“Para derrotar el olvido”

La Virginia, un pueblo con nombre de mujer, es el título del libro que a pesar de haber sido escrito con la precisión de la historia por José Bernardo Arcila Alzate y Nelson Palacio Vásquez, tiene todo el realismo mágico de Cien Años de Soledad.

Ángel Gómez Giraldo

Señala Horacio Gómez Aristizábal que el historiador debe informarse bien, pues se tiene la convicción de que conoce todas las fechas de memoria y que saca a relucir un documento a cada región. Más a renglón seguido añade:
“La historia también requiere imaginación y elevación de todo, así que sobre los cimientos de la erudición hay que edificar la auténtica historia nacional”.
Por esto mismo, el libro titulado “La Virginia, un pueblo con nombre de mujer” y escrito por José Bernardo Arcila Álzate y Nelson Palacio Vásquez, ambos sabedores de la historia antigua y testigos de primera mano de los aconteceres recientes de este pueblo risaraldense, hacen que el lector confié en que lo que lee tiene certeza histórica.

Comienzo
Lo leo después de que llegó a mis manos y aunque sin tener ficción en ninguna de sus páginas las realidades históricas que hallamos en él parecen puro realismo mágico.
Sucesos propios del Macondo de Gabriel García Márquez.
Esta obra es un libro que encanta a quienes amamos esa magia literaria con que Gabo sabía matizar sus novelas y arrastrar a sus lectores no al cielo sino a “los mismitos infiernos” creado por él con base en hechos ciertos en la vida de un pueblo.
Po eso este libro titulado con los atractivos que tiene una mujer para un hombre, de José Bernardo Arcila Álzate y Nelson Palacio Vásquez, ambos conocedores tanto de su historia como de los hechos recientes del pueblo, hacen que el lector confíe en que lo que está leyendo es historia patria.
Desde el comienzo el libro sorprende con el origen del nombre inicial ya que el historiador ansermeño Darío Usma Porras apunta en uno de sus libros:
“Surgen poblados afros en territorio que fue Umbra”, y agrega: “En el norte, en Anserma, la señora Moreno deja en herencia a sus esclavos aficanos y a la vírgen de Santa Ana en el territorio llamado Guamal lindando con el de Santa Ana donde es dominante la raza negra”.
Y para referirse al primer nombre del pueblo de La Virginia, agrega:
“Luego al extremo sur de la provincia Umbra y riberas de los ríos Cauca y Risaralda, se estableció el palenque de Sopinga habilitado puerto con población de mayoría negra”.

La Virginia
En otra de sus páginas podemos leer:
“Se han aventurado varias hipótesis, una de ellas la de los Padres Redentoristas de Buga en el año de 1888 y otra, que corresponde al nombre de una dama de la región llamada Virginia”.

Dos ríos
La Virginia, pueblo de dos ríos y de areneros. Ríos que llegaron a arrastrar cadáveres.
Río Risaralda que fue como el primer cementerio del poblado de La Virginia.
Cadáveres no solo a los propios de la región sino también a los del Valle del Cauca.
Río Cauca con Risaralda cuyas aguas asustaban a los areneros bajando cadáveres pidiendo sepultura.
Ahora el origen de Risaralda se encuentra con dos nombres ya que en las escrituras de Cartago aparecía con z y finalmente Risaralda, con s.
Tan increíble llegando a lo fantasioso lo que el historiador José Daniel Trujillo, ciudadano con prestigio y reconocimientos en Pereira, dice en su libro parecido a éste de José Bernardo Arcila y Nelson Palacio Vásquez, quien inspirado para “Historias de un nombre”, se encontró en fotografías con un vapor navegando en aguas del Risaralda.
Y esta otra perla histórica:
“En el año de 1911 un grupo de emprendedores dirigidos por el padre Nazario Restrepo, fundador de Viterbo, empujaron 7 balsas de guadua al río Risaralda y se dispusieron a navegar aguas a bajo…”

Magia
Magia del lenguaje en el libro “La Virginia, pueblo con nombre de mujer”, obra de José Bernardo Arcila Alzate, pintor, poeta, historiador, juez de la República y miembro de la Academia de Historia, Literatura y Arte, y de Nelson Palacio Vásquez, periodista, pintor, historiador, ex diputado y ex alcalde de La Virginia. Finalmente algo extraño: al momento de recibir el libro de manos de José Bernardo Arcila Alzate, revoloteaban a nuestro lado mariposas amarillas.

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