Entre recuerdos e historia con Julián Chica

Entrevistar a un historiador – comunicador requiere tener mucho espacio para el audio de una conversación fascinante sobre lo divino y lo humano, contar así mismo con un espacio similar al momento de plasmar la difícil selección de todo lo conversado, porque para este invitado tocar un tema X implica que hay que hacerle entender al interlocutor, el contexto de todo lo demás.

Hay que empezar por conocer al ser humano detrás del personaje, ¿cuál es su segundo apellido? “Cardona, vamos a resultar primos, descendientes de José Solis de Cardona, virrey de la Nueva Granada”.

¿Cuál es su formación de base?

“Me inicié en la docencia por la orientación profesional que tuve en la Normal Nacional mixta de Pereira, ahí fue becario en quinto y sexto de bachillerato, hablo del inicio de la década del 70, porque obtuve uno de los puntajes más altos en las pruebas a nivel nacional. Después pasé a la UTP, estudié Español y Comunicación audiovisual, soy egresado no graduado, pero me dio las herramientas para crecer en el campo literario y de la investigación, en el tema de la historia al ser dos carreras en una”.

Esta es la primera entrega de una serie sobre el desconocido mundo Quimbaya.

¿Qué pasó, por qué no se graduó?

“En ese momento hubo conflictos, yo era docente y sindicalista estaba el Estatuto docente, se estaban dando las desapariciones en el Magisterio, la impunidad reinaba y en esas circunstancias terminé trabajando en el departamento de Caldas y allá pasó algo similar con el sindicato también, en esa época no había a quién presentarle una denuncia o solicitud de protección, eso no existía, entonces incursioné en el sector privado en diferentes escenarios”.

¿Por qué siempre el Magisterio resulta relacionado con el pensamiento de izquierda y no a la derecha?

“Lo que pasa es que cuando el docente empieza a profundizar en el conocimiento social y es testigo de excepción en el entorno donde se mueven las comunidades, porque no tiene más opción y lo nombran en el sector rural o en pequeñas poblaciones donde el gamonalismo y todas esas formas de poder imponen el silencio, pasa que al compartir una cátedra o una enseñanza los estudiantes son multiplicadores de lo que uno dice en el hogar y eso se convierte en un problema de discusión, lo que pasa con el docente y con el líder es que tiene que hablar con la verdad, con la frente en alto sin esconderse y de ahí surge la explicación a lo que sucedió con el magisterio en la década de los años 70”.

¿Ejerció la comunicación finalmente?

“En Filadelfia, Caldas, tuve un periódico que obtuvo licencia nacional del Ministerio de Gobierno, cuando no existía el Ministerio de Comunicaciones. El periódico llegaba a las colonias de filadelfeños que había en todo el país, fue creando opinión, me convertí en la persona visible que no traga entero. Al salir de Filadelfia el periódico terminó, pero digitalizamos esos documentos y los conservamos como prueba, porque no es de hablar paja, sino de mostrar”.

Todo se junta, la literatura, la historia…

“Una de las cosas que más me tocó a mí fue conocer los discursos de Jorge Elicer Gaitán, cuando hizo el debate de la masacre en las bananeras que de ahí salió el librito y noté que la historia era un camino para cumplir una función social y vi que compensaba la carencia de haber terminado una labor universitaria que para ese entonces creaba individuos sin un interés en las cosas que estuvieran por fuera de los muros de la universidad. Sin embargo, guardo una relación con personas muy destacadas de la docencia universitaria, con las maestrías de historia y literatura, personas muy queridas como Rigoberto Gil Montoya, Jhon Jaime Correa, Sebastián Martínez, en fin, un puñado de personas que ven que a la sociedad hay que analizarla y ponerla en los matices que corresponde”.

Una de sus más recientes obras, fue presentada en la Feria del libro 2024.

Hay un problema y es que las generaciones del presente no están interesadas en el pensamiento filosófico, ¿desaparecerá?

“No, creo que la sociedad hay que verla como a las capas de la cebolla, eso va a coexistir, como siempre ha coexistido, así como van a coexistir los libros en formato físico, estos pensadores son las personas que creen en esas posibilidades van a continuar y la juventud también. Conozco, no pocos, puñados de jóvenes que son apasionados por la historia, los he acompañado en la formulación de sus tesis de grado. Esas minorías son las que permiten que el conocimiento continúe vivo, aunque la gran mayoría está idiotizada por los dispositivos electrónicos y las redes sociales”.

Tocó el tema de las minorías, desde su perspectiva, ¿cómo ve el movimiento indígena en Colombia, tiene futuro?

“Los he acompañado como observador en el Consejo Regional Indígena del Cauca, aquí en Risaralda, en la Sierra nevada y he podido notar que en este momento hay un enamoramiento con los ancestros que sin ser genética pura, lo ven como la cuerda de la vida para darle un sentido y también dentro de ellos están los bribones que quieren aprovechar el momento político, las oportunidades políticas que les abrió la Constitución, no han faltado las personas ociosas que quieren capitalizar todos los beneficios que da el Estado. Si hay un afianzamiento que se podría decir es una minoría dentro de la minoría y se están tomando en serio la antropología, la conservación de la lengua y me parece que eso es lo que vale la pena rescatar de los pocos mayores, porque la oralitura que es ágrafa se va a poder convertir en algo literario. Aquí quiero rescatar y hacer muy visible el papel de Víctor Zuluaga Gómez, uno de los referentes más grandes de la historia en el occidente de Colombia, estamos en deuda”.

Para terminar. ¿Colombia es un país moderno?

“Precisamente, los colegas de Víctor Zuluaga empezaron a hacerle burlas, porque él había regresado a la premodernidad, como si en este país ya tuviéramos resuelto el enigma del ancestro. Somos rurales, dónde se ha visto que en un país desarrollado en la modernidad caiga una montaña y tape una buseta llena de pasajeros, que lo vemos como normal, o que una quebrada inunde y ponga a correr a todo el mundo”.

“La historia no miente, desde joven tuve esa pasión por comunicar, por decir cosas, pasar al papel lo que pensaba y encontraba”.

Cifra

22 libros tiene en su producción intelectual el profesor Chica.

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