Tras décadas de incertidumbre, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) ha recuperado los primeros cuerpos de víctimas del conflicto armado en el cementerio municipal de Génova, Quindío. En una labor forense cargada de simbolismo y dolor, cuatro cuerpos que podrían corresponder a personas desaparecidas hace más de 30 años han sido exhumados, abriendo la puerta a la verdad y la justicia para miles de familias que aún buscan a sus seres queridos en la región.
En un rincón olvidado del cementerio municipal de Génova, en el corazón del Quindío, una verdad oculta por décadas ha comenzado a emerger. La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), ha logrado lo impensable: recuperar los primeros cuerpos de aquellos que, arrancados por la violencia del conflicto armado, desaparecieron sin dejar rastro, y cuyo destino fue sellado en la soledad de este camposanto.

Bajo el intenso calor de la tarde, en el pabellón San Francisco, los forenses se enfrentaron a la tumba número 331, una bóveda que durante casi tres décadas guardó un silencio sepulcral, cubierto por una capa de concreto impenetrable. Golpe a golpe, el cincel y la porra rompieron esa barrera, revelando un trozo de madera carcomida por el tiempo. Era un ataúd, apenas reconocible, deteriorado por los años y el implacable proceso de descomposición. En su interior, los restos de una vida perdida, una persona que podría haber sido una de las tantas víctimas que desaparecieron entre 1955 y 2015 en esta tierra marcada por la tragedia.
Génova no está sola en su luto
Según la investigación de la UBPD, al menos 47 personas desaparecieron en este municipio, atrapadas en el vórtice del conflicto que desangró la región. Las heridas del pasado se han reabierto con esta búsqueda, una intervención que forma parte de una investigación más amplia que abarca otros municipios como Salento, Córdoba y Pijao. Laura Marcela Castillo, investigadora de la UBPD, recordó la magnitud de esta labor humanitaria: “En marzo de 2024 realizamos una caracterización de este cementerio, y hoy recuperamos dos cuerpos de bóvedas y dos más de tierra, posiblemente inhumados hace más de 30 años. Estos cuerpos, aunque ahora son solo fragmentos de lo que una vez fueron, podrían pertenecer a personas que cayeron víctimas del conflicto en esta cordillera olvidada”.
No solo la bóveda 331 ha entregado sus secretos. En el mismo pabellón, la bóveda 304 albergaba otro cuerpo que, como los demás, ha sido trasladado al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para su identificación. Además, dos cuerpos más fueron exhumados del suelo, sin nombre, pero no sin esperanza de que pronto sus historias sean contadas.
El drama de las desapariciones forzadas se extiende mucho más allá de las fronteras de Génova. En la región occidente del país, que comprende Caldas, Risaralda y Quindío, al menos 4.168 personas desaparecieron, sus destinos envueltos en la nebulosa del conflicto armado. La UBPD, una entidad que actúa con carácter humanitario, extrajudicial y confidencial, ha hecho un llamado desesperado a quienes guardan información o han perdido a un ser querido, para que se acerquen, para que no permitan que estos cuerpos recuperados sigan siendo solo números.
En un país que busca sanar las cicatrices de su pasado, el rescate de estos cuerpos es un paso pequeño pero crucial hacia la justicia y la verdad. Las bóvedas vacías y las tumbas abiertas son testigos mudos de una tragedia que aún duele, pero que, con cada cuerpo recuperado, encuentra un rayo de esperanza para la reconciliación y el cierre de tantas heridas abiertas.




