Por Pilar Salcedo Jiménez
El legado de don Francisco Jaramillo, fundador de La Virginia, sigue vivo en la memoria de su nieto, Juan Manuel, quien recuerda las anécdotas, logros y valores de un pionero que soñó con el desarrollo del occidente colombiano.
A sus 83 años, Juan Manuel Jaramillo es el último nieto sobreviviente de don Francisco Jaramillo, el ingeniero antioqueño que fundó el municipio de La Virginia y abrió el Valle de Risaralda al progreso. Desde su casa en Bogotá, repasa con orgullo la historia familiar que su padre dejó escrita en Relatos de Gil, y que él ha vivido de primera mano.
Cuéntenos acerca de ese personaje histórico que fue su abuelo…
Mi abuelo nació en Antioquia y estudió en la Escuela de Minas de Medellín, una institución muy importante porque la industria minera necesitaba técnicos para trabajar en las minas de Supía y Marmato. Esas minas habían sido entregadas a los ingleses como pago por los costos de la independencia.
Siendo muy joven, él fue a trabajar allí y logró hacer un convenio con los dueños de las minas: si encontraba vetas con mayor rendimiento económico, podría participar de las utilidades. Gracias a eso pudo comprar un predio al señor Tomás Gartner..
En esa época vio un aviso que decía que estaban rematando las rentas del Cauca, y pensó que podía ofrecer sus tierras como garantía. Viajó a Popayán, presentó su propuesta y le ganó en la subasta a Pepe Sierra. Así se quedó con las rentas de Cauca.
Durante sus viajes por el Valle de Risaralda, como ingeniero visualizó que las marismas y lagunas podían transformarse en una zona agrícola y ganadera. Luego compró terrenos a los descendientes de doña Joaquina Granados de Bueno, y con ello consolidó la propiedad sobre el valle y sus alrededores.
¿Cómo se ha conservado ese legado en su familia?
Juan Manuel Jaramillo: Es un gran honor descender de don Francisco Jaramillo. No solo fundó La Virginia y abrió el Valle de Risaralda, también impulsó obras extraordinarias como el ferrocarril que llegó hasta Manizales, fue gerente de esa línea, fundó bancos y empresas como Cementos del Valle, y participó en el desarrollo del ferrocarril de Ibagué hasta el río Magdalena.
Se fue a vivir a Manizales en 1902. Mi padre nació allí en 1904, de los primeros caldenses de nacimiento. Estamos muy orgullosos de ser descendientes de un verdadero pionero.
¿Qué anécdotas recuerda usted de su abuelo?
Lo conocí cuando era niño. Vivíamos en la misma casa en Manizales, una casa grande con varios apartamentos. Yo subía a visitarlo; era un hombre serio, pero muy cariñoso conmigo.
Tenía alrededor de cien piedras, como ingeniero, conocía de geología y sabía dónde podía haber oro. Me enseñó los nombres de todas esas piedras y, a los cinco años, yo podía recitarlas perfectamente. Cuando él murió, me dejó esas piedras como herencia.
¿A qué edad falleció y qué edad tenía usted?
Él murió a los 83 años, cuando yo tenía unos siete u ocho años. Vivía en Bogotá en ese momento. Fue un momento muy triste.
El departamento de Caldas, en reconocimiento a su labor, le erigió un busto que aún se encuentra en la plaza de La Virginia, frente a la iglesia. Esa plaza, que antes era el mercado, fue donada por él junto con los terrenos de la iglesia, la Alcaldía y otras zonas importantes del municipio.
La huella de un fundador

¿Cuál es el rastro más visible de don Francisco en La Virginia?
Además del busto, hay una placa que lo reconoce como fundador del municipio. La Virginia antes se llamaba Sopinga; allí solo había algunos ranchos en la desembocadura del río Risaralda con el Cauca.
Mi abuelo, que producía aguardiente junto con la familia Eder, necesitaba puntos de venta y compró terrenos en la zona. Así empezó su relación con La Virginia.
Luego el poblado creció rápidamente porque era un cruce de caminos. Además, él gestionó la concesión para construir una barca que cruzara el río Cauca, en el sitio donde hoy está el puente que lleva su nombre: el puente Francisco Jaramillo, en su honor.
¿Cree que don Pacho fue un adelantado a su época?
Juan Manuel Jaramillo: Sin duda. Fue un hombre visionario, un colombiano que nunca dejó de creer en su país, incluso durante la Guerra de los Mil Días. Trabajó sin detenerse.
Acabo de publicar una novela que recoge esa época: Cronograma de una guerra de mil días y mil noches. Allí cuento cómo participó mi abuelo en esa guerra, defendiendo a Papajón en la batalla de los Ejidos. El libro ya está en librerías.
Háblenos sobre usted…
Nací en Manizales. Estudié los primeros años allí y luego mi familia se trasladó a Bogotá. Fui alumno del Gimnasio Moderno, un colegio liberal y abierto para su época.
Después estudié en la Universidad de los Andes, y más adelante, urbanismo en la Universidad de Londres. Fundé mi oficina como arquitecto, que cerré hace un año, a mis 83 años. En los últimos tiempos me he dedicado a escribir novelas históricas; Cronograma de una guerra de mil días y mil noches es mi sexta obra.
El dato
El nieto del fundador de La Virginia, Juan Manuel Jaramillo, revive la vida de un visionario que transformó pantanos en tierras fértiles, impulsó el ferrocarril, fundó empresas emblemáticas y dejó una huella imborrable en la región. Ese fue Francisco Jaramillo, su abuelo.



