No hay historia, hay historiadores

Víctor Zuluaga Gómez

El año pasado, la Universidad Tecnológica de Pereira editó el texto del historiador rumano Lucian Boia, con la traducción que realizó el docente Miguel Ángel Gómez. El título de la obra nos da una idea de la idea central del libro: “El juego del pasado, la historia entre la verdad y la ficción”.

Lo primero que nos dice Boia es que una cosa es “La Historia” y otra cosa “Las Historias”. Esto, con el fin de señalar que dar cuenta de la Historia, tal como efectivamente ocurrió, no deja de ser un imposible, pues, nos dice: “…la atracción que nos genera la Historia, presupone, así mismo, primero que todo, un proceso de selección. Una selección extremadamente drástica, luego de lo cual lo que queda, cuantitativamente hablando, es ínfimo frente a la “carga” real del pasado”.

Entonces comienza a hacer un balance de muchos de los principales acontecimientos de la historia universal, como por ejemplo, un hecho trascendental para la humanidad como fue “La Peste Negra”, ocurrida en 1348, y que en la actualidad es referenciada, debido a la pandemia que actualmente padecemos. Pero, curiosamente, a pesar de que dicho evento produjo 200 millones de muertos, sólo es referenciado este fenómeno histórico en varios renglones de los distintos historiadores, que paradójicamente dedican centenares de páginas a las guerras libradas por los distintos países europeos, como la Guerra de los Cien años a la cual le dedica el historiador Alfred Raumbaud, cien páginas de su libro sobre la historia de Europa.

Sobre el tema de la peste negra sería Giovanni Boccaccio el encargado de dar a conocer muchos pasajes de tan terrible flagelo ocurrido en Europa y lo hizo por medio de una novelas cortas. Entonces aquí es válida la pregunta: ¿Y los historiadores, por qué el silencio?.

En 1918
Otro de los ejemplos no menos importante es el relacionado con lo ocurrido en 1918, cuando se presentó una pandemia que recibió el nombre de “Gripe española”, en donde hubo al menos 50 millones de muertos. Sobre este tema, en esta época en la medida que Europa se encuentra en plena guerra, podemos encontrar miles de páginas hablando de la Guerra Mundial, pero escasos renglones que hacen referencia a la pandemia que produjo tal cantidad de muertes.

Y digamos también que dentro del proceso de colonización por parte de los europeos, especialmente en América, podemos encontrar una profusa información sobre las guerras, la evangelización, la economía, pero de una manera marginal se habla de lo que significó la llegada del europeos y las enfermedades que introdujeron en la población aborigen. Baste con señalar que en el caso de los Quimbayas, compuesto por una gran cantidad de tribus, se produjo una severa disminución de su población (dos terceras partes aproximadamente), sobre lo cual dicen los cronistas que morían tantos que no se podían contar y los síntomas eran: fuertes dolores de cabeza, fiebre alta, y dolor de oído. El mayor espacio de los cronistas se dedicó a ensalzar las glorias de los conquistadores, haciendo de los hechos históricos una selección conveniente.

Cuando en 1627 llegó el Visitador Real Lesmes de Espinoza y Saravia, encontró tal reducción de la población indígena que optó por crear un pequeño pueblo llamado de Nuestra Señora de las Nieves, en el área que hoy corresponde a la Clínica de Comfamiliar en Pereira, en donde se alojaron los pocos indios que quedaban de Tanambí, Tacurumbí, Consotá, Vía, Yaguas, Pion, Cágamos, y otros.

La historia
Termino citando a Boia: “ Nada es más complejo que la Historia, suma de todo lo que se encuentra detrás de nosotros , ¡todo es historia!. Luego, en especial, la distancia del punto de observación. Historia significa una suma infinita de imágenes mezcladas de diferentes formas, pero no de imágenes primarias, sino de imágenes derivadas, a su vez, de otras imágenes o representaciones. No tenemos acceso directo a la historia y esta relación y esta relación totalmente especial entre el investigador y el objeto de estudio diferencia a la historia de la mayoría de la ciencias”.

En síntesis, dependemos de las “historias” que recogen en su momento los historiadores para conocer los sucesos del pasado, siempre limitados a los intereses que puedan tener quienes dan cuenta de ellos en su momento.

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