Margarita Rosa de Francisco
Nos tocaba clase de Propedéutica de la Comunicación. Yo había comenzado a estudiar esta carrera en la Universidad Javeriana de Bogotá, creo que por salir del paso, pues todavía no creía que ser actriz era una profesión seria. El primer día, al lado mío y en primera fila, se sentó un jovencito muy guapo que me pareció bastante menor que yo, al igual que el resto de mis compañeros.
Durante la conferencia, el muchacho tomaba apuntes y de cuando en cuando hacía preguntas con esa actitud del estudiante efervescente que recién emprende la aventura de explorar lo que realmente disfruta. Eran evidentes su locuacidad y desenvoltura, y encantador un acento paisa muy suave que traía colgado en la voz desde alguna región cafetera. Después de tres horas de Introducciones a la semiótica, a la semiología y a la gramática, corrí a la cafetería de la Facultad a quitarme el sueño con un café. Al no encontrar ni una mesa libre me fui a las escaleras de “la playa” y me senté a tomármelo sin muchas esperanzas de encontrar todavía a nadie con quién hacer migas.
En ese momento vi que el muchacho paisa estaba un poco en las mismas que yo, mirando para todos lados y con su vaso de café rebosado. Cuando me vio, se me acercó con familiaridad y ahí mismo nos pusimos a conversar. Me contó que había nacido en Pereira, que tenía una hermana menor a la que adoraba y que venía muy dispuesto a prepararse seriamente como periodista.
Desde que crucé las primeras palabras con él, no me cupo la menor duda de que este niño cumpliría su promesa porque no solo tenía las ganas, sino el talento congénito del comunicador de pura cepa. Congeniamos enseguida, porque además, me resultó todavía más refrescante su sentido del humor y sus salidas veloces, siempre picantes y sorprendentes. Nos convertimos en aliados inseparables para nuestros proyectos y tareas, aunque yo no compartía la claridad que él sí tenía con respecto a lo que quería lograr en la vida.
De los tres semestres que alcancé a cursar, conservo el recuerdo de innumerables anécdotas muy cómicas y de momentos de mucha alegría al lado de mi aplicado compañero, siempre entre los más sobresalientes de la clase.
Pasó el tiempo y casi creí que le había perdido el rastro, pero por fortuna no fue así. Volví a verlo después de muchos años, barbado, y todavía más guapo que cuando era un adolescente. Empecé a enterarme de sus logros como periodista, presentador y director creativo de proyectos culturales, educativos y de diseño de imagen, algo que, por supuesto, no me sorprendió, así como tampoco su juiciosa actividad como escritor y columnista.
Andrés, hermano, no puedo dejar de verte como el muchachito alegre que se me acercó a charlar, el niño desparpajado y ansioso de aprender, el joven estudioso y emprendedor; creo que en el fondo no has dejado de serlo y espero que así sea, para que con el mismo arrojo e inocencia, vengan más libros sobre tus interesantes reflexiones, más proyectos, más pasiones y todas esas cosas que te hacen ser más vos mismo, ese que se ha convertido en tu búsqueda más fascinante.
ANDRÉS GARCÍA, EL AUTOR
Es un escritor, periodista y coach nacido en Pereira en 1968, reconocido en diferentes escenarios académicos gracias a su carisma, elocuencia y habilidades comunicacionales. Con más de 380 columnas de opinión publicadas en respetados medios de Colombia, otras en México y Estados Unidos, se ha desempeñado igualmente con éxito en calidad de Asesor de Comunicaciones en entidades públicas y privadas en el Eje Cafetero.
Certificado en Liderazgo en los Estados Unidos, en la Organización John C. Maxwell, es merecedor de la Claqueta de Cristal en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, Premio de Periodismo San Gabriel Arcángel y ganador de convocatorias de Cuentos y Escritos en temáticas acerca de El Amor y La Soledad, con sus obras Ojos Celestes y Presencia en Ausencia, respectivamente, textos publicados en antologías literarias disponibles en Amazon y en más de 40 países en el mundo, incluidos algunos en Europa y Japón.
Su libro El Poder Infinito, con prólogo de Margarita Rosa de Francisco, recoge en 7 capítulos una historia autobiográfica a partir de la cual el autor comparte experiencias personales y la manera cómo el Ser Humano puede despertar facultades y talentos que habitan en su interior para, con el debido entrenamiento, conectar con lo infinito y todo lo bueno que nos ofrece.
Amante de la lectura y el silencio, consciente de que la mejor manera de aprender es enseñar, en la actualidad realiza coaching y conferencias, dentro y fuera de su país, a organizaciones y personas que deseen conectar con su potencial y, de esta forma, sincronizar los latidos de su corazón con los latidos del Universo.
SINOPSIS DEL LIBRO
Pasar de un estado de queja a uno de apreciación, es posible. La Mente y el Espíritu se complementan y su correlación consciente provee altísimos beneficios. Este acuerdo permite corroborar que nuestro accionar no está únicamente determinado por el Ser racional, sino por lo que el Espíritu le sugiere.
El Poder Infinito le brinda varias alternativas por medio de las cuales podrás hacer frente a los múltiples desafíos que la vida plantea. Cuando la Mente se alimenta del Espíritu, la calibración con la Fuente de Energía – que todo lo crea – sincroniza nuestra manera de Ser, reconfigurando la citoarquitectura de las emociones.
Despertar esas facultades y talentos que habitan en nuestro interior, es cuestión de entrenamiento. Hay Poderes mayores que el intelecto. ¡Conócelos y Aplícalos!



