Angel Gómez Giraldo
Ana Francisca Henao fue una matrona de mantilla española que vivió feliz en el apacible sector de La América de Medellín que tiene sol caliente para que el entusiasmo paisa no desaparezca.
Entre otras cosas buenas, el sitio de la capital antioqueña contaba con “doña francisca”, así la llamaban para mostrarle cariño y confianza.
Para hablar con la verdad este sector de la capital de la montaña no tenía una sino dos dichas porque la señora Henao era otra lira que la hizo lírica en su trato con las demás personas.
Con sus manos de gran dama pulsaba las cuerdas trensadas de este antiguo instrumento que sedujo a Nerón.
El amor
Todo esto me lo contó aquí su hijo Alfonso Vélez Henao, añadiendo que fue precisamente la lira el instrumento que lo hizo enamorar de la música y al mismo tiempo le diseñó un buen corazón para que fuera mejor ser humano.
“Estoy convencido que sin la lira de mi madre no hubiera crecido con la alegría que distingue mi modo de ser”, le dice a sus amigos de Pereira porque una vez que conoció la ciudad vino a vivir aquí.
Y créanme que la Perla del Otún se convirtió en el amor que hoy en día lo trasnocha.
Alonso es ya un hombre conquistador de su propia vida. Su figura enseña los rasgos etnográficos de la raza antioqueña.
Su estatura es la necesaria para no pasar desapercibido ante nadie. Voluminoso sin excesos, ojos pequeños pero movibles.
Cuando se deja crecer el bozo a manera de línea fina de color negro, lo hace ver nazi. Cuando le da por el sombrero, el poncho y el carriel, la antioqueñidad saca la cara por él.
Cuando habla muestra todo el humor de su pueblo. Además con un espíritu de comerciante que vende hasta lo que no tiene. Canta porque vive entre cantantes e intérpretes de la música popular.
Varón que se niega apostatar, una noche que la lira dormía, abandonó la casa de su mamá para dejar a Medellín.

Alfonso Vélez Henao, el antioqueño que conoció a la trasnochadora y morena Pereira y quedó “flechado”.
Un andariego
Sí, salió cantando tango hasta que se metió por los caminos del Viejo Caldas y al encontrarse con Pereira quedó “flechado”, tanto que “se la bailó en el Páramo, bar que hace pocos años desapareció borracho de despecho y de bambuco.
-¿Qué le Gustó de Pereira?
-Me gustó su geografía de montañas y colores. También el paisaje humano que con sus bellas mujeres eriza y erotiza a los hombres.
-y, ¿se quedó en la morena y trasnochadora?
-Le explico, yo hice lo del hombre forastero que conoce una mujer y le gusta, la “palabrié” y volví a Medellín.
Después en el año 200 me di cuenta que no la podía olvidar y regresé a la capital de Risaralda ya que me estaba quitando el sueño”.
Así fue, le hizo una segunda visita para quedarse promocionando sus atractivos.
Para cantarle, llamó a los músicos populares y la halagó con serenatas en las Fiestas de la Cosecha.
Algo más, le mostró que su corazón es asimismo de ciudadano cívico, y en la primera administración del Gobernador Víctor Manuel Tamayo, lideró una campaña de aseo en Pereira denominada, “Pereira limpia con amor”.
Cuando sus hijos Anabel y Luis Guillermo, eran unos angelitos, creó con ellos un grupo infantil de villancicos con el nombre de Los niños cantores del sol naciente.
-¿Cuál es la mejor compañía para usted?
-La mejor compañía para mí es la de otro ser humano.
De verdad que este antioqueño pereirano vive bien acompañado, con los músicos populares, a los que promueve y representa para que no cuelguen los instrumentos, les da la mano para que psen el río de las dificultades de esta pandemia.
Lírico
Otra cosa, el corazón de Alfonso Vélez también es lírico, y me recordó que el 27 del pasado mes de noviembre, la Iglesia celebró la fiesta de Santa Cecilia, patrona del sutil arte de la música, según estampita que distribuyó por las redes sociales el Padre Pacho del Grupo Semilla.
Esta circunstancia me hizo auscultar el sentimiento que tienen algunas personas de Vélez Henao, y vean lo que expresaron:
“Es una buena persona, tanto, que sabe entregar lo que tiene a los demás a cambio de nada”.Este, concepto sincero de la cantante Katherín, la voz sentimental de la canción.
“Alfonso Vélez es de buenos pantalones para todo, para la música, para el civismo, y es un hombre muy humano”, lo destaca así Bernabé Bolaños, El Norteño.
“Ser humano maravilloso, de buen humor, y amigo incondicional”, subraya el médico Orlando Narváez.
Otros cuando lo escuchan y lo ven cantando gritan para que él lo sepa: “Sí se llama Carlos Gardel”.
Se dice de Alfonso Vélez Henao que sabe darle la mano a los cantantes populares de la ciudad de Pereira.



