La venerable Inés Arango desde Laura de la Cruz

El Dicasterio para la Causa de los Santos, es la oficina encargada de recopilar la información que se ha testimoniado sobre la intervención del candidato a los altares. También hay casos como el de Inés, en el que el sacrificio en nombre del evangelio y una muerte martirizadora a ejemplo de Jesús, pone a esta religiosa y a un obispo muy próximos a tal dignidad.

Los Terciarios Capuchinos tienen el espíritu franciscano de amor y entrega por los más necesitados. Así era la venerable Inés Arango, por decir lo menos, cuentan que sentía un ‘loco amor’ por la misión, que su alegría estaba en llegar a las comunidades más apartadas y aunque como educadora se distinguía, según lo recuerda una de sus compañeras, la hermana Laura de la cruz, lo que siempre anheló fue irse a buscar a quienes menos conocían de Dios.

Recuerdos claros

La hermana Laura tiene 93 años de vida y una vitalidad que asombra al otro lado del teléfono. Ella cuenta lo sucedido como si hubiese pasado la semana pasada. El testimonio en vida y hermandad de una religiosa que asegura: “de los hombros para arriba estoy muy bien, pero de los hombros para abajo si tengo algunas dolencias”, y que al no olvidar ni el más mínimo detalle, devela el cariño fraterno por Nieves de Medellín, como era el nombre de religiosa de la hermana Inés.

Hermana Laura de la Cruz, terciaria capuchina.

Inés

A pesar de trabajar para la misma Congregación, la hermana Laura, conoció a la venerable Inés en la primera casa que fundaron en Ecuador. “La primera impresión que tuve cuando la conocí en julio de 1977, fue de extrovertida, porque era tanta la alegría que esta mujer manifestaba, que hablaba de todo. Por 20 años fue profesora aquí en Colombia, pero cuando le pidieron irse al Ecuador, para ella fue extraordinario, como que no lo entendía y era tanta la felicidad que nos contaba de su trabajo, sobre la gente, que los petroleros, sus vecinos, que los pobres, que los indígenas, hablaba y hablaba. Yo solamente la miraba, era algo tan desbordante que no alcanzaba a entender lo que pasaba”.

La selva

Entre tantos para ayudar, ¿quiénes eran sus favoritos? “Ellos trabajaban más que todo con el pueblo indígena, visitaban las casas que estaban en plena selva”. ¿Les expresó que sentía temor en algún momento? “Nada de eso, nunca, parecía que todo el mundo la quería, como era una persona tan amable, a ella no le importaba si estaban sucios, limpios, feos o bonitos, para ella todos eran iguales”.

Conflictos

¿Cuándo fue la última vez que la vio? “Fue el 19 de julio, ella había sido designada para ir al Comla en Bogotá y nosotras vivíamos en Rocafuerte, que es la segunda casa de nuestra congregación que queda en límites con el Perú, por el río Napo, hacia abajo. Ella era mi superiora y se fue al Comla, nos encontramos en Coca, en ese tiempo había problemas entre los Guarane y las petroleras, por el territorio, los indígenas se llevaban lo que encontraban en los campamentos y en algunas ocasiones había muertos”.

Los de la compañía, refiere la hermana, buscaron la mediación de monseñor Alejandro Labaka y se empezó un trabajo para que se respetaran, tanto así que los Guarane terminaron trabajando para la compañía. “Había otro grupo, los Tagaeri, que estaban al lado opuesto de donde nosotros vivíamos en Pastaza (Ecuador), ellos sí eran rebeldes y sanguinarios, también tenían conflictos con las petroleras que volvieron a pedir la intercesión de monseñor, pero allá nunca había ido nadie. Inés se estaba preparando para ir a visitarlos con monseñor, el 19 de julio nos encontramos en Coca y el saludo que me dio fue: ‘Laura, estoy feliz y dichosa, no te imaginas, me voy para donde los Tagaeri’. Eso me dio impresión, porque sabíamos que era gente muy agresiva, le dije ¿no te da miedo? y contestó: ‘si me diera miedo no iba’”.

Ese domingo, prepararon el viaje, “fuimos al almacén de don Milton Cabrera, que le dijo: ‘hermana Inés, ¿no te da miedo ir donde los Tagaeri?’, y ella le respondió que eran mejores que nosotros, ‘los malos somos nosotros’”. Después fueron donde Betty Pauker, al despedirse Inés le dijo adiós y ella respondió: ‘hay hermanita que no te vaya a pasar nada’, Inés volvió a decir que eran buenos. “Llegamos a la casa como a las 6 de la tarde, a la misa y después a hacer una maletica con algodón, esparadrapo, una botellita de alcohol, yo la miraba, le dije ¿de verdad, no te da miedo? Me dijo: ‘Laura, te juro, estoy feliz y si muero, muero como lo deseo y como le he pedido a Dios’”.

“El lunes a las 5 de la mañana llegó monseñor, yo viajaba a Quito y ella a la Selva, le dijo a monseñor, ‘me quiero confesar’. La llevé hasta la puerta del carro, le dijimos ya te llamaremos. Ese día el avión no pudo aterrizar, pero el martes 21 lograron llegar y los mataron”.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -