La visita a la ciudad del docente, historiador, antropólogo, curador de museos y ahora convertido en geógrafo, Germán Ferro Medina, para encontrarse con el público pereirano en los Coloquios de Historia del Centro Cultural del Banco de la República, dejó en los asistentes una idea suma que más de uno tendrá como tarea llevar a su organización o colectivo.
Ferro fue director del Museo Panóptico de Ibagué y ahora lidera el Museo del Río Magdalena, es uno de los investigadores y mayores expertos en temas de museos en Colombia, su charla se denominó ‘Los museos, necesidad y urgencia para pensarnos como región e imaginar futuro’, y qué certeza hay en las últimas palabras.
El encuentro fue crítico con el presente y la invitación a conocer el resto de Risaralda, “despereirar”, fue el término utilizado y no porque haya algo en contra de la ciudad, sino porque la historia y los museos deben ir más allá de telarañas y cosas recién envejecidas, como las planchas de carbón, por las que siente especial disgusto.
“Es una gran responsabilidad compartir a la luz de la experiencia que he ido acumulando, hablar del rol de los museos en la vida de Colombia, en la vida regional y en la vida local. Los voy a invitar a trabajar en una idea, porque un museo se piensa antes de hacerlo y a desaprender los vicios que tenemos los académicos”.
Panóptico y río
El Museo Panóptico de Ibagué, que en realidad es de todo el Tolima, se construyó en las ruinas de una cárcel de la guerra civil y precisamente, Ferro invitó a su audiencia a fugarse de las aulas formales por el confort que aburguesa y aquieta a los profesores, para transformar la educación en nuevos escenarios de pedagogía más vitales y dinámicos. Es así como el presidio en forma de cruz se traslapó en el departamento del Tolima con sus 47 municipios divididos en cuatro grandes regiones, en donde cada celda es un pueblo con lo más representativo del devenir humano.
El Museo del río Magdalena, construido en una bodega de la Colonia y ubicado en Honda, muestra cómo se puede conocer a gran parte de Colombia a través de los 11 departamentos que recorre desde el páramo de Las Papas, hasta Bocas de Ceniza. Y es con base en esa intervención que se animó a proponerles a los asistentes, un museo del río Cauca, con sede en La Virginia.
“Espacios espejo para mirarnos muy distinto, porque los museos de lo típico han hecho mucho daño. La regionalidad es lo que considero necesario para este país, pero dejando el discurso oficial que le sirve a los grupos de poder para tener a la gente distraída. No nos ocupemos por la idea identitaria de tesis y discursos de los políticos, hay que apuntarle a la complejidad del caminar cultural y económico más allá de si somos así o somos asá”.
Risaralda
El docente explicó que en un ejercicio que acostumbra, dibujó el mapa de Risaralda, entendió como el Cauca lo divide en su parte más estrecha y preguntó por quiénes habitan a un lado y al otro, hacia el oriente está el desarrollo que ofrece la capital, pero al occidente se encuentran vastos territorios de municipios de los que poco se habla.
“Los museos son lugares que generan preguntas y que permiten mirar a los otros, pensar sobre el acumulado de las experiencias y de la relación con el espacio que realmente es el patrimonio, más allá de un baile típico y de eventos”. Lo motivó venir, la idea de pensar a Risaralda como región y definió a La Virginia, como territorio de capas, superposición histórica de asentamientos periódicos que han hecho que desaparezca parte de la historia.
“Somos como un bosque, en cada elemento hay una historicidad. Somos más geografía que historia en la espacialidad, desde las dos cordilleras abrazando el Cauca, ahí hay muchas historias, no es una sola historia, larguísimos años nos hemos ocupado de la discusión del nacimiento de Pereira, exploremos la otra literatura con pasión y rigor para no repetir lo mismo”.



