Y el futuro lo podrá imaginar en los jóvenes y niños que están creciendo ahí y que han hecho suya la Casa de la Cultura más bella del Eje Cafetero, y la segunda creada en el país, en donde aprenden a ser buenos ciudadanos.
Carlos Arturo López Ángel
Después de 23 años de intenso uso por la institución, el viejo edificio construido por monseñor Estrada en 1911, para un colegio de monjas, entró en una acelerada decadencia. El escaso mantenimiento se había realizado con ayuda del municipio en algunos casos y con auxilios ordenanzales y parlamentarios; pero la Constitución del 91 prohibió esos auxilios para ser usados en bienes privados, y la Casa de la Cultura (CCM) que pertenecía a una persona jurídica – hoy una oenegé – quedó sin apoyo oficial. Su futuro estaba en peligro. En 1996, la situación se agravó por el mal estado de pisos y paredes, especialmente en el costado suroriente, tercero y cuarto piso de la edificación.
Ante esa situación su director, Gilberto López, puso un aviso en la entrada denunciando el desinterés de la clase dirigente para salvar el inmueble.
En una de las visitas a la institución, el gobernador Diego Patiño vio el mensaje, recorrió las partes críticas y quedó muy preocupado.
Mientras tanto Gilberto tocó puertas y encontró en la Universidad Nacional de Manizales el apoyo para realizar el estudio de la restauración, cuyo costo fue estimado en $30 millones.
Según cuenta el ingeniero Jaime Alberto Parra, presidente de la CCM en esos momentos, acudió con otros directivos al despacho del Gobernador y el mandatario no sólo concretó la ayuda para el estudio, también prometió una partida de $450 millones para iniciar la restauración, la cual se estimaba en más o menos $1.300 millones.
Con prontitud, para salvar el edificio y los procesos, los directivos y los fundadores de la CCM aceptaron donar el bien al departamento de Risaralda con unas clausulas especiales, tal como consta en la escritura con Registro Notarial numero 401 firmada por el donante presidente de la CCM, Jaime Alberto Parra Correa, y el donatario Diego Patiño Amariles, gobernador de Risaralda, ante el notario único de Marsella, Alberto Valencia Gil.
La asociación
Para cumplir esas cláusulas especiales, con la asesoría de Diego Agudelo Bedoya, secretario privado de la gobernación, se conformó la “Asociación de Entidades Públicas Casa de la Cultura Marsella”, cuyos socios son el Departamento de Risaralda y el Municipio de Marsella. El alcalde Alberto Hernández Laverde y el gobernador López Ángel firmaron el documento que le dio vida a la nueva figura jurídica de la institución.
Al terminar el período del gobernador Patiño, su sucesor, Carlos Arturo López continuó con los trabajos hasta su terminación. Todo en medio de la grave crisis económica del país en 1998, que llevó a los departamentos a firmar convenios de desempeño que afectaron la inversión e implicaron un recorte de personal mediante una reforma administrativa que, contra viento y marea, no tocó la nómina de la CCM.
El valor total de la restauración del claustro ascendió a $1.450 millones. Los recursos provinieron del Gobierno Nacional ($600 millones), Gobernación de Diego Patiño ($450 millones) y la de Carlos Arturo López ($400 millones).
El reto de la restauración fue de gran magnitud, pues la casa es considerada por los expertos en patrimonio como un “Dinosaurio del Bahareque” de la arquitectura de la colonización antioqueña, junto con la escuela apostólica de Santa Rosa y la concentración Juan XXIII de Manizales, entre otras.
Descripción
El documento “Inventario del Patrimonio Arquitectónico del Risaralda” de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, regional Risaralda describe así el bien: “Es un lote esquinero sobre la plaza principal, rodeado de dos calles que descienden con el terreno, lo cual hace que la esquina sea el punto más alto con solo dos pisos en la esquina, en el interior llega a tener tres pisos sobre el patio y cuatro en la parte trasera. El patio central de gran tamaño y alargado, es el elemento organizador de este claustro completo en sus cuatro costados, rodeado de corredores con espigadas columnas de madera y barandas de macana. En el conjunto no sobresale ningún espacio, excepción de una como espadaña o pequeño campanario que, sobre la esquina de la cubierta, marca el sitio en donde existió la capilla de las monjas; el acceso a la calle por este sitio forma un vestíbulo, como antesala a la anterior”.
