En la Casa de la Cultura del barrio Alfonso López, se desarrolla un proyecto que reivindica el papel de las mujeres en su mayoría cuidadoras a través del arte, una propuesta de formación y creación colectiva que une distintas generaciones en torno al tejido, el collage, la fotografía y la memoria.
La unión crea resultados
¿Cómo surge esta exposición? “Esto es una exposición que surge en el marco de un proceso agenciado por dos organizaciones, la Corporación Hécate y el Museo Intangible del Confinamiento, que trabaja acá en la Casa de Cultura de Alfonso López. Este espacio lo fundamos hace aproximadamente tres años y desde entonces hemos mantenido una línea de trabajo en torno a la cultura, la economía del cuidado”, comentó Juan Diego Márquez, director del Museo.
¿Con qué comunidades trabajan? “Principalmente con mujeres adultas mayores de contextos barriales, hemos trabajado en la Comuna 6, barrio 12 de Octubre de Medellín, en la Comuna Oriente de Pereira, en lugares como El Remanso. Estos procesos han estado ligados a la fundación y sostenimiento de esta casa”. ¿Y cuál ha sido el papel de la Corporación Hécate? “Es una organización que trabaja temas de género, surge de un grupo de chicas que participaron en el Encuentro de Mujeres de Risaralda y que desde hace unos siete u ocho años generan procesos de encuentro entre mujeres en Pereira y en todo el departamento”.
El proyecto Las Doñas surge de esa alianza y de la necesidad de enfocar los esfuerzos en esta casa, de generar un proceso de apropiación social con la población objetivo, un proceso formativo de tres a cuatro meses, con talleres de collage, fotobordado, fotografía, cartelismo, happening y, finalmente, creación colectiva. De esos talleres nace esta exposición.
Otros aspectos
¿Qué significa Economía del cuidado? “Es una teoría que busca visibilizar y reconocer las labores de las cuidadoras, históricamente invisibilizadas, plantea que el cuidado sostiene a la sociedad, si las labores del cuidador fueran remuneradas, representarían una parte significativa del capital. Se habla de cuatro bases: remuneración, reconocimiento, revalorización y redistribución”.
¿Y el happening, qué es? “El happening es el arte del suceso, un acontecimiento en tiempo y espacio determinado. Hicimos una acción colectiva en la que compartimos alimentos, cada grupo elaboró una receta vinculada a su memoria. Luego se construyó una gran cena, la idea era convertir la cocina, históricamente relegada al ámbito doméstico, en un acto público, político y comunitario. Lo mismo ocurrió con el tejido, que también se transformó en una expresión colectiva”. ¿Cuántas mujeres participaron? “En total participaron entre 15 y 17 mujeres. En la exposición final hay obras de cuatro, cinco y hasta seis integrantes por grupo, dependiendo del taller”.

Doña Gloria
La señora Gloria Marín participó en todas las partes del proyecto desde junio. ¿Cómo llegó a participar? “No sé cómo caí aquí (ríe), vine a una reunión y nos enseñaron a hacer carteles de collage, sobre una palabra recortábamos figuras de revistas, periódicos y libros. Por ejemplo, ‘creación’, ‘libertad’. Así empezó todo”.
¿Usted también ha sido cuidadora? “Sí, he cuidado enfermos: a una tía, a un primo y a una prima. Ellos estaban en clínicas y me tocaba cuidarlos de día y de noche. Algunos me remuneraron algo, pero fue más por amor y compromiso familiar”.
¿Qué le deja esta experiencia? “Una iniciativa muy buena, aprendimos muchas cosas: fotobordado, tejido, collage, cada una buscó su técnica. Lo bonito fue el trabajo en grupo, la unión, el intercambio de ideas, cada obra representa convivencia, apoyo, comunicación y amistad. ¿Y qué simboliza el tejido colectivo? “Redes de apoyo, conexión, unión familiar y comunitaria. Se convirtió en una metáfora del cuidado y del encuentro entre mujeres”.
“Muy buena la iniciativa que este grupo de muchachos y muchachas para vincularnos a todas las mujeres de hogar de aquí del barrio. Algunas sacaban tiempo del lugar de trabajo, otras de su casa. Pero todas, a medida que íbamos viendo el avance de lo que era el proyecto, se fueron vinculando más”.
A través de la confección de dos tapetes bordados con tiras de retazos sobre costales y enmarcados en croché, el grupo encontró una manera de vincular a mujeres de hogar y trabajadoras, demostrando que la cordialidad, la paz y la unión pueden tejerse incluso entre quienes no se conocían.




