Belén de Umbría, como todos los pueblos, viviendo entre la realidad y la ficción para sobrevivir, y dos alcaldes fabulosos.
Ángel Gómez Giraldo
La mujer estaba ya entrada en los 60 años pero se veía más joven porque conservaba lo que todas quieren tener de por vida: una figura esbelta. Sin nada de belleza en el rostro, su expresión era adusta, de persona intratable. Lo pasaba casi todo el tiempo montada en dos animales: su esposo y en un caballo alazán.
Le sobraba valor hasta para defender los prejuicios sociales ya que montaba el animal a horcajadas en una época en que solo lo podían hacer los varones ya que las damas lo hacían de lado luciendo largas faldas para que no se les viera las piernas, pero más por el temor a que si lo hacían a lo macho, la parte más femenina de la mujer podría sufrir maltrato.
Su traje era también de hombre, pero lo que más llamaba la atención de ella era que cargaba machete envainado y pistola al cinto.
Aunque no era una habitante de Columbia, caserío ubicado entre Belén de Umbría en Risaralda y Anserma en Caldas, más cerca al primer municipio, sus habitantes la veían pasar por la única calle que tiene esta localidad, hoy corregimiento del municipio risaraldense. La veían como una aparición.
Pasaba en horas de la mañana en busca del camino a Anserma para participar en el mercado del día sábado y en la tarde de regreso a casa.
Y su casa era la hacienda San Carlos levantada sobre tierras que una vez fueron asentamiento índigena, Tachiguí.
La casa era grande como de terratenientes, de dos pisos con numerosas puertas, ventanas y con largos corredores donde en las noches más oscuras se recreaban ánimas con fantasmas.
Pintada toda de color rojo contrastaba con el verde del paisaje campesino.
Se rumoraba que después de medianoche desde lejos se veía como una fogata encendida por brujas en aquelarre.
Pero lo que más despertaba el pánico entre las personas de Columbia y su cabecera municipal, Belén, era el cuento de que las paredes de la casa amanecían con grafitis pintados con sangre humana, como si hubiese sido campo de batalla en una guerra que nunca se presentó.
La identidad
En verdad el nombre de la mujer inspiraba tanto respeto y temor que todos lo sabían pero nadie se atrevía a pronunciar: Doña Julia Saldarriaga.
Era tan fugaz, no se detenía al paso por el caserío, los niños ni los ancianos eran capaces de conmoverla para darles un saludo y regalarles una sonrisa.
Llegó un día con huracán a las 6:00 de la mañana, y como cosa rara, doña Julia Saldarriaga no se volvió a ver montada en su caballo alazán por el camino a Anserma.
Un día que vino con huracán a las 6:00 de la mañana, cosa rara, desapareció aunque la casa quedó en pie, intacta, había sido construida a comienzos del siglo XIX con madera fina, sobre tierras con abundantes vasijas de barro por la ancestral cultura umbra.
De esta manera y a mediados del siglo pasado, doña Julia Saldarriaga fue la otra Doña Bárbara pues se sabe que en 1929 había sido publicado la novela del escritor venezolano, Rómulo Gallegos, descrita por él como mujer indomable y terrible que la frustración amorosa en su primera juventud la llevó a odiar a los hombres, aunque al final se enamoró de uno.
Después de publicada la novela los críticos literarios sostuvieron que se trata de un conflicto entre la barbarie y la civilización.
Tanto éxito tuvo el libro que en el año de 1975 llegó a ser la telenovela con más audiencia en Venezuela.
Posteriormente, año 2008, fue una novela colombo estadounidense producida por RTI.
Mucho antes, en 1943, los hispano parlantes la habían visto en una película mexicana representada por la actriz María Félix.

Jorge Luis Marín Montes

Jesús Antonio Bermúdez

Lizeth Dahiana Vera, actual reina de Belén, exponente de la belleza de esta municipalidad. (Foto Jorge Alirio Murillo)
Belén
Y es que Belén Risaralda es como todos los pueblos y ciudades de nuestro país, viven entre la realidad y la ficción para sobrevivir.
Leyendas que han sido transmitidas de forma oral entre generaciones y que venimos a conocer hablando con los moradores de la región.
¡Ay Belén!, tierra perfumada con la mejor fragancia del café y de mujeres que nacen con un sonrisa diseñada en el rostro para que las hagan reinas de belleza, y abundan en familias Trujillo, Bernal, Betancurt, Montes y otras.
Era corregimiento
El municipio, en un comienzo corregimiento de Anserma (Caldas), no es tan viejo como otros, apenas tiene 130 años de haber sido fundado, y se ha aguantado 5 nombres:
“El nombre primitivo fue Arenales, luego Higuerón y Belén de Umbría para después dársele el de Mocatán hasta 1931, y de esta fecha en adelante nuevamente Belén de Umbría”.
Igualmente el corregimiento de Columbia, su jurisdicción, ha tenido 4 nombres, y eso que fue zona “goda” cuando los liberales y los conservadores de este país del Sagrado Corazón, falta ver, rezaban juntos en la mañana y por la noche se mataban: El Alto, El Embarrao y terminó denominándose Columbia, bonito nombre.
Y como el alcalde es el principal personaje de un pueblo, tengo dos de Belén que aunque son fabulosos, mágicos, no riñen con la realidad:
El primero se lo dio Columbia a Belén, y con él le puso sombrero de ala ancha al pueblo. O será aguadeño. Cómo será de fabuloso Marín Montes que en sus dos oportunidades de alcalde, convirtió las aguas sucias en potables dándole planta de tratamiento al acueducto, tapizó o mejor pavimentó de arriba a abajo y de abajo a arriba, las vías Belén Punte Umbría, Mistrató, y barrio, ojo no barrió sino que le agregó al pueblo un barrio más: Mocatán. Hizo mucho más pero yo no le creí.
Jesús Antonio Bermúdez. ¡Olé torero! Se le enfrentó al Coronavirus y no lo mató pero lo tiene por los cachos, controlado, mijo.
Dicen que tiene hasta santos de devoción pero yo creo que también demonios. La gente no es como uno cree que es, la gente es como es y punto.



