Wilmar Ospina Mondragón, la volvió a hacer y su usted ha seguido su obra, leyó Cartografía del mal y le pareció tenaz, entonces como se dice por ahí, téngase o agárrese duro. Este autor, como buen artista es un transgresor social, observa la ciudad que se quiere ocultar con distracciones, sobre todo la ciudad de la noche, la considera un animal que está muy vivo.
Wilmar, estamos ad portas de otra obra, esta promete poner a pensar mucho más al lector, lo incita a ‘leer bien’. “Me gusta poner un escenario central llamado Pereira, pero la historia tiene que universalizarse, como la misma literatura. Se viene para la Feria del Libro en octubre, una novela urbana, bien interesante, una novela transgresora desde el título hasta el punto final y les voy a adelantar que tal vez antes de la Feria esté lista, porque está en edición”.
¿Por qué Putópolis? “El personaje principal es un hombre, un personaje fragmentado y que fragmenta. Si lo miramos desde Bauman y la modernidad líquida, está roto por todas partes. Pongo a la ciudad a que movilice esa fragmentación del ser humano y este personaje, que es real y me dio sus entrevistas, en la novela es abordado desde su niñez, hasta la vida adulta y ahí se va descubriendo por qué es un sujeto fragmentado. Es más, nuestra generación (entre 40 y 50 años), crecimos en una sociedad fragmentada, en una necesidad líquida, es decir una especie de ser humano antiestablecimiento, por el hambre, la ausencia de una estabilidad económica, un trabajo informal más dado a la explotación, la corrupción institucional, entonces es un personaje que al crecer con todas esas ausencias, solo le queda una cosa, el placer”.
Narrativa
Wilmar Ospina Mondragón comentó que el concepto trabajado en la narrativa de esta novela, que va desde el principio hasta el final, es algo que en Latinoamérica lo trabajaron varios autores, Rubem Fonseca, Servín en México. “El hiperrealismo sucio, también se reconoce como realismo decadente o delirante y ya con ese concepto uno dice: bueno qué teoría hay tras la novela, representar esa otra cara de la novela Latinoamericana que estamos acostumbrados a vivir, pero que nadie se atreve a hablar de ella (los placeres soterrados, el inconsciente, el rincón, eso que nos moviliza a veces a cruzar los límites)”.
¿Por qué si todos los días la vivimos de una u otra manera, nos negamos a aceptarlo y tratamos de consumir otras cosas que desdibujan esa realidad? “De hecho esta novela no es fácil de leer, el que lo vaya a hacer necesita ‘diente o colmillo’, lo necesita porque es una novela que no tiene un final feliz, no tiene personajes bonitos, ni forma de ver la vida agradable o idealizada a la manera de Platón, no, es una vida más bien caótica. Es como poner un holograma al que le quitan la piel, atención, un holograma, no un hombre. Esta lectura amerita profundizarla, porque el protagonista ve eso que nosotros ocultamos y voy a poner un ejemplo muy fácil, si nosotros hablamos del hambre con el estómago lleno es normal, pero él habla del hambre teniendo hambre y le queda más fácil ver esas cosas”.
Kumbala
El personaje principal no nació en ‘cuna de oro’, se fue haciendo desde el barrio popular hasta convertirse en servidor público o funcionario. De otro lado hay personajes secundarios que el autor conoce muy bien y son algunos ‘parceros’, con mucha o poca participación. “Crecimos en Kumbala bar, de hecho esa fue la ‘teta’ que nos crió a la manera de los romanos, fue la loba. Están contentos de aparecer, porque crecimos en ese mundo fragmentado, donde esas necesidades que yo también viví, me llevaron a ser un antiestablecimiento, por eso me puse también en la novela. Los amigos de Kumbala, no son locos degenerados, cada uno de ellos es un profesional que fue a la universidad, metidos en toda esa depresión y el único escape fue la noche”.
Constancia
Una novela como estas no aparece de la noche a la mañana, ¿cuánto se tardó? “Sin mentirle es el trabajo de unos cuatro años, porque hubo que hacer grabaciones y entrevistas que hay que escuchar una y otra vez, organizar, corregir, remediar, esta información sobra, esta es pertinente, volver a entrevistarse con el personaje. Es un trabajo de campo, muy duro de hacer”.
En Putópolis, Pereira no tiene río, sino mar, lo que el autor denomina una razón determinante. “Si miramos el concepto de mar antes de 1950, se tiene como un lugar terrorífico, pero de la década de los años 80 para acá, se volvió de vacaciones y si el personaje es nocturno, qué más que ponerle un mar para que lo viva”.
La editorial Klepsidra hace posible que los pereiranos se lean en diferentes escenarios.



