“Bebé” tan anunciado que no llega

Ángel Gómez
Pereira, la ciudad elogiada con los versos del poeta Luis Carlos González, el cual aún parece habitar la casa familiar que conserva su sencilla arquitectura de bahareque y teja de barro, impronta de la colonización antioqueña y que permanece como una joya de la ciudad, recostada a la llamativa edificación del Cabildo Municipal.
De los tiempos en que la perla del otún se consideraba una ciudad cálida con una temperatura media de 21 grados centígrados y a mil 397 metros sobre el nivel del mar con bastante humedad y fuertes oscilaciones debido a la influencia de los nevados cercanos, Santa Isabel, Ruiz y Quindío, asimismo por hallarse frente a una de las mayores depresiones de la Cordillera Occidental que da paso libre a los vientos huracanados del Pacífico decía la monografía inicial.
Tan cálida Pereira, que el clima era recomendado por los médicos de otras poblaciones de mayor altura en el país a pacientes con cardiopatías o artrítis.
Pero en las últimas décadas se cambiaron los términos y en vez de invierno y verano se empezó a hablar del Fenómeno del Niño y de la Niña como si llegaran con deformaciones físicas y retardos mentales. Además nos pusieron los tiempos difíciles con inviernos intensos y fuertes sequías.
A propósito, quién lo creyera, como decía mi amigo Sebastián, que uno de los hijos más ilustres de la trasnochadora y morena, el ex presidente César Gaviria, ejerciendo como Primer Magistrado le tocó vivir y sufrir la crísis energética del año 1992 provocada por el Fenómeno del Niño. Este fenómeno climático provocó sequías y la “hora Gaviria” que comenzaó a las 12:00 a. m. del día 2 de mayo de 1992.
Fue así como llegamos a donde nunca habíamos llegado en el clima, pues nos acostumbramos a ponerle pañal a la niña y aplicarle suero pediátrico al niño para que no se deshidratara con tan altas temperaturas.

Lluvias

Antes de la pandemia llovía y llovía en Pereira como la canción, y se nos olvidó que Pereira había sido una ciudad cálida, aunque aquí todo día trae su aguacero.
Al iniciarse el año 2023 la población respirando más tranquila por la despedida del coronavirus, los metereológos y climatólogos nos trajeron otro susto anunciando el regreso del Fenómeno del Niño para secar ríos y fuentes de agua . Y la población urbana a sufrir otra vez pensando en que vendría con él racionamiento de agua y energía.
Sin embargo y a pesar de los anuncios, el niño parecía no dar muestras de vida, indiferente con la Niña, su contraparte. La Niña sin control seguía lanzándonos agua produciendo inundaciones y deslizamientos, verdaderas tragedias humanas.

Disminuyen

Cuando ya pensábamos que teniamos que permanecer miados por la niña en forma definitiva, empezaron a menguar las lluvias aquí en la capital de Risaralda y los días vinieron soleados, aunque matizados por lluvias de poca duración, que muchos consideraban como solo “espantabobos”.
Este fenómeno nos puso a pensar y razonar en el sentido de que los observadores del clima no estaban equivocados en sus pronósticos sobre el clima, y que el Niño no estaba lejos.

Vendaval

El día miércoles 19 de julio, vísperas del Día de la Independencia, los habitantes de la querida Pereira amanecimos descobijados y fritos cual chicharrón dietético.
Efectivamente, el día empezó tan caluroso que al desayuno dejamos los huevos, la arepa o el pan para solo beber el jugo. A la calle las mujeres salieron vestidas como para asar carne pues iban de pechos como mango pelado y pantaloncitos tan cortos y estrechos por delante como por detrás.
A las piscinas, fuentes, ríos y quebradas fueron los cuerpos más jóvenes, y “patos al agua”.
El miércoles de la manera más espontánea, empezó a soplar un viento bajito que muchos interpretaron como vendaval inusual en la ciudad sin puertas.
Este nuevo fenómeno impresionó tanto a los pereiranos que suscitó comentarios entre las señores y callado temor entre los señores, pero unos y otros lo entendieron como algo premonitorio para una desgracia.
El día pasó con un temperatura de 29 grados centígrados bajo sombra.
Sin embargo al día siguiente, los medios de comunicación informaron que el Instituto de Hidrología, Metereología y Estudios Ambientales de Colombia, IDEAM, aún no ha declarado la llegada al país del Fenómeno del Niño.
De igual manera el vendaval en seco del día antes al 20 de Julio se interpretó por los más alarmistas como anuncio de una desgracia.
Dos días después gracias a la prensa supimos que el vendaval, viento fuerte, destruyó viviendas en Caimalito, La Virginia y puso en peligro la vivienda del ciudadano, Niño de Jesús Montes Correa en el barrio Las Vegas de Dosquebradas.
“Me derribó el frondoso árbol que era como la nomenclatura de mi casa y me daba sombra durante el día”, sostuvo este buen hombre.

En la historia

Que no se nos olvide que en el año de 1687, remotos tiempos de la época de la colonia, “se escuchó un extraño y portentoso ruido que un ilustre Jesuita, entre las diversas hipótesis para explicar el fenómeno, se inclinó por aquella que lo a tribuía a una legión de demonios”.
También el padre José María, en un diario de noticias, copió un informe de otro sacerdote, quien dio cuenta de uno más acompañado de un terremoto que destruyó la iglesia de Fómeque.
Ahora, vale la pena recordar aquí que en 1791, aparecería El Papel Periódico de Santafé de Bogotá que se inicia la historia propia del periodismo bogotano.
Volviendo atrás, aquí estamos sintiendo las altas temperaturas de antes, las que tenían a Pereira como ciudad cálida y buena para poner a marchar el corazón como debe ser y calentar artritis y dolor de hueso. Esto creíamos pero ya vemos que después de 4 o 5 días de sol intenso volvieron las lluvias.

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