Un ‘alboroto’ risaraldense enamoró a Oceanía

El que nació para algo, ‘ni aunque se quite’ dicen por ahí, otros lo llaman destino manifiesto. Esta es una historia con color, alegría, sonrisas y tono de voz alto, algo así como una algarabía que sale desde la esencia de La Virginia, por ser un pedacito de este municipio al otro lado del mundo, fue que en las recientes fiestas ‘Sol, río y arena’, la Alcaldía le entregó el reconocimiento como Mujer virginiana, distinción que agradeció en nombre de ‘todas’.

Érase una vez una niñita que vivía muy tranquila en el ‘Puerto dulce’ sobre el Cauca, hija de una costurera y un papá que la consentía y por eso mismo la hacía leer, claro, sin quitarle el espacio para pintar. Aquí está esta historia de fe en uno mismo hecha en microrrelatos o mejor en retazos de vida.

El huevo o la gallina

Natalia Díaz Muñoz, (pocos la conocen por este nombre) cataliza en un proyecto el ser y el hacer, ¿qué fue primero, la pintura o el arte de transformar textiles y prendas de vestir? “Empecé cuando tenía cinco años, pintaba atardeceres con sombras negras que significaban las aves, porque no sabía dibujar, solo veía el color que tenía el pueblo y eso me entusiasmaba, mi papá me compraba las pinturas y mi creatividad llegaba mucho más allá, lo que pintaba lo ponía en las ventanas de la casa, como si fuera una galería, lo vecinos pasaban y decían: ¿qué es eso? Les respondía: yo los pinté y me decían ¿cuánto vale? y yo les contestaba ¿es que se cobra? Era un gusto terrible, entonces mi primer vuelco fue la pintura”.

Mientras ella exploraba con los colores del atardecer, su mamá cosía y cosía, ella se le hacía al lado y mientras se preguntaba cómo mezclar un color en otro para tener más colores, se preguntaba cómo hacían para que los trozos de tela adquirieran una forma.

Natalia lleva la algarabía propia de La Virginia a otro nivel. Entre los productos amigables con el planeta, Algarabía utiliza la fibra de piña.

‘No quiero ir a Oceanía’

El imaginario para alguien de provincia por lo general es la capital del departamento donde nace, luego la capital del país y de pronto España, la sede de Pereira en Europa, por así decirlo, ¿pero Australia? Está muy lejos de La Virginia y de cualquier parte del mundo. (Sonríe) “Yo no tenía ni idea, ¡Australia en mi vida! Mi papá me ponía a leer cultura general, me decía: eres una princesa pero tienes que tener cerebro (vuelve a reír) y cuando me ponía un mapamundi o algo similar, yo le preguntaba ¿esto qué es? Y él contestaba: es Oceanía, entonces le decía yo no quiero ir allá y resulté en el lugar favorito de mi papá y donde yo no quería ni conocer”.

La historia de cómo el destino la llevó hasta allá es todavía más increíble y para eso hay que remontarse a los tiempos del Messenger (uuuf), cuando alguien le escribió que la quería conocer, pero ella pasaba por una tusa en la que solo quería trabajar y no saber nada del sexo opuesto. Resulta que unos amigos la grabaron saltando la cuerda, como una niña, con eso el señor de donde ella no quería ir, se enamoró y hoy es su esposo.

La vida fuera de Colombia

Natalia tenía una vida planificada aquí, ya trabajaba en empresas de ropa, pero el amor la hizo partir. “Lo primero que me dijeron cuando llegué fue: olvídate de lo que eres, acá todos empezamos limpiando y sí eso hice en un principio, pero me repetía yo puedo, yo puedo y me conseguí dos máquinas de coser de segunda, a las que les sonaba hasta la pintura, pero las tenía, también compré cinco pinturas, dos pinceles y una chaqueta de segunda mano, porque aquí todo es muy caro, la pinté, le tomé fotos y a la gente empezó a gustarle. Aquí nadie hacía eso”.

A pesar de las barreras idiomáticas, ella opina que las verdaderas barreras son mentales y está en cada uno querer saltarlas o no. La clave está en enfocarse en lo que se quiere, eso le permitió seguir en lo que hacía aquí, lo que su corazón y pasión le gritaban.

Aquí ya están juntas las dos obras de arte.

Los artistas siempre rompen paradigmas

¿Cómo hace para salir de lo convencional sin que resulte estrafalario como se ve en las pasarelas de Europa? “En las pasarelas lo que los diseñadores muestran es su alta creatividad, rara vez eso es para usar. Es mostrar lo que se puede hacer ‘más allá’, mi propuesta es contar historias, somos cuentacuentos, más que moda y arte ofrecemos identidad, invitamos a abrazar un estilo de manera auténtica. Es una extensión de la individualidad del alma. Las historias se transforman en moda fusionadas con arte, una prenda que solo tú sabes qué significa y si te preguntan dices que no solo es una prenda”.

¿Qué sigue en este cuento para 2025?

“Buena pregunta esa. Pero antes de eso quiero decir que este año me sentí muuuuy bendecida por mi talento, porque tuve a mi mamá aquí por tres meses, lo que es una recarga para seguir. Estuve en una semana de la moda australiana, me invitaron como crítica a varias pasarelas para analizar los nuevos talentos y ayer que estaba haciendo mi calendario, mi mamá que es cofundadora de ‘Algarabía designer’, va a mostrar en Colombia diseños de vestidos de baño en biomateriales con lycra y poliéster reciclado que no dañe el ambiente”.

Y este cuento se ha acabado… un mensaje para las niñas de La Virginia

“Me hiciste devolver a la Escuela general Santander. Recuerden la importancia de seguir sus sueños, el camino hacia el éxito y la realización personal está lleno de desafíos, pero cada paso las fortalecerá y las acercará a las personas valiosas que están destinadas a ser”.

La historia de un ‘Hubbub’

En la medida en que se iba dando a conocer en la Universidad, los compañeros de Mercadeo empezaron a llamarla ‘Algarabía’, por lo expresivo de su personalidad. “Siempre hablaba gritando, me reía duro, me decían: siempre estás saludando o bailando, haces mucha bulla, pareces una algarabía, eso me gustó y lo adopté. Lo recuerdo como si fuera ayer y me llena de una gran nostalgia, en serio”. En Australia quiso explicar qué era una algarabía y lo más cercano que encontró fue alboroto, lo que ellos denominan hubbub, en un inglés muy británico, por supuesto. Allá la llaman al-ga-ra-bia, sin tilde y como aprendiendo a leer.

“Llevaba tres meses aquí cuando hice mi primera obra, no sabía inglés, pero dije soy artista. Era la primera vez que presentaba algo tan mal y a ellos les encantó”.

Dato

‘Algarabía’ estudió en el Areandina y se graduó como diseñadora en 2007, pero su marca para ese entonces ya daba de qué hablar.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -