“Disciplina eclesiástica”

Padre Pacho
Son muchos los que hoy se preguntan: ¿La iglesia tiene facultades para hacer algunas reformas como en el tema del celibato? ¿El celibato es de la esencia de la iglesia o es simplemente una disciplina que puede ser modificada?

Las actitudes y comportamientos del obispo de Roma, como gusta de presentarse, nos evocan una de las mayores conquistas del ser humano, como es una libertad para ser auténticos, una libertad de espíritu que le ha llevado a despojarse de todo símbolo de poder, renunciado a comodidades, pensando en el pobre Pedro, como el rudo pescador.

De vuelta de tierra Santa y como se ha vuelto costumbre el Papa en diálogo con los periodistas, frente al tema del acercamiento a la Iglesia ortodoxa, reconoce que el Celibato, siendo una regla de vida que aprecia mucho y un regalo para la Iglesia, nunca debe considerársele como un dogma, sino como una disciplina eclesiástica.

Pedro el primer Papa al igual que la mayoría de los apóstoles escogidos por Jesús, eran casados. En el año 306 en el concilio de Elvira se empieza a introducir esta disciplina en el seno de la Iglesia; en el concilio de Nicea, año 325, se recomienda que una vez ordenados, los sacerdotes no deben casarse. El Papa Calixto II, en el Concilio de Letrán, en 1123, lo promulgó como requisito para todo el clero del rito romano. El Vaticano Segundo lo presenta como un símbolo especial de los beneficios celestiales, una forma muy efectiva de dedicarse con todo el corazón al divino servicio y a los trabajos del apostolado.

El mundo de hoy, nos presenta a cada paso el dilema entre cambiar, o defender unos esquemas de pensamiento y de acción tradicionales que parecerían absolutos. Para algunos lo nuevo es bueno esencialmente. Para otros lo tradicional es sagrado e intocable.

A nuestro alrededor ciertos grupos parecen tener como objetivo defender el pasado. Otros, en cambio, se empeñan en empujar la historia hacia delante. Nosotros quizás nos encontramos en centro medio, mirando a lado y lado y preguntándonos cómo hemos de obrar.

Lo ideal en el contexto que vivimos actualmente, sería revisarlo, que a lo mejor sea optativo y permitir que casados accedan al sacerdocio y quienes quieran vivirlo como una opción no de la esencia del ministerio más si como una expresión, entre otras muchas de la santidad cristiana, lo puedan vivir.

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