Las capillas de la iglesia católica tienen una torre o algo parecido que anuncia su presencia; y por eso, el primer campanil estuvo donde hoy queda la biblioteca, porque allí monseñor Estrada instaló la primera capilla. Luego, las monjas la pasaron hacia la actual sala de vitrales y construyeron encima el nuevo campanil que quitaron después, no sabemos por qué. En la restauración se recuperó y quedaron los dos que marcan -ahora- el sitio de la Biblioteca y de la Sala de Vitrales, los hitos fundamentales de la CCM, porque encarnan el Conocimiento y la Participación Ciudadana.
La restauración estuvo a cargo del arquitecto y restaurador Jorge Enrique Martínez Fonseca, muy reconocido y con trabajos de esa materia en el país. La ejecución obedeció a la recuperación de los elementos estructurales y estéticos para devolverle la identidad al edificio que se ajusta a un modelo de la colonización antioqueña de principios del Siglo XX que significa un patrimonio de su historia, utilizando la tecnología constructiva de la época. Estructuralmente se utilizó la combinación de materiales como mampostería en ladrillo y cimentación en concreto reforzado.
Sus muros y estructuras de cubierta en madera, con pañete en cemento y los revoques emboñigados, lo que responde a la esencia de la tecnología de entonces. Esa restauración destacó, de otro lado, detalles de especial interés para propios y visitantes y saldó una deuda con su historia, al recuperar la estructura original de la que fuera una de las instituciones más queridas y recordada por nuestras gentes como fue el colegio de las madres Bethlemitas que existió allí hasta inicios de la década de los setenta.
Bien cultural
Como era de esperar se respetó su carácter cultural. Por eso se adecuaron, de acuerdo a los nuevos diseños, espacios ajustados a las necesidades de los servicios que fueron incorporados por la nueva entidad Asociación de Entidades Públicas Casa de la Cultura de Marsella.
Con ese propósito fue creado un salón apropiado para las danzas. Se fabricó un ajedrez gigante para el patio como homenaje al juego ciencia, presente desde siempre en la institución, y se incorporaron el triqui y la golosa representativos de los juegos tradicionales.
A la sala de conferencias se le dio toda la imponencia posible, dejando a la vista la estructura del techo como en la catedral de Pereira. Las ventanas con cruces se transformaron en 10 vitrales reales que narran la historia de Marsella, al estilo de las catedrales europeas que muestran los relatos de la Biblia. Representan el pasado indígena, la guaquería, la colonización, la agricultura y el café, el civismo, el periodismo, La Violencia y el futuro con el Parque de la Ciencia. La cruz central de cada vitral contiene el Yarumo, árbol emblemático del municipio verde. Los vitrales son una obra de la artista manizaleña Yamile Vargas Gómez. Su belleza impuso el nuevo nombre: Sala de Vitrales. El coro se transformó en museo arqueológico y la sacristía, en el museo del periodismo.
La gran sorpresa fue el hallazgo del baño de las monjas con una tina o bañera enterrada en el piso, con gradas, todas recubiertas con baldosas de cemento policromadas. Y para rematar, debajo del patio se construyó un gran tanque de reserva como soporte para los bomberos en caso de emergencia.
Hay que reconocer a los gobernadores y alcaldes, diputados y concejales que a lo largo de 50 años han apropiado los recursos para los procesos de formación, además del apoyo para actividades logísticas. En especial a Diego Patiño Amariles, el gobernador que puso en marcha el proceso de restauración, razón por la cual el Concejo Municipal le otorgó la “Orden de Los Fundadores” y la CCM le entregó el “Campanil de Oro” como agradecimiento.
A la vez reconocemos a Comfamiliar-Risaralda porque desde 2008 rescató la Biblioteca León de Greiff y la llevó a un nivel superior, con notables resultados. Y como si fuera poco en los años 2024 y 2025 trajo para Marsella el nuevo evento “Feria del Libro y la Biodiversidad Cafetera-FELBIC” que significa un gran apoyo para la vocación cultural y la cultura cafetera del municipio.
Proyecto exitoso
En síntesis y sin la menor duda, la CCM es una magnífica realidad que incide en la consolidación de una identidad, tal como lo afirma el eslogan: “Marsella, naturalmente cultural”. Lo demuestran los miles de jóvenes que han pasado por sus procesos formativos, muchos de los cuales han encontrado allí la vocación de su vida. Con razón ellos la llaman “La Casa de Todos” y la “Casa Grande”. En otros capítulos de estas memorias se encuentran muchos de sus nombres con la relación de sus triunfos.
