Nos lleva a una aventura maravillosa e inútil, pues ya todo estaba planteado en la superficie, desde la primera página, solo que invisible a los ojos de quienes se resisten a aceptarlo.
Hugo Reyes Saab
Hay un sino que gobierna a los habitantes que osan tener esperanza en estas tierras malditas. Una ansiedad que los hace andar hacia ninguna parte, un entusiasmo tan fuerte e inútil, como el del hámster en la trotadora: por más que lo intente, todo esfuerzo será vano, su destino es circular.
Mateo Quintero Segura, a través de una arquitectura narrativa similar a la de una muñeca rusa, invita al lector a destapar, uno a uno, los cuerpos de historias entrelazadas gracias a la intervención de narradores múltiples; un acto coral en el que los implicados expresan su esfuerzo por sobrevivir a situaciones que los exceden.
Sus relaciones afectivas, pasionales o paternales, los pierden por laberintos sinsentido, por dolores inconfesados, e instinto de supervivencia que al mezclarse hacen lo único que saben hacer bien: sobrevivir, aunque de mala manera.
La novela de Mateo no solo comparte la voz y el sentir de lo humano; también concede protagonismo a los seres inanimados: hay unos que guardan silencio, como el alcohol que viaja por las venas de los protagonistas o las ruinas de los edificios los cuales son un recuerdo de la grandeza del pasado; otros más contundentes, como el Viaducto que observa a la gente que lo transita día a día, esa que se balancea en el borde para mantener el equilibrio y no caer en el abismo; ese ser envidioso de lo que sienten las personas y no las cosas, pero que, a fuerza de convivir, termina por mancharse con la sangre de sus tristezas. Al final nos explica, de qué material están hechos los corazones rotos.
El juego de Matrioshkas —las muñequitas rusas que el lector cree necesario destapar para descubrir el sentido oculto de la narración— resulta ser un artilugio hábilmente manejado por el escritor. Es un engaño que nos lleva a una aventura maravillosa e inútil, pues ya todo estaba planteado en la superficie, desde la primera página, solo que invisible a los ojos de quienes se resisten a aceptarlo: hay pueblos como el nuestro, condenados al sufrimiento y a la destrucción.
El autor
Mateo Quintero Segura. Pereira. (1998). Es Licenciado en Español y Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira y ha sido merecedor de la beca Jorge Roa Martínez. Ha ganado los concursos de cuento corto Felipe y el XV concurso de cuento de la UCP. Además, obtuvo el segundo lugar en el certamen de novela Jóvenes Talentos de la Editorial Planeta y la Librería Nacional.
Es autor del libro “La frenética desazón” de Fallidos Editores. Sus crónicas, ensayos y cuentos se publican con constancia en La Cola de la Rata, Ojo al Eje y El Diario del Otún.



