Jorge Echeverry pertenece a la tercera generación de caficultores de su familia, por ese entonces la finca estaba ubicada en Combia. Tuvo como profesión alterna el dibujo arquitectónico, pero la tradición cafetera es más fuerte y ahora está plenamente dedicado a ello.
El ideal del relevo generacional
Hoy por hoy su finca está en la zona rural de Dosquebradas. “No queda nadie que quiera coger café, hace dos años perdí una cosecha porque no encontré trabajadores, ni siquiera para trabajar el plátano y uno hasta los entiende, porque ver uno al papá, como les sucede a ellos, con sus boticas plásticas trabajando todo el día y durmiendo en una camita más o menos y en la cocina unas veces hay y otras no, es muy duro”.
Para don Jorge, el sistema tan promulgado de soberanía alimentaria son inventos que no funcionan llevados a la práctica. “Empiezan a venir a la ciudad a trabajar en cualquier cosa, en la finca quedó el viejo solo y lo más triste es que los campesinos somos pobres toda la vida, pero cuando nos morimos la finca vale un dineral. Lo que yo quiero es que estos muchachos se hagan cargo de lo que tienen sus viejos, se necesitan manos, piernas”.

La idea que tiene este caficultor es que vean la finca como una empresa, “si tu le enseñas a ese muchacho de la escuela, que está joven, que sí pueden comer y comer muy bien del café que produce la finca, se va a quedar, porque la vida de la ciudad es dura. ¿Cómo lo hacemos? Hasta ahora la cadena del café, cuando salen y lo venden como pergamino, solo da para volver y pagar trabajadores, pero si aprenden la cadena completa, es una cadena de valor”.
Con el sudor de la frente
El café vendido como pergamino, según la explicación del señor Echeverry, deja como ganancia alrededor del 6%, pero industrializado le queda al campesino casi el 40%. Ahora, llevado a una tienda o café, la ganancia es del 96%. Pero no se pueden pintar pajaritos en el aire y hay que entender que se necesita invertir un recurso.
“Mire, el campesino está más metido en Datacrédito que cualquiera porque incumplió con el pago del celular, porque le fiaron un abono o un mercado y como no sabe cómo funciona el sistema bancario. Cuando sale a hacer una diligencia a la ciudad pierde el día completo, está levantado por ahí desde las 3:00 de la mañana, le tiene que dejar todas las obligaciones a la mujer, se monta en el yip que pasa a las 6:00, llega a Pereira a las 9:00 y como es campesino, por bonito que venga se reconoce a leguas y no hay el mismo trato. El asesor le pregunta a qué viene y le pide una lista de papeles con palabras técnicas que no entiende, cuando por fin los completa le dicen que no califica porque no tiene historial crediticio”.
Ahora sí, hagamos empresa
Con este panorama, menos que un joven va a querer apostarle a la conformación de esa empresa, como usted la llama. “No, mire que es más sencillo. Tu tienes el café, pero tienes que conocer su potencial, los mayores consumidores de café no lo producen porque no pueden, el café solo se da en la franja cafetera del mundo. Entonces yo le digo a los muchachos: produzcan un buen café y llévelo molido o empacado que eso lo puede hacer en la finca, lo verdaderamente importante es que aprendan a que en el proceso no se dañe, porque a uno le trillan por $10.000, una arroba y esa misma se la tuestan por $30.000 en muchas partes”.
Con un producto así, explica el señor Echeverry, se puede empezar a promocionarla desde la misma vereda, porque otro aspecto que califica como triste, es que el campesino tome café de mala calidad y exporte el bueno. “Les enseño a que se reúnan con esta forma de sacar café y formen un punto de acopio. Cuando la gente se da cuenta que el café es bueno se vende solo”.

Él les enseña desde cómo beneficiarlo correctamente para que salga de buen sabor, almacenarlo bien y hasta cómo empacarlo. “El café tiene su aroma y su sabor desde la tierra, el proceso lo que hace es mantenerlo, por eso hay campeonatos de catación, para llevarlo a final término con la misma calidad. Todo se puede hacer artesanalmente”. Habló igualmente que el cambio no es de cultivo, sino de pensamiento y generacional.
“La historia del café, no es la que nos han contado, esa es una versión romántica. Los etíopes se lo vendían como medicina a los árabes”.
Cifra
80 tintos salen de una libra de café. Si se ponen a $4.000 son $320.000, ahí está la ganancia para el campesino.
Dato
En 2024, Jorge Echeverry compitió con el café de variedad Geisha de su finca y obtuvo el tercer lugar en taza con 86 puntos.



