Razones para revisitar este clásico de la literatura estadounidense, que fue el detonante de la Guerra de Secesión al ofrecer una versión humanizada y empática de los esclavos y que fue publicado el 5 de junio, pero de 1851, por primera entrega vez.
Julián Acosta Riveros
Aunque La cabaña del tío Tom fue escrita en pleno apogeo del sistema esclavista, nos ha dejado valiosas lecciones y enseñanzas para nuestra época.
Empecemos por decir que la novela desarrolla historias de varios personajes en paralelo: Tom, un hombre leal y cristiano que sufre las vicisitudes de intentar ser una persona buena y cristiana en un sistema que siempre intenta corromper el alma de los esclavos; Eliza, una esclava fugitiva que intenta huir con su hijo para evitar que los separen en los mercados de esclavos; Emmeline, la joven esclava que se siente horrorizada por las miradas lujuriosas de su patrón, al que nada detiene de abusar de ella (por supuesto, ni siquiera la religión, que lo respalda); George, un joven esclavo que huye hacia Canadá con la idea de luego poder comprar a su esposa y a su hijo, después de que su envidioso dueño lo castigara por demostrar talentos, habilidades e inventiva (cosas que, él piensa, un esclavo no debe tener).
En paralelo a estos personajes, aquí y allá encontramos esos seres despreciables que son los esclavos que fustigan a los otros, seres degradados que atacan, hieren y asesinan a sus compañeros de desgracia, con el único propósito de congraciarse con su amo, bajo la falsa idea de que aliarse a este los pone de su lado, idea equivocada, por cierto, pues nunca ese amo permitirá que estos sean otra cosa que eso: esclavos.
La otra parte
Asimismo, Beecher Stowe también presenta a los amos, quienes componen la otra parte del sistema esclavista: por un lado están los que intentan ser indulgentes con sus esclavos, mientras que por el otro están los que los tratan como herramientas desechables para trabajar en los campos de algodón.
Sin embargo, los dos tienen algo en común: para ambos, el esclavo apenas roza la humanidad: es algo más que un animal, una mascota, una cosa. Claro, de esto no escapan aquellos que están por fuera del sistema, como los industriales o banqueros del Norte, pues estos también se benefician indirectamente de este orden injusto y explotador; en boca de algún personaje, se concluye que estos son los peores, pues desde su hipocresía (aireada en los salones y en las iglesias) condenan el esclavismo, pero no rehúyen a las ganancias que les pueda generar cualquier transacción comercial en el que se involucre un trato con esclavos.
Al final, la tragedia de tío Tom se convierte (como una suerte de Cándido, pero sin la intención satírica) en un viaje a través de las desgracias de un sistema en el que las personas son vistas como medios para conseguir un determinado fin y en el que se les obliga a ser felices a pesar de su falta de libertad y a luchar constantemente para no convertirse en seres bajos, ruines y mezquinos.
La cabaña que perteneciera al tío Tom se convierte, así, en el símbolo de los que resisten desde el día a día, sin armas, pero con convicciones, ética y una profunda fe en la humanidad. El símbolo de los que, a pesar de todas las circunstancias, creen que en este mundo todavía hay esperanza y alientan las luchas futuras por la lealtad, la justicia y la libertad.
Un fragmento
Quizás, la reflexión final que acerca este libro a nuestra época la encontremos en este fragmento:
“—¿Cómo se pueden comparar dos cosas tan diferentes [el esclavismo y el capitalismo]? —preguntó Ophelia—. El proletario inglés no es vendido ni azotado, ni tampoco lo separan de su familia.
—Pero es tan dependiente del que lo emplea como si le perteneciese. El plantador puede matar a latigazos al esclavo desobediente, pero el capitalista puede matar de hambre al proletario. En cuanto a la familia, es difícil decidir qué es lo más terrible: ver cómo venden a sus hijos o verlos morir de hambre a su lado”.
Agradecemos a Panamericana Editorial por rescatar este clásico de la mano de la traducción de Juan Carlos González Espitia, en una nueva edición cuidada y revisada, que nos trae de vuelta una obra que no debemos perder de vista en estos tiempos en los que una guía y una brújula éticas parecen tan necesarias.



