El exsacerdote, escritor y cantautor José Adelnide Giraldo Herrera

Hoy tenemos a uno de esos invitados maravillosos, que vine a saber que era caldense realmente hace muy poco y vive en Dosquebradas. Estamos hablando con José Adelnide Giraldo Herrera, que es un escritor y poeta de Filadelfia (Caldas).

 

Jorge Eliécer Triviño Rincón 

¿Maestro, en qué lugar de Filadelfia nace usted, y cuál es el recuerdo de ese entorno donde a usted le tocó vivir?

Yo nací en Filadelfia, vereda La Aguadita pequeña, a cerca de 15 minutos del casco urbano, subiendo a Morritos. En ese entorno había un hervidero de familiares: de una parte, mi familia Herrera Zuluaga, con mis abuelos José Jesús Herrera y Josefita Zuluaga, y en la parte de arriba, en el altiplano donde viven los Libreros, vivía el resto de mi familia, por parte de mi padre. Allí estaban Rafael Giraldo y María Jesús González y allí, pues, tuve una pequeña infancia, porque a partir de los cuatro años de edad mi familia se trasladó a unas montañas en Pueblo Rico, acosados por circunstancias de tipo económico y ellos cambiaron sus pequeñas parcelas por una inmensidad de tierra para descuajar. Éramos dos familias; la de mi tío José Giraldo y la de mi padre. Éramos 20 integrantes por todo: diez por parte de mi padre y 10 por parte del tío José. Todos nos recogimos en una casa de bareque y de techo de astilla, en esa zona montañosa, llamada San José

 

Cómo era Pueblo Rico, desde su perspectiva, cuando estuvo viviendo allá después de sus cuatro años de edad. Díganos maestro qué encontraron allí…

Pueblo Rico era una pequeña población del occidente de Caldas, hoy occidente del Departamento del Risaralda. Era entonces una población eminentemente rural, rodeada de montañas y de mucha vegetación, que limita con el Departamento del Chocó, personas humildes, rudas y trabajadoras, con una climatología muy fría. Recuerdo de su plaza principal unos camiones que eran para mi gigantescos, rodeados de una neblina espesa y adentro, a una hora y media de camino, estaba la finca de mi padre, en la vereda San José, donde nosotros lo acompañamos durante todo ese tiempo. Realmente tengo muy pocos recuerdos de esa parte, tal vez por mi temprana edad, salvo de la montaña salvaje, salvo de la jungla, de los árboles de aserrío, del hambre que también padecimos durante todo ese tiempo que permanecimos en esa región.

 

Ustedes llegan allí, y están en ese lugar. ¿Para dónde cogen?, ¿Cómo hace su padre para la educación de tantos hijos, y cómo fue realmente esa parte de juventud y de adolescencia suya en la vereda de San José, de Pueblo Rico?

Una vez que mi padre se desencantó y se dio cuenta que no era posible sostenernos a base del aserrío, nos fuimos a vivir a Cuanza, otra vereda más adentro y allí mi padre administró una finca que tenía producción de caña y café. Allí, nosotros tuvimos una pequeña abundancia, en comparación con lo que estábamos viviendo anteriormente, y mi padre también fabricaba aguardiente de contrabando en un zacatín que tenía y por las noches llegaban los dueños de la finca que vivían cerca de la que administraba mi padre y venían con instrumentos de cuerda. Los dueños eran los Jiménez, Felipe Jiménez y el otro hermano, cuyo nombre no recuerdo y allí iban a tocar y a cantar durante las noches, mientras mi padre sacaba debajo de las camas las botellas de aguardiente y se hacía una noche muy agradable. Yo era muy pequeño, pero me sentaba al lado de los Jiménez a verlos tocar y de allí nació todo mi interés por la música. En esa vereda hice mi primer año de primaria y pasamos al pueblo poco tiempo después, donde, igualmente duramos muy poco. Luego regresamos a Filadelfia, donde repetí el primero de primaria. Nuestra estadía fue igualmente muy corta, regresando a Santuario en los años 50, donde hice toda la primaria y gran parte del bachillerato, hasta el momento en que me vine para el Seminario Menor de Pereira donde hice el quinto de bachillerato.

 

¿Por qué lo reciben allá o por qué decide usted estudiar en el Seminario?

Todo esto lo narro en mi novela DESPUÉS DE LA SOLEDAD, que habla de la soledad sacerdotal y que cuenta toda la historia de mi experiencia de soledad, hasta el momento en que me retiro del sacerdocio, me caso y tengo los hijos. Esa novela la estoy promoviendo para las personas que de pronto estén interesadas en conocer toda la historia y como fue la vida del Seminario. Tú me preguntas, por qué fui admitido en quinto de bachillerato en el Seminario menor, yo hice hasta cuarto de bachillerato y al año siguiente no había quinto y coincidencialmente el señor cura de mi pueblo, me dio la beca para estudiar en el Seminario menor. Allí hice el quinto de bachillerato. Nosotros pasábamos de quinto de bachillerato al Seminario Mayor de Manizales y allí, durante el primero y segundo de Filosofía, validábamos el sexto de bachillerato. Así que, en Manizales, obtuve mi cartón de bachiller.

