Cassiani, la nueva novela de Octavio Escobar Giraldo

A cada lector lo implicará de diferente manera, y en esto cumplirá con el propósito de la literatura: abrir el abanico de las interpretaciones. Editorial Seix Barral.

Alberto Rivera

Bogotá está cruzada por catacumbas. Algunas existen desde tiempos prehispánicos. Otras las socavaron los españoles para esconder el oro que robaron y para huir de sus enemigos. No todas guardan restos humanos. Las guerras civiles del siglo XIX sumaron galerías. La red que forman puede llevar a la cripta de un convento de clausura o a la estación de un metro que nunca funcionó. Kike la recorre con Cassiani. Su tranquilidad reposa en las dos pistolas Jericho 941 FS que carga en los bolsillos de su gabán.
Cassiani, una mujer misteriosa y valiente, esconde en su cuerpo una marca que la obligará a un viaje de huida hacia un destino que cree conocer, pero cuyo camino conduce a parajes inesperados, incluidos los del alma. En veinticuatro horas escapará a

l lado de Kike, el compañero de travesía que va y viene entre salvador y salvado.
Cada línea de Cassiani es como seguir cuadro a cuadro una emocionante película de acción y drama. Los elementos traídos a la novela por Octavio Escobar Giraldo envuelven al lector en un escenario apocalíptico con un virus devastador, un país polarizado entre Bibliotequeros y Conciliares, y personajes alucinantes como las niñas sepia, seres que resultaron de una mutación y habitan una Bogotá que parecería distópica, pero cuya ficción que no dista de la que encontramos cada vez que ponemos un pie en sus calles.

¿Por qué Bogotá como punto central del libro?
La novela surgió de la idea de que de uno de los locales que hay en el túnel que atraviesa bajo la carrera séptima, frente a la Universidad Javeriana, se pudiera descender por una larga escalera vertical a una red de galerías que se extendiera por toda la ciudad. Ese fue el germen: la imagen de una entrada que se pareciera a las escotillas de los submarinos. Después se sumó la guerra civil, la posibilidad de un cogobierno de la sabana de Bogotá, uno muy frágil, que fuera consecuencia de un país polarizado, dividido, como hay tantos en este momento en todo el mundo, y casi de manera natural, por lo menos para mí, emergió también la posibilidad de una presencia lovecraftiana, derivada de los mitos del Cthulhu.

Y está llena de catacumbas, peligrosas para los habitantes…
Esta red de galerías, que no siempre son catacumbas, son peligrosas por su carácter clandestino, porque las agrupaciones politicomilitares en conflicto, los Conciliares y los Bibliotequeros, las usan para sus operaciones secretas. Y no solo ellos. Algunas son anteriores a la llegada de los españoles, otras fueron producto de la colonia, otras son un ensayo de metro subterráneo. Transitarlas es muy riesgoso y con facilidad te puedes topar con un enemigo, con un derrumbe o con una presencia maligna que asciende desde la noche de los tiempos. O con Cassiani.

Las niñas sepia son

personajes que llaman la atención. ¿Cómo surgen?

Cassiani nació durante la pandemia, en una época en la que la paranoia invitaba a desconfiar de las vacunas. En los medios periodísticos se postulaban los más absurdos efectos secundarios, a veces risibles, y esas exageraciones de la fantasía popular, casi siempre sin respaldo científico, se convirtieron en una invitación a concebir unos seres que se manifestaran como consecuencia de la vacunación. Por eso en la novela, en determinadas circunstancias, las niñas pueden convertirse en seres con propiedades maravillosas pero también aterradoras, que las ponen en contacto con los seres primigenios

, esos que siembran el terror en las narraciones de H.P. Lovecraft.

¿Las pistolas de Cassiani, las Jericho 941 FS, de dónde salen?
Existen, por supuesto. Y las escogí por su apariencia, por su nombre, que me parece muy sonoro, y porque estoy cansado de que tanto en literatura como en cine los personajes siempre tengan un revólver, o una pistola Pietro Beretta. Hay razones para ello, por supuesto, pero yo quería subvertir ese tópico, dotar a Cassiani de un sello personal más, representado por el tipo de arma que usa. Debo confesar que no conozco las Jericho en el mundo real. Nunca he tenido un arma de fuego en mis manos, esa es la verdad.

 

Los personajes del libro son sorprendentes. ¿Cómo fue su búsqueda y su combinación?
El proceso estuvo muy ligado al placer de la escritura, a un sentido del juego que siempre ha sido importante para mí. Después de una novela como Cada oscura tumba, que exigió investigación y una elaboración muy rigurosa, que desde la ficción reflejara y respetara profundamente el tema de los mal llamados falsos positivos, quise darle mayor libertad a mi imaginación, y permitir que formas de narrar que me gustan como la novela gráfica, el cine de género, los relatos de terror, lo policíaco, contribuyeran a una trama que tuviera velocidad, emoción, esa levedad de la que habló Ítalo Calvino en sus Seis propuestas para el próximo milenio, que de ninguna manera implica intrascendencia, ni escapismo. En muchos sentidos, Cassiani es una metáfora política. A cada lector lo implicará de diferente manera, y en esto cumplirá con el propósito de la literatura: abrir el abanico de las interpretaciones.

Y el virus, siempre como la razón de todo…
Los virus tienen la gran virtud de que permanecen inertes hasta que entran en contacto con un ser vivo que les sea propicio, y de al

lí en adelante pueden desarrollar gran poder destructivo. La epidemia de Covid lo demostró. En Cassiani hay otro virus respiratorio, como los muchos que pueden llegar a afectar a la humanidad en el futuro, pero en el caso de mi novela hay una mayor probabilidad de maldad.

¿Por qué Cassiani como título del libro?
Umberto Eco escribió que los títulos de libros que son, simplemente, el nombre de un personaje, son los que más respetan al lector, porque dan muy pocas pistas respecto a lo que va a ocurrir en sus páginas. Cassiani es un apellido italiano pero en Colombia es también el apellido de algunos de los descendientes de los pobladores de San Basilio de Palenque. La tapa de la novela ya da más pistas, pero prefiero que, como buena parte del material de la novela, el título le brinde sorpresas al lector.

Su viaje en la obra la lleva por destinos inesperados, que cree conocer en esa ciudad, pero no son lo que esperaba…
Cassiani es fugitiva en un mundo dividido y lleno de contradicciones, de misterios. La acompaña Kike, que está profundamente enamorado de ella y es quien nos cuenta la historia. Cassiani siempre tiene las Jericho 941 FS en los bolsillos de su gabán. Son sus únicas seguridades. La sabana de Bogotá es un hervidero de intrigas, conspiraciones, enfrentamientos… Ni ella ni los lectores pueden confiar en que van a llegar a donde esperan.

¿Qué espera que suceda con el libro?
Que se lea con placer. Que sea una buena compañía para muchos lectores. Que pueda ser una pasión.

 

¿Quién es, en su cotidianidad, Octavio Escobar?
Esencialmente un lector, un aficionado al cine, alguien a quien le gusta caminar, tomarse un café con los buenos amigos y soñar con que logra contagiarle a sus estudiantes la pasión por las buenas narraciones. Y a sus lectores.

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