A la vez, la restauración exaltó su calidad arquitectónica y la convirtió en un ícono del Paisaje Cultural Cafetero. Su belleza y sus procesos se exaltan en periódicos, revistas y redes sociales. Es un sitio con encanto. Y para ratificar sus blasones, la Sociedad Colombiana de Arquitectos, seccional Risaralda, la incluyó en el inventario del patrimonio arquitectónico del departamento (IPAR) junto con la casa cural, las casas de las familias Montoya López e Issa Álvarez, inmuebles que convierten a la plaza en el sitio con la mayor concentración patrimonial de Risaralda.
Una parte de su éxito está basado en la ubicación. Es bien sabido que la plaza es el corazón del pueblo y que todo se mueve a su alrededor. Y como si fuera poco, en esa esquina al lado está la Alcaldía que allí dispone del mejor escenario posible para reuniones y actos solemnes cívicos y oficiales.
Experiencia mágica
Para un turista es una experiencia mágica que lo emociona y lo ubica en el presente, el pasado y el futuro. Al atravesar los arcos románicos de la fachada, el visitante ingresa al vestíbulo o antesala donde puede apreciar la biblioteca. Luego ante sus ojos aparece un claustro gigante de la más pura arquitectura regional. En esos momentos está en el tiempo presente con los niños y los jóvenes que se inician en las artes de la pintura, la música, el ballet, la danza y el teatro; con aquellos que practican el ajedrez y el tenis de mesa; con los que consultan en la biblioteca, apoyados con las tecnologías de la información; y con los ciudadanos que asisten a todo tipo de reuniones.
Luego, al recorrer los largos pasillos de los tres pisos, hará una inmersión en el pasado, representado en el museo del paisaje cultural cafetero con sus centenares de objetos usados por los habitantes a lo largo los siglos XIX y XX. Está, por ejemplo, la vieja pila en donde miles de marselleses recibimos el bautismo y que fue tirada y encontrada en un solar. También lo sentirá en el museo del periodismo que cuenta historias y noticias centenarias; en los equipos de la Voz de Marsella, la emisora que ayudó a consolidar la existencia de la institución; en la colección de puertas y ventanas -salvadas del olvido- donde apreciará los orígenes de la arquitectura local; en el baño de las monjas hallado durante la restauración, que muestra un aspecto de la vida conventual; y para rematar en el salón de doña Julialba Gutiérrez, la maestra del bordado, que dejó escuela, adornado con recuerdos y algunas de sus manualidades.
Y el futuro lo podrá imaginar en los jóvenes y niños que están creciendo ahí y que han hecho suya la Casa de la Cultura más bella del Eje Cafetero, y la segunda creada en el país, en donde aprenden a ser buenos ciudadanos, a hacer amigos y en la cual, con los procesos formativos, están conociendo las herramientas para enfrentar los retos de la vida. Ellos tendrán en sus manos el futuro de Marsella, la bella.
RECUADRO
CUADRO DE HONOR DIRECTIVOS
Comité Provisional, 1973: Carlos Arturo López Ángel, Héctor Bejarano Quevedo, Alberto Toro Chica
Presidentes: 1973, Carlos Arturo López Ángel; 1975, Mario Marulanda 0sorno; 1976, Cardenio Castaño; 1977, Hugo Marulanda Osorno; 1983, Carlos Alberto Betancourt Gómez; 1996, Jaime Alberto Parra Correa.
Director 1974-2009: Gilberto López. Luego, entre 2009-2025 han estado: Rubiela Acevedo, Mario Salazar y Jorge Molina
Vicepresidentes: 1973, Héctor Bejarano Quevedo; 1974, Mario Marulanda 0sorno; 1975, Norberto Arango; 1976, Hugo Marulanda Osorno; 1977, Jorge Ángel Sierra; 1996, Gilberto López Ángel.
Secretarias: 1973, Alba Cielo Ospina Alzate; 1978, Lucy Jordan.
Tesoreros: 1973, Omaira Giraldo Vélez; 1973, Diego Franco Valencia; 1976, Jorge Jiménez Otálvaro.
Fiscales: 1974, Raúl Salazar S; 1975, Diego Agudelo Bedoya; 1975, Norberto Arango; 1977, Cardenio Castaño.
Jefes de Relaciones Públicas: 1973, Tomas Issa Álvarez; 1975, Fabio Echeverry Caicedo; 1976, Carlos Arturo López Ángel; 2005, Carlos Alberto Hernández Nieto.
Vocales:1973, Javier Gonzales y Gustavo Gómez; 1974, Jaime Osorio Giraldo, Alfredo Marulanda, Alberto Valencia Gil, Carlos Aguirre T; 1976, Alonso Salazar Martínez, Ivan Castaño; 1977, Alfonso Ramírez Cardona; 2005, Antonio José Mejía.



