Un entusiasta en sembrar conciencia

Iniciativas, campañas y organizaciones que se preocupan por el planeta hay muchas, pero el trabajo de Camilo Barón, se siente real, cotidiano y logra preocupar a su interlocutor con la realidad de la naturaleza.

Camilo no se presenta como un activista de escritorio. Lo suyo es la tierra, el papel reciclado, las semillas, la voz de la naturaleza y por estos días, del mar. La acción que germina desde lo más sencillo como una tarjeta, una concha, un juguete que enseña a sembrar. Es un ambientalista por convicción que lleva más de 13 años apostando por un modelo donde la sostenibilidad no se limita a un discurso bonito, sino a la generación de empleo, a la educación ambiental y a la transformación personal.

Camilo y Gahia

Gahia significa dios de la tierra. Todo comenzó con una conexión sencilla con la naturaleza. “Fue más bien la evidencia cruda de una necesidad: las comunidades necesitaban oportunidades y la naturaleza, silenciosa, ofrecía herramientas para responder. Así nació Gahia, como un acto de equilibrio entre lo ecológico y lo económico, entre lo urgente y lo posible. Un emprendimiento con raíz y con causa”.

Entre los proyectos más significativos se encuentra el papel germinable, tarjetas hechas con residuos orgánicos, como son los pétalos de rosa de la galería Alameda de Cali, donde todo comenzó antes de la Pandemia. “Estas tarjetas podían sembrarse y daban vida literalmente. Más que un producto, era un concepto transformador: las mujeres cabeza de hogar encontraban trabajo digno y el consumidor recibía un mensaje de cambio. Sin embargo, como tantas iniciativas que buscan conciliar economía y propósito. Las empresas no entendieron la visión y la Pandemia acabó de enterrar temporalmente el proyecto, pero no el espíritu”.

Iniciativas

Después del Covid 19, y desde Pereira, Gahia resurge con más estructura y objetivos más claros. “Hoy los esfuerzos están puestos en las figuras educativas, como el ‘Señor Costal Fluffy’, un biogerminador que le enseña a los niños a través de tierra y semillas reales, que sembrar no es una metáfora, sino una acción”. ¿Como cuando llevábamos el frijolito al colegio? “Exacto, solo que ahora el muñeco tiene redes sociales, enseña sobre la naturaleza y conecta generaciones”.

Las tarjetas germinables ahora son fabricadas por madres cabeza de hogar, personas con síndrome de Down y otras capacidades diversas. Productos útiles, con valor comercial, pero fabricados desde el cuidado y la inclusión. Un modelo que puede replicarse en cualquier casa, con un cuidador, con pocas herramientas, con muchas ganas.

El grito

Ahora Camilo lanza una campaña que es ‘El Grito’. Una acción de conciencia ambiental que busca devolver al mar lo que nunca se le debió sacar, las conchas marinas. ¿Por qué no lo sabíamos? “Esas conchas que llevamos como recuerdo son clave para la salud del océano. Eliminan dióxido de carbono, aportan calcio, forman parte del ciclo que mantiene vivo el ecosistema marino. En 2023, solo en Costa Rica, se decomisaron seis toneladas de conchas en aeropuertos. ¿Cuántas más se fueron sin control? ¿Cuántas guardamos nosotros, inocentemente?”.

La campaña empieza el 18 de agosto en Pereira, con puntos de acopio en centros comerciales como Arboleda, Victoria y Pereira Plaza. Semana a semana, durante un mes. “Se recogerán conchas que luego serán devueltas al mar por la Armada Nacional y la Comisión Colombiana de Océanos. No se trata solo de recuperar lo que ya se extrajo, sino de enviar un mensaje: no más saqueo disfrazado de turismo. El mar no es una boutique de souvenirs. Es nuestro sustento, provee oxígeno, agua, alimento y lo estamos debilitando, el mensaje es no volver a hacerlo”.

Ojo

El éxito de todo radica en separar en la fuente, “muchos acumulan y clasifican residuos en casa, pero termina en una frustración si no hay un sistema de recolección eficiente, porque el transporte cuesta y los recuperadores no dan abasto, porque el reciclaje, en este país, aún no es prioridad, porque sabemos que hay que cuidar el planeta, pero no hemos hecho el puente entre el saber y el hacer”.

Camilo comenta también que tenemos dos realidades preocupantes: “los gallinazos reemplazan a los perros en las basuras, no porque sí, porque hay carne descomponiéndose, muy delicado porque esas bacterias viajan por el aire”.

“En un llamado urgente diría que no cerremos el excremento canino en bolsas de plástico, así se crea un ecosistema con unas bacterias poderosas y que no sabemos cómo combatir”.

Camilo Barón llama a las cosas por su nombre, aterriza esa idea de la ecología de la que todos creemos tener idea, pero no es así del todo.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -