La democracia saldrá fortalecida de la situación de crisis que estamos viviendo

Estudiosos y analistas de la actualidad nacional consideran que a pesar de la situación de conflicto que estamos viviendo es posible ver una luz al final del túnel y que la democracia colombiana saldrá fortalecida de esta difícil etapa. Andrés Carrero Delgado, profesor de la Universidad del Valle en los programas de Historia y de Trabajo Social y estudiante del doctorado en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Perú, analizó con EL DIARIO el momento actual por el cual está atravesando el país luego del paro nacional declarado desde el pasado 28 de abril.

 

¿Qué visión tiene de la situación de crisis que está pasando, hoy por hoy, en Colombia?

La palabra crisis podría leerse de dos formas. Se podría entender como el declive y el fin de un determinado orden o, en su defecto, podría leerse y entenderse como el nacimiento de un nuevo orden. Colombia hoy vive una crisis en una multiplicidad de variables que, en términos generales, son el camino para la construcción de nuevas formas de socialización y de enfrentar las demandas de la cotidianidad y del orden social. Eso quiere decir que si bien para algunas personas lo que hemos vivido significa el fin de la democracia, yo creo -por el contrario- que la democracia saldrá más fortalecida de esta transición. 80 años atrás esto ya hubiera sido una guerra civil.

 

¿Porqué en ciudades como Cali los hechos han sido mucho más violentos?

La situación más difícil en materia de orden público se ha vivido en Cali y eso responde a un problema estructural de la ciudad, la cual es el epicentro de la región del suroccidente que componen varios departamentos así que Cali no se puede entender como una ciudad sino como región. En los últimos tres años la ciudad venía viviendo una situación de desempleo y de crisis económica que no va haber política pública que sea capaz de enfrentar el fenómeno del empobrecimiento de la sociedad. Es además una región que el Estado ha convertido unicamente en un espacio de acción militar, no de intervención en materia de desarrollo económico, de alternativas de empleo para la población. Es claro que no hay un municipio capaz de resistir la presión demográfica demandando trabajo, con el agravante de que es población pobre que viene a la ciudad no a invertir en ella sino a buscar suerte. Y el Covid-19 lo que hizo fue acelerar esa crisis.

 

¿En este escenario hay situaciones que sobrepasan lo local o lo regional?

A nivel nacional el problema es de otro orden. Las cosas han escalado diferente en nuestras ciudades y en Cali se ha presentando un factor particular y exclusivo de esa ciudad, que no lo vemos ni siquiera en Bogotá que tiene 10 millones de habitantes. Pero es que en la capital del Valle las cifras son terribles: mientras Colombia tiene una tasa de desempleo del 15% en Cali está rondando el 30%. Y si miramos con lupa cuáles son las personas más afectadas y más vulnerables y que están condenadas a una situación de pobreza extrema, pues son los muchachos de 15 a 25 años. Era una bomba de tiempo.

¿Se podría pensar que en este contexto hay alguien “pescando en río revuelto”?

Es claro que hoy vivimos mejor que antes. Ningún pasado fue mejor y ese es un lema fundamental para mí. En otro momento, hace 80 años, estaríamos en guerra civil. No se nos olvide lo que pasó el 9 de abril de 1948, que terminó poniendonos en ese estado. Lo que podemos ver en este momento es que priman las estrategias de manifestación, las protestas son más de orden artístico e incluso desde el 2.019 -que fue el 21M- allí se vio una movilización pacífica, ingeniosa, que transforma esa ira en una obra de arte, pero eso no quiere decir que no sigamos viendo fenómenos atípicos de vandalismo, los cuales podemos ver de dos maneras: por un lado, hay gente que pesca en río revuelto y para ser honestos las cifras de criminalidad son cortantes, incluso el Día de la Madre es uno de los más violentos en el país. Las acciones violentas están allí presente y hay gente que aprovecha estas coyunturas para recurrir al saqueo.

 

¿Porqué, en buena parte de los casos, las marchas pacífica derivan en vandalismos?

