Angel Gómez Giraldo
Les aseguro que nadie ve más que la persona que está en la calle. Lo digo para que ninguno en un arranque de decepción y frustración exclame: “¡Pa’ lo que hay que ver!”.
Falso. Es tanto lo que hay para ver en las calle de la ciudad que uno queda hasta ciego. Se ven unos desnudos como los de Rubens.
Los vemos por muy temprano que salgamos de casa.
El pasado martes hice una madrugada de curiosidad para saber cuál es la primera comida que hacen los ciudadanos que estudian y laboran en el centro de Pereira.
A.M.
Son las 7:00 de la mañana y los estudiantes y personas que trabajan como empleados en el centro de la ciudad atropellan el carrito cargado de termos con tinto y comestibles, conducido por un hombre o una mujer que alimenta a las personas en la calle para alimentarse ellos.
Los que aún no han comido nada piden un café que acompañan de una empanada o buñuelo.
Mas también hay chorizo con arepa que con el olor de la fritanga empacha y es causante de pesadillas durante el sueño nocturno.
En la esquina de la calle 25 con carrera 9a. observé desayunar a las bellas enfermeras de la clínica Los Rosales y no precisamente con suero sino café con leche y croissant.
Al dar un salto a la calle 24 con carrera 8a. estudiantes de la Universidad Andina, ninguna con cintura de avispa que siendo tan poca cosa en la figura humana es lo que la hace esbelta como el ciprés común, en un desayuno de café con leche, “pintado” acompañado de buñuelos y empanadas.
Es que ningún madrugador puede privarse en la calle de echar mano de la bebida nacional con productos elaborados en la panadería.
Y es por esto mismo que las cafeterías abren y prestan servicio al público cuando otros ni siquiera han dejado la cama.
Saludable
Existen personas que tienen un desayuno más sano. Son las que no le dan papaya a la obesidad sino que por el contrario se la comen. Acostumbran una alimentación frugal, sencilla y poco abundante.
Y como salí para verlo todo, me ubiqué en la carrera 8a. entre calles 22 y 23 con perspectiva al puesto de frutas y jugos, todo tan natural como la sonrisa de su propietaria Gloria Sarria, con poca carga de años pero con el orgullo de ser la nieta de Daniel Sarria Turbay, un antiguo ganadero del Valle del Cauca quien se murió no por viejo y enfermo sino porque se cayó de un caballo.
Efectivamente en la mañana del último martes, Gloria Sarria vendió de lo lindo fruta y jugo de fruta.
Al acercármele la vi vender jugo de naranja que es la fruta de los colegiales y de quienes quieren tener suficiente hierro en el organismo.
Suministró asimismo fruta de manzana que una vez en el estómago impide cólico y malestar. Papaya tan rica en vitaminas A, B, C y D, además tan efectiva la papaya para acabar con las digestiones lentas y difíciles y amarrar disenterías cuando son frecuentes y de esta manera nada de nervios.
Muchos desayunaron aquí con ensalada de frutas con abundancia de uva negra que limpia el cuerpo de toda clase de enfermedades y los tullidos vuelven a caminar.
Y qué tal el vaso desechable con abundancia de piña que le cae tan bien al hígado y la leche de coco que fortifica los intestinos y acaba con la pensadera que a muchos deprime y daña la mente.
Pasada la hora del desayuno, el puesto de la señora Gloria tiene una gran demanda de tajadas de mango verde con sal y jugo de limón que le caen de maravilla al hígado servidas asimismo en vasos desechables. Es propio de la población más joven su consumo. Aquí la Sarria tiene su tesis: “Los careacontecidos no deben consumir el mango con sal y limón porque más huraños se tornan”.
A algunas ensaladas de frutas le incluye rodajas de pepino, dizque porque últimamente se le ha reconocido la propiedad de conservar la buena memoria en los hombres.
Tarde
Sin embargo y siendo las frutas un alimento tan saludable, la dama propietaria de esta venta recuerda que con ellas no pudo curar el cáncer de estómago a su hijo, enfermedad de la que terminó siendo víctima.
“Mi hijo tenía 32 años de edad cuando falleció”, cuenta con cierta angustia y mirando el surtido de frutas que administra en compañía de su esposo Eduard Castrillón, del mismo que da fe que es tan hombre que en los 40 años que lleva a su lado nunca le ha faltado con el amor, y su tono es jocoso.
De esta manera ambos viven felices en la casita que habitan allá en Mundo Nuevo, jurisdicción del Municipio de Pereira, donde las cumbres se iluminan en noches de buena luna y los lagos artificiales de las fincas ganaderas brillan.
– ¿Y qué tiene la nieta de Daniel Sierra Turbay para mantener despierto el amor de su esposo? Le pregunto.
En una acción casi mecánica abre la gaveta de su puesto de frutas y extrae 3 botellas con jarabe para mezclarle al jugo de frutas una buena dosis de meromacho, arrechón, reventón y el vitaminazo, afrodisíacos que consumen los más varones en las horas de la tarde ahí en ese puesto donde abunda toda clase de frutas que el cuerpo necesita para su reedificación y purificación.
Los amigos
De los beneficios del consumo de frutas le hablaron luego de un afectuoso saludo una mujer mayor, de rostro bondadoso, un hombre de juventud musculosa y un joven derrochador de alegría.
Las personas que saludaron con tan buena magia a Gloria fueron María Carmenza Aguirre, su hijo Jorge Hernando Sánchez, vástago de éste, y nieto de la primera, Zahir Sánchez.
Gloria Sarria atendió a su amigos con tanta fruta, no tenía más, que comieron y comieron hasta el punto que casi acaban con el surtido de la emprendedora mujer.
Es necesario tener en cuenta que la persona que da papaya nunca es despreciada.



