Belén de Umbría, un pueblo cerrado y trancado

Con un alcalde de buen talante y mucha audacia, más una historia que toca el corazón aún de la persona que no lo tiene.

Ángel Gómez Giraldo
La tarde en Pereira daba para cholao y jugo de guanábana, los vendedores de paraguas habían desaparecido con el último aguacero mientras que las culiprontas chillaban como chicharras de verano en la Plaza de Bolívar.

Como sería el desespero que las escuchaba desde el Autoservicio Grajales abierto apenas a dos cuadras de esta plaza principal de la ciudad que fue hecha sin puertas.

Me encontraba allí, ocupando una cómoda mesa con amigos que se queman la lengua tomando café caliente mientras fantasean con amores imposibles. Al hombre que le gustan las mujeres las tiene hasta en sus sueños.

En un momento inesperado, que uno no cree que se va a presentar, llega hasta mí un hombre de buena estatura, guayacán de parque, y con un carisma de político exitoso:
– Ángel, lo invito a Belén-
¿Quién es este hombre que llega a mí con ínfulas de propietario de villa romana?

Era Jesús Antonio Bermúdez, el nuevo alcalde de Belén de Umbría, posesionado el 1 de enero del presente año. Buen hombre con buenos pantalones para un pueblo locuaz como lo fue Carmaná, personaje típico que se quedó en la memoria de los belumbrenses.
Pero como el destino y el futuro son inciertos, dos meses después se vio obligado a echar para atrás la invitación que me había hecho en Pereira y hacer anfitrión de nadie.
¿La causa? La llegada a Colombia del coronavirus.

Más arisco y nervioso se puso el burgomaestre cuando se enteró que una de las víctimas de la pandemia en Estados Unidos fue un paisano suyo, emigrante en el país del norte.

La historia
La víctima de la peste que como la de Atenas, antes de Cristo, causó tal mortandad que el mismo historiador Tuclides sostuviera que fue una larga plaga, terrible con una tal mortandad de gente no registrada en ninguna parte.

Según noticias llegadas de Estados Unidos correspondía al nombre de Álvaro Julián Quiroz, tan popular como son los conductores de transporte público en las ciudades pequeñas. Sobrino de Danilo y Flamarion Quiroz, personajes con una segunda piel de traje y corbata.
La noticia causó tanto temor entre los pobladores aunque el Coronavirus no se había asomado por tierras del Eje Cafetero, que muchas personas sintieron que las campanas del templo principal doblaban y llamaban a duelo.

Al día siguiente a otros les pareció ver que la topografía de Belén tan ondulada estaba plana, que el cerro del Obispo, que el cerro de Las Brisas y que el cerro de Piñales, los de mayor altura de la jurisdicción ya no estaban. Hasta sentían que sus cuerpos se quemaban con temperaturas superiores a los 40 grados, cuando el municipio la mantiene en 20 grados durante el día y 18 en la noche. Qué buen clima para un paseo de luna de miel.

El amor
Pero a quienes más afectó el fallecimiento de Álvaro Julián Quiroz fue a esos seres que más amaba: su hijo Víctor Manuel Quiroz Osorio de 16 años y la exesposa y madre de este, Alba Osorio.
Les hizo estragos en el cuerpo y en el alma. El duelo los convirtió en personas mudas, sordas y ciegas, palidecieron y enflaquecieron.

Perder un ser querido es ataque de tiburones. Peor aún, porque Álvaro Julián tuvo que ser sepultado donde lo mantuvo el coronavirus en Nueva Jersey Estados Unidos donde se producen los mejores tomates, las mejores manzanas y abundan el petróleo y el hierro.
Había emigrado primero a España pasando luego a la zona noratlántica de los Estados Unidos en travesías de amor a los suyos para tener más y otorgarles bienestar y abundancia.

La llamada
Hace apenas unos días después de insistir en el teléfono buscando una comunicación con el alcalde Bermúdez, al otro lado de la línea, Patricia (no la conozco), con voz mentolada me pidió que lo volviera a llamar.
Hice lo que ella me dijo y lo logré.

– Alcalde, no me ha oficializado la invitación a visitar a Belén…
– Ángel, imposible, tengo el pueblo cerrado y trancado. Nadie puede entrar ni salir para no infectarnos, pues Belén es un pueblo sin contaminados.

Como será que según sus medidas preventivas, que los habitantes de las veredas tienen un día a la semana para llevar los productos agropecuarios al pueblo y regresar con el avituallamiento.
¿Los cafetales, los platanales y los aguacatales de Belén qué pensarán de todo esto?
¿Echarán para atrás en la producción?

Seguramente no será así, puesto que como dice el himno del municipio, con letra de Alfonso Bayer y música de Mariano Jiménez, los belumbrenses son descendientes de raza pujante -revestidos de fama y honor- y su insignia se muestra triunfante, con destellos de luz y de sol.
Durante los últimos días se supo de la muerte en Estados Unidos de otro emigrante oriundo de Belén, después de ser infectado con el coronavirus: Darío Ramírez.

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