 

¿Qué le aporta en la parte personal el paso por el Seminario a cualquier persona?

Para mí fue una gran salvación. Porque, pues, tú te puedes imaginar un campesino del nivel económico de mi familia y demás… no tendríamos la oportunidad de hacer un estudio universitario, dadas las circunstancias, o sea que fue providencial el hecho de que yo haya podido pasar al Seminario menor y posteriormente al Seminario mayor, y ordenarme sacerdote a fines del año 1969. La formación de vida del Seminario es una formación integral. A mí me aportó todo un mundo de conocimientos, toda una experiencia de integración con jóvenes de diferentes partes de Colombia, poder conocer sus diferentes niveles culturales y, además, abrirme la puerta al mundo de las letras; y en un medio tan culto y tan protector, como era la vida del Seminario, todo fue para mí, mágico; fue bendecido y la vida de Seminario para mí fue todo en la construcción del hombre que hoy soy; un hombre optimista, un hombre alegre, un hombre abierto al mundo y que sabe ser agradecido con todo lo que recibió de la vida, hasta el momento en que estoy hablando contigo.

 

¿Y dónde ofició como sacerdote, Adelnide?

Yo me ordené para la Diócesis de Pereira. Era el obispo Monseñor Baltazar Álvarez Restrepo. Era, entre otras cosas el primer obispo de la diócesis de Pereira y la primera parroquia que me correspondió, fue en el municipio de Apía Risaralda. Allí estuve entre los años 70 al 71. En el 72, pasé como Vicario cooperador de la Virginia y en el 73 yo ya estaba en Pereira, como párroco del Santuario de Fátima. De allí pasé a ser elegido para la parroquia de la Trinidad y finalmente fui nombrado como párroco en el corregimiento de Arabia, hasta el año 1980, donde yo le pasé la carta de renuncia al señor Obispo y le pedí que me diera la reducción al estado laical, para poderme retirar y llevar una vida totalmente independiente y poder buscar finalmente a la que hoy es mi esposa.

 

¿Cómo fue esa motivación? ¿Qué ocurrió en ese instante preciso en que usted decide abandonar los hábitos? ¿Tuvo muchas dudas, o realmente fue decisivo en ese instante? Entiendo que su decisión fue muy fuerte. ¿Qué pasó entonces?

Desde el momento en que yo estaba de párroco en el Santuario de Fátima, empecé a experimentar algún fenómeno de soledad sacerdotal. Ese hecho de regresar después del trabajo en los colegios… porque yo fui capellán en dos colegios y párroco a la vez. Yo regresaba a la iglesia y me sentía encarcelado. Me sentía solo, entre otras cosas, la edificación de la parroquia estaba sin terminar y había qué entrar directamente por la puerta central de la iglesia, para ir al dormitorio y de allí, salir y cerrar, para ir a las clases en los colegios. Entonces, esa soledad me marcó demasiado. Cuando llegué a La Trinidad, pasó algo similar, aunque ya participaba de alguna comunicación con los demás sacerdotes y con la comunidad. Tenía mucho más intercambio; pero empecé a sentir esa necesidad de retirarme y de buscar una vida totalmente independiente, diferente a la que había escogido inicialmente como sacerdote; entonces yo soporté durante cerca de siete años ese conflicto, hasta que llegó el momento en que fui donde el Obispo a pedirle que me diera la reducción al estado laical para poderme retirar.

 

¿Cuál fue la reacción del Obispo? Usted estaba aún muy joven y llegar a encontrar que usted decide abandonar los hábitos…

El Obispo se sorprendió y se echó físicamente para atrás. Sintió como un mazazo, porque él nunca se imaginó que yo me iba a retirar, a pesar que habíamos tenido algunas dificultades, y que podría él pensar que era ocasionado por esas dificultades que teníamos él y yo; pero no era por eso. El Obispo intentó durante más de dos meses retenerme y finalmente llegó un día en que yo fui a pedirle ya definitivamente me diera la reducción y sacó un documento del escritorio y me dijo: “Vea, aquí tiene esta beca para ir a estudiar liturgia a Bélgica. Yo la tengo aquí guardada para usted para que no vaya a creer que yo no he estado pensando en usted. Y la estiró con sus manos para que yo la recogiese. Yo efectivamente me asusté, le mostré al Obispo mis brazos y le dije: Señor Obispo. Mire cómo me pongo. Se me ha erizado la piel, porque toda la vida he sido estudioso y demás, pero monseñor yo ya tomé una decisión muy madura y definitivamente quiero retirarme. Entonces el Obispo llamó al Jurídico y le pidió que redactara en latín la licencia que ahí también muestro en mi novela.

 

¿Cómo iba usted a componer el rumbo, después de estar ahí todos esos años ejerciendo en esa parte religiosa?

