Vargas Llosa ofrece una mirada crítica a la sociedad del siglo XIX, el feminismo y la búsqueda de la identidad del pintor de la obra “¿Quiénes somos?”.
Óscar Aguirre Gómez
Estoy leyendo mi primer libro de Mario Vargas Llosa, autor que, lo confieso, nunca había leído. Se trata de una novela acerca de Flora Tristán y de Paul Gauguin, “El paraíso en la otra esquina” La revolucionaria fue la abuela del pintor postimpresionista.
Vargas Llosa, el escritor, político y periodista peruano, quien falleció recientemente, había obtenido el premio Nobel en 2010. En la novela que cito, el autor presenta de modo alternado la vida de cada uno de estos personajes. Es decir, comienza con Flora y sigue con Paul y así sucesivamente. El libro se presta para leerlo salteado. Es así como he leído varios capítulos en desorden, sin que pierda la coherencia, aunque no es lo más recomendable.
“El paraíso en la otra esquina” es una narración hecha con meticulosidad y maestría, donde el lector, esa es la palabra, es un espectador en un ambiente vivo. La novela empieza, naturalmente, con Flora y termina con Paul. A través de sus 22 capítulos (487 páginas, edición Alfaguara, 2003) se vive el drama de ambos personajes históricos. Vargas Llosa ofrece una mirada crítica a la sociedad del siglo XIX, el feminismo y la búsqueda de la identidad del pintor de la obra “¿Quiénes somos?”.
Flora Tristán fue abuela de Paul Gauguin, hija de Alina, uno de los hijos de Flora. De ésta se ha dicho que era hija de Simón Bolívar O sea que de ser cierto, el famoso pintor sería bisnieto del Libertador (en la revista Iris, edición virtual Nº 88, publiqué el artículo de mi autoría “Flora Tristán, hija de Bolívar”.
Nadie había escrito antes de Mario Vargas Llosa la vida de estos dos personajes juntos y mezclándolos en una amalgama literaria como solo él lo sabe hacer, dando como resultado una obra única. Flora Tristán, autora y activista francesa del siglo XIX, dejó una huella importante con su obra “Peregrinaciones de una paria”, 1838. Esta obra autobiográfica, explora la condición social y política de las mujeres, además de narrar las propias experiencias y reflexiones de Flora. En “La luna y seis peniques”, 1919, novela del escritor británico Somerset Maugham, se describe otro Gauguin que tiende a ser el mismo que conocemos, aunque presentado de modo diferente. Es una novela singular. De ella se hizo una película (1942) del director Albert Lewin.
“Cuando, el nefasto 24 de septiembre de 1844, recién llegada a Burdeos, Flora Tristán aceptó aquella invitación para asistir, desde un palco del Grand Tèâtre, al concierto del pianista Franz Liszt, no sospechaba que aquel mundano acontecimiento, donde las damas bordealesas iban a lucir sus joyas y elegancias, sería su última actividad pública”. Así comienza Vargas Llosa el penúltimo capítulo de “El paraíso en la otra esquina”. Luego, en el capítulo final, observa la ronda del juego infantil de un grupo escolar de niñas. Una de ellas pregunta:
“—¿Es aquí el paraíso?
—No, señorita, aquí no. Vaya y pregunte en la otra esquina”. Le responde otra niña. Es de este juego que toma su título la novela. Juego que practicaba Paul Gauguin de pequeño, según le dice a una monjita.
“—Un lugar donde usted nunca entrará”, complementa la religiosa.
Invito pues a los lectores a leer “El