Paola Vargas Arana, en El Espectador, hablaba del paravandalismo en las marchas, lo que es algo curioso porque se ha visto que durante una marcha ocurren situaciones atípicas. Las marchas son convocadas por organizaciones sindicales y sociales, gremios y colectivos sociales con pancartas y rutas que incluso son informadas a las autoridades, pero aparecen cinco o diez personas que destruyen la marcha porque inmediatamente hay una reacción de la Policía. Estas personas casi siempre terminan dañando los mismos objetivos: infraestructura pública o de transporte, sedes bancarias, pero ellos nunca lanzan arengas, solo aparecen de la nada y cuando acaba el enfrentamiento casi no hay capturados entre los que tienen las capuchas. La pregunta es: ¿si alguien se organiza para realizar una marcha pacífica habría algún interés en dañar esa marcha? Yo creo, sin descartar que -al igual que ocurre en el mundo- en nuestro país hay quienes piensan que la violencia es la mejor alternativa para reclamar derechos.

 

¿Cuál, en su concepto, ha sido el papel de los jóvenes?

En mi generación, cuando salíamos a marchar, no teníamos ni un cuarto de lo que hoy tienen los jóvenes. Hoy la gente se ha apropiado de sus derechos y de la Constitución y eso es un punto favorable, la gente es más consciente y más hábil para pensar la protesta. La mía era una generación que rayaba una pared, hoy los jóvenes hacen murales, eso es una transformación impresionante. Si hacemos un paralelo entre las protestas de mi generación (tengo 38 años), las cuales casi siempre estaban manchadas por la violencia y por el daño, pero las de las de hoy generaron un cambio dado que son políticamente racionales -a pesar de algunas prácticas de vandalismo- y mucho más consecuentes con las necesidades de ellos como personas, son mucho más claras las peticiones.- Curiosamente, en estas protestas el principal afectado han sido las instituciones, lo que me genera mucha preocupación, puesto que finalemente levantar la imagen pública a nivel interno e internacional nos va a costar mucho trabajo. Así que el gran triunfador de esto son los jóvenes, las demandas y la apropiación de la Constitución y la defensa de las mismas instituciones que fueron las más perjudicadas por la manera como se abordó desde los gobiernos -tanto nacional como locales- esta situación.

 

¿Ve usted luz al final del túnel?

Sin duda alguna. Y, como decía, me siento satisfecho porque hace 80 años hubiéramos estado ya en guerra civil. La luz al final del túnel es clara: yo comienzo a ver una desconfianza muy alta en el gobierno, lo cual es preocupante porque más allá de si es o no el gobierno son nuestras instituciones en las que la gente no confía y si eso ocurre habría que acabarlas y eso nos pondría en una situación crítica. Pero en medio de todo veo una luz al final del túnel, veo que -en términos generales- la gente comienza a darse cuenta de la importancia del voto, de saber pedir las cosas… Y hay que resaltar algunos asuntos: por ejemplo el trabajo que hizo la Comisión de Paz del Senado, la cual visitó los puntos de conflicto, como en el caso de Cali, para servir de mediador. También las organizaciones internacionales, lo cual me parece maravilloso que hubiese venido la ONU y delegados de distintos países visitando punto por punto y escuchando la gente, lo cual es un gran avance. Allí vamos a tener unos buenos resultados.

 

¿Cómo vislumbra la respuesta que desde el gobierno se va a dar a esta problemática social?

Me preocupa un poco la forma como el gobierno nacional le va a dar cumplimiento a  las exigencias y las demandas sociales. Ojalá no vaya a ser una promesa más, porque eso nos podría llevar a algo más crítico. Me parece clave la respuesta que de el gobierno, pero sí veo esa luz al final del túnel y creo que esa luz es el fortalecimiento de la democracia y de las instituciones vilependiadas por unas salidas en falso terribles. Como resultado de ésto, por ejemplo, se va a venir una reforma a la policía y resulta fundamental que ésta salga del Ministerio de Defensa y pase al Ministerio del Interior, lo cual podría tener un efecto muy bueno en la relación con los ciudadanos. Cómo es posible que haya marchantes pero no policía y el caso de Lucas Villa es ejemplo de lo que pasa cuando no hay policía. Su función es la de acompañar no la de reprimir y el ESMAD es solo para el momento en que las cosas se salen de control. Yo creo en la esperanza y quiero resaltar que los procesos de diálogo y de negociación no son de un día para otro y esto nos obligará a todos a entender que puede ser demorado.

Yo creo, sin descartar que -al igual que ocurre en el mundo- en nuestro país hay quienes piensan que la violencia es la mejor alternativa para reclamar derechos.

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