Historias contadas con toda la magia que tiene nuestra realidad, y el alumbrado navideño que llegó tarde a Pereira.
Angel Gómez Giraldo
Tardó tanto el alumbrado navideño este año en Pereira que apenas la noche del viernes ocho de diciembre, fecha que Colombia ha señalado para celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción, se prendieron las luces a la manera de ensayo en los principales sitios de recreación urbana, mientras que otras ciudades del país brillaban ya con luz propia desde que entró el mes más alegre del año.
La tardanza hizo que muchos de los ciudadanos mostraran disgusto con la administración local.
Sin embargo, la historia se repite ya que gracias a ésta sabemos que a oscuras y sin alumbrado eran las calles de Pereira en el año de 1906.
Circunstancia esta que llevó a que el alcalde de la época, Valeriano Marulanda, recibiera muchas quejas.
Pero el burgomaestre no se hizo esperar y respondió a sus críticos de la siguiente manera:
“No hay alumbrado con lámparas de petróleo y las calles están oscuras como la boca del lobo y no veo tanto afán si aquí están acostumbrados a acostarse temprano”. Para terminar, añadió con tono humorístico:
“Así viven más tranquilas las mujeres y aumenta la natalidad”.
Ahora, cuando por fin se encendió la noche del viernes 8 de diciembre, después de algunos intentos fallidos, quizás por problemas de instalación, el público ansioso y expectante reunido en El Lago y la Plaza de Bolívar celebró con aplausos y expresiones de alegría a las 8:00 de la noche.
Y fue algo parecido a la noche del 30 de enero del año 1914, fecha en que la población pereirana dio muestras de estar exultada por la llegada de la luz eléctrica.
Se cuenta que tales expresiones de alegría no fueron cosa de una sola noche ya que se hizo todo un carnaval pues el jolgorio se prolongó por tres días.
La ciudad se vistió de gala para recibir el primer rastro de progreso que la colocó entre las pocas ciudades que gozaban de tal beneficio, cuentan los cronistas de aquella época.
Cien lámparas eléctricas iluminaron las calles y 50 a las viviendas, fue el informe oficial proveniente de la Alcaldía Municipal de Pereira.
Desde allá, seguramente, surgió la costumbre de poner bombillo rojo en la puerta de entrada a las casas de citas que a comienzos del siglo XX ya eran muchas y lo que señalaba la presencia de las que fueron mal llamadas mujeres públicas quienes vivían aisladas y encerradas.
El trans
Ante tanta algarabía por el alumbrado, pocos se fijaron de la puesta en escena de un joven trans que, para no seguir pidiendo la inclusión social, una vez pasado el golpe de la emoción colectiva, apareció bajo la góndola de las veraneras de El Lago.
Apareció sentado en posición de lado y con las piernas cerradas.
El, delgado, casi sutil cubierto el cuerpo con ropa usada pero limpia
Al observarlo se veía concentrado. Solo en su propio mundo sin importarle nada de lo que estaba a su alrededor. Ni siquiera la luz que lo hacía resplandecer.
Sin embargo, no llamaba la atención por su estadía allí sino por la acción personal a la que se dedicaba sin importarle un chachafruto o eso del “qué dirán” de las demás personas, que ya poco escandaliza porque desde hace tiempo galopa la frase de que todo es normal.
Concentrado el joven en lo que hacía casi con los ojos cerrados, y que no era otra cosa que pulir las uñas de la mano izquierda con una lima de cartón de lija que manejaba con la otra mano.
Estaba en su mundo. Los demás mundos no lo distraían verdaderamente.
Sabía que tenía manos lindas y debían verse bien presentadas.
Tan blancas que alcanzaban a ser ebúrneas, repujadas como una silla real a pesar de tener poca talla.
Ni muy grandes ni muy pequeñas con dedos bien hechos y proporcionados para uñas recortadas como las que tienen los hombres de pelo en pecho que ya no hay.
De verdad que la presencia del personaje debía haber llamado más la atención de todos aquellos hombres que buscan en el Lago Uribe Uribe de Pereira ángeles con capacidad para hacerles la vida un infierno.
La huída
Imposible decir a qué hora de la noche desapareció el trans pero es fácil calcular que huyó cuando pudo comprobar que las uñas de ambas manos estaban a la altura de sus más grandes atractivos físicos.
Además, que no representaban un riesgo de caer en la tentación de pellizcar por una infidelidad de amor.
La psicología consultada enseña que el transexualismo es un estado que se da al tenor del cual el individuo experimenta gran malestar e inadecuación por pertenecer a un sexo biológico determinado, acompañado por el deseo de cambiar de anatomía sexual y vivir como miembro del sexo biológico contrario.
Esto no pasa con el travestido quien obtiene gratificación sexual y alivio de la ansiedad sintiéndose con ropa del otro sexo.
La diferencia de estos con los transexuales es que no muestran ningún interés por convertirse en un miembro del sexo contrario ¡Hágame el favor!
Pasa y acontece como decía la dueña de una floristería y amiga mía que tiene el negocio más acreditado que los caldos de “Palomo”, que algunos hombres que visitan con frecuencia El Lago han terminado dando la vuelta completa a su sexualidad.
“Son hombres con esposa, pero con tendencia a la bisexualidad”, aseveraba.
Finalmente, si la Pereira de ayer terminó viviendo todo un carnaval con la llegada de la luz eléctrica por primera vez a la calle y a los hogares, la Pereira de hoy por hoy celebrará esta iluminación decembrina por más de un mes. ¿Sí o no que la historia se repite?



