En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que
escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.
Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.» Palabra del Señor
Reflexionemos juntos
¡Con Dios victoria segura! ¡Fuera el miedo!
En nuestra vida podemos padecer en nuestra propia carne el drama de la persecución, de la humillación, como Jeremías (primera lectura). Pero no debemos temer pues Dios, fuerte defensor, lleva nuestra causa (primera lectura), ganada y ratificada con la sangre de Cristo (segunda lectura). Al contrario sepamos confesar y gritar aquí en la tierra nuestra fe en Cristo, para que Él nos defienda ante su Padre celestial en la otra vida (evangelio). La vida es una lucha continua. Pero con Dios, victoria segura.
En primer lugar, que la vida es una lucha continua, nadie lo niega. Si no, preguntémosle a Jeremías. Fue llamado por Dios a ser profeta cuando no había cumplido todavía los veinte años. El mensaje que tenía que predicar en nombre de Dios resultó incómodo a todos, especialmente a las autoridades, y por eso le persiguieron, le espiaron y le querían poner traspiés e intentar acabar con él. Es modelo de una persona que vivió intensamente la vocación profética y tuvo que echar mano de toda su fe para no perder la esperanza y seguir confiando en Dios. Confió en Dios y por eso ganó la batalla del desaliento. Todos pasamos por situaciones y horas terribles, como Jeremías en la primera lectura: nos traicionan, nos critican y difaman, nos abandonan y nos dejan en la estacada; se ríen de nosotros; perdemos el trabajo y algún ser querido se nos va de casa; una enfermedad va minando nuestra salud; no podemos pagar nuestra deudas acumuladas. Para qué seguir. Situaciones duras y miedos hoy que acechan el mundo, la Iglesia y nuestras familias e hijos son: la ideología del género, hoy en boga; la cultura de la muerte, a la vuelta de la esquina; el secularismo dictador que echa a Dios fuera de la mesa de nuestras decisiones; el ateísmo militante que boxea contra Dios con la hoz y el martillo; y la despersonalización ideológica del católico, que no se sabe a qué va y con quién comulga. Estos enemigos nos hacen temblar. ¡Con Dios victoria segura!
También nosotros pasamos o pasaremos por momentos de dificultad como Jeremías, es un hecho. Que ser cristiano y católico no es fácil hoy día, es una verdad de a puño. Que muchos nos criticarán y humillarán, tengámoslo por seguro. Que nos interpretarán mal, que nos detendrán y tal vez nos golpearán, no lo descartemos. Que algunos nos tenderán esa sutil red de indiferencia y de burla, está claro. Que tendremos momentos de cansancio, de depresión, de flojera en nuestras convicciones cristianas, sin duda. ¿Qué hacer en esos momentos? Jesús no nos prometió que todo nos saldría bien y nos resultaría fácil.
Debemos confiar nuestra causa a Cristo y ser fiel a nuestra fe cristiana, dando testimonio valiente de esa fe delante de todos. En estos momentos debemos escuchar en el corazón la palabra consoladora de Cristo: “No tengáis miedo”. Y Cristo, al decirlo, sabía bien que de sus oyentes, Pedro moriría en Roma cabeza abajo, su hermano Andrés en Patras crucificado en aspa, a Santiago le cortarían la cabeza en Jerusalén y a su hermano Juan le echarían en una sartén, le sacarían ileso y le desterrarían a las minas de metal en Patmos, isla flotante en el Egeo.
Parece que ni un solo discípulo murió en la cama. Que Cristo nos lo diga a nosotros “No tengáis miedo”, es otro cantar. No nos metemos con nadie; ante el materialismo, el hedonismo, el secularismo y otros “ismos” ni la piamos; en las pesebreras de la pornografía nos ponemos morados como los demás, en el matrimonio jugamos a la cuerda floja, trampeamos con el fisco, con el ejemplo enseñamos a los hijos las grandes marrullerías….como los demás. Y si soy sacerdote o persona consagrada, no vigilo mis sentidos ni mis afectos y me expongo a llevar una vida doble en mi corazón; total, “necesito una compensación, pues soy humano”. ¿Voy a tener miedo? ¡Fuera el miedo! Así con Cristo, victoria segura.
Finalmente, el Papa Francisco nos está invitando a todos a la evangelización, a salir, a no tener vergüenza de predicar a Cristo; sueña con una Iglesia misionera que sale, y que prefiere una Iglesia «accidentada y herida por salir a la calle que enferma por el encierro y aferrada a sus comodidades».
Debemos llevar la alegría del evangelio, la ternura de Cristo. ¡Ay de mí si no tengo miedo! Señal sería de que no vivo el evangelio radical, de que no soy testigo de nada, de que soy uno más en la camada de este mundo. Malo sería si nadie me insulta de trabajador a conciencia, de libre en el acoso sindical, de respetuoso con Dios cuando al lado retumba el trueno de la blasfemia, de católico comprometido que pisa fuerte en la estera del respeto humano, de sacerdote y consagrado a carta cabal.
Pues no, señor, no debemos tener miedo porque estamos en las manos de Dios; si Él lleva cuenta hasta de los cabellos de nuestra cabeza y de los gorriones del campo, cuánto más no cuidará de nosotros, que somos sus hijos. No tengamos miedo, no, pues los que persiguen a los discípulos de Jesús podrán matar el cuerpo, pero no el alma ni la libertad interior. No tengamos miedo, pues el mismo Jesús, ante su Padre, dará testimonio de nosotros si nosotros le hemos sido fieles. Seamos cristianos de ley. ¿Dónde está nuestro miedo? Con Cristo por delante, victoria segura.
Para reflexionar: ¿Tengo la valentía, la constancia, la fe, la confianza en Cristo para luchar por Cristo y su evangelio que es Buena Nueva, aunque muchos se incomoden? ¿Me arrugo ante el primer fracaso y dificultad, o me enardezco interiormente? Grita fuerte: “¡Con Cristo, victoria asegurada!”. ¿A qué tengo miedo? ¿A quién tengo miedo? ¿Por qué tengo miedo? ¿Cómo salir de ese miedo visceral que me paraliza? Mirando a Cristo grita: Señor, en vos confío.
El Papa comenzó a movilizarse
“Su Santidad comenzó a movilizarse”, dice la comunicación de la Oficina de Prensa difundido este medio día, del 9 de junio. Anunciando además que el cuadro clínico mejora progresivamente: “Esto le permitió leer los periódicos e iniciar a retomar su trabajo”.
La comunicación del director de la Oficina de Prensa vaticana, Matteo Bruni, dice también:
“El Papa Francisco descansó durante la noche. El equipo médico informa que el cuadro clínico mejora progresivamente y el curso postoperatorio es regular. Tras el desayuno, Su Santidad comenzó a movilizarse, pasando la mayor parte de la mañana en un sillón. Esto le permitió leer los periódicos e iniciar a retomar su trabajo.”