Pues ese fue un problema que yo tenía que enfrentar. El Obispo incluso me preguntó: “Pero eh, mi querido padre ¿Usted qué va a hacer después que se retire? Y yo le dije Monseñor yo no le tengo miedo a la vida. Yo en estos momentos estoy como el bachiller que toma su diploma y lo lleva bajo el brazo, sin saber qué camino coger; pero, la verdad monseñor, yo sabré cómo me voy a defender. Entonces, al retirarme, la única opción que tuve fue escoger salirme de aquí de este ámbito del departamento del Risaralda y viajar a Bogotá donde unos familiares, para ver cómo me abría paso en la vida. Ya en Bogotá tuve momentos supremamente difíciles, eh, porque no encontraba qué hacer, hasta que me dediqué a la venta informal, fui administrador de un almacén, fui vendedor de muebles en Mogador, vendí lubricantes puerta a puerta, me contraté con una ferretería… La situación en todas las formas se me presentó difícil… en fin, hice todo el trabajo de búsqueda, hasta que terminé finalmente viajando hacia Cali a representar una empresa textil que pocos meses después quebró; y fue cuando tuve que volver a la maleta, para presentarme como importador, siendo que en mi maleta llevaba algunas muestras adquiridas en los San Andresito y yo las mostraba como vendedor al por mayor y con eso me sostuve hasta que regresé a Pereira.

 

Bueno, realmente fue una situación difícil que usted, me imagino asumió con una valentía extraordinaria. Verse en esa condición, sin una preparación para enfrentar esa situación que usted mismo había creado. ¿Cómo le fue en Cali, Adelnide?

Yo creo que, a nivel económico, ni en Cali, ni en Bogotá tuve la respuesta económica que yo quería. Por esa misma razón decidí regresar a Pereira y aquí ya me vinculé con las Piscinas Olímpicas, como administrador y después me vinculé a un directorio Conservador, llamado Unificación Conservadora y allí estuve hasta el año 1990, donde inicié una pequeña empresa privada. 

 

 ¿Cómo le pareció el cambio que tuvo entre la vida religiosa y enfrentar al mundo que no es nada fácil?

Ser sacerdote es una misión muy sagrada, demasiado importante. Yo así lo considero, a pesar de saber que en últimas yo buscaba una compañera y gracias a Dios lo logré. Una excelente compañera. Afortunadamente durante mi vida sacerdotal fui bendecido, porque las comunidades siempre me quisieron, por los lugares que caminé; sin embargo el problema de la soledad sacerdotal llegó a ser tan fuerte que ese cambio, a pesar de salir de una situación social cómoda donde la comunidad lo recibe a usted con los brazos abiertos, sobre todo en una comunidad tan católica, como es la occidental y tirarse a la calle donde uno ya es un total desconocido, un número más, un habitante más de este mundo, sin cartones de ninguna naturaleza, ni comodidades; por supuesto que es un cambio brusco; pero yo lo acepté con mucho amor y me sentía feliz en medio de la calle, con el maletín en la mano, recibiendo la lluvia, desprotegido y con unos deseos inmensos de regresar a ver qué alimento podía tomar; pero la felicidad de ser yo mismo, de vivir esa vida que yo había escogido y no te lo digo Jorge Eliécer por creerme el gran héroe, ¡no!, no fue así; aún más, si tú me preguntas qué es mejor, yo diría que para muchos sacerdotes: ser sacerdote; para mí ha sido mejor el que actualmente soy, porque estoy viviendo lo que yo quería vivir, aunque me costara un poco más; aunque la cuota de bienestar económico se fuera al piso. Yo me siento supremamente agradecido con la vida, de poder llegar al punto en que actualmente estoy.

 

¿Hubo algún momento, maestro, en el Seminario en que ustedes están recluidos y tienen tiempo para meditar, alguna voz interior le dijo: Este no es el lugar, ¿usted debe buscar algo distinto? ¿Qué le dijo esa voz?, porque ustedes tenían mucho tiempo para estar consigo y para encontrarse realmente, porque ese lugar es para encontrarse lógicamente buscar a Dios y hablar de Dios; pero también encontrarse.

Pues hombre yo me sentí bien. Sí hubo algunos momentos en los que de pronto con mis compañeros de música, porque yo tuve en el Seminario una estudiantina; y nosotros solíamos tocar en efemérides en algunas partes, incluso en el batallón Ayacucho y demás; hasta el punto que llegó el momento en que nosotros vislumbramos la idea de volarnos del Seminario, coger nuestros instrumentos y empezar a viajar por el mundo a dedo, o en autoestop; sin embargo al momento de tomar la decisión, vimos que la cosa no era como tan fácil y renunciamos; pero fueron momentos pasajeros; el resto, yo fui muy convencido de mi vocación sacerdotal. Creo que la única experiencia que yo puedo terminar de decirles es que la vida vale la pena vivirla, y vivirla como dicen los ñeros: “A lo bien”, es decir si su conciencia le pide a usted cambiar de ubicación y romper con algo que lo está convirtiendo en un lastre para su misma felicidad y la de los que lo rodean, ¡hágalo! Tome la decisión.

Manizales Caldas. abril de 2025

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -