famosas plataformas, está el libro, pero los talleres se hacen por medio de un libro virtual, pero esto que usted ve acá son de años anteriores y los utilizan más que todo los colegios oficiales, también les resulta más económico a los papás reforzar con una cartilla de matemáticas, de español o sociales”.

Pablo piensa que todas las plataformas y redes sociales son importantes, para todas hay gente y esa creencia popular de que ahora lee menos la gente, él piensa que no es cierta. “Ahora se lee más, porque hay gente a la que le gusta leer, pero no le gusta leer en las plataformas. Al fin y al cabo, somos los hombres los que nos proyectamos”, esto último es obviamente la alegoría de la caverna de Platón, porque el librero deja entrever las luces de un hombre muy estudioso y lector consumado.

La pandemia y las librerías

El tiempo de encierro, fue el momento preciso para la lectura y la escritura que muchos tenían rezagada, pero a la mayoría los cogió sin libros de reserva. ¿Cómo les fue en ese tiempo? “Fue una cosa peculiar porque (se ríe) nosotros en Cámara de Comercio aparecemos debajo de las papelerías, entonces cuando llegó el permiso para las papelerías también llegó para nosotros y fue una gran oportunidad. La gente ya se había visto las series de Netflix, programas, sabían qué pensaba la esposa, qué pensaba el hijo y en esos espacios tan pequeñitos, encontraron en los libros esa oportunidad de refugiarse en la intimidad, porque la lectura es un ejercicio de estar consigo mismo, de recrearse. Muchos pidieron libros a domicilio”.

De esta manera nació la Librería Roma en redes sociales, no todo lo del Covid, fue malo. “Muchos clientes de nosotros también crearon sus propios blogs para vender libros, la gente dice: ‘ya quiero volver a esos libros’”.

Cosas que pasan

“En este salón que nos encontramos, es el salón Luis Carlos González, acá hacemos tertulias cada primer viernes de mes de seis a ocho de la noche, vienen entre 20 y 30 personas y queremos que haya 50 o 100, es totalmente gratis, vienen escritores o personas del común a hablar de literatura, pero no de forma académica, cada uno habla de su autor favorito, del libro que está leyendo o del que le gustaría leer”.

La bitácora de la Roma

¿Quiénes han llegado a este lugar, de esos que se llaman famosos? “A nivel nacional, Germán Castro Caycedo estuvo con nosotros, también Óscar Collazos, estuvo William Ospina que reiterativamente viene a visitarnos, Carlos Mario del Águila descalza que es un lector avezado y uno de los mejores clientes de nosotros. También clientes internacionales, por eso tenemos una bitácora de escritores y personas que pasan por la ciudad, y les hacemos un reconocimiento”.

“Lo bueno de leer es como los viajes, lo bueno del recorrido es venir a contarlo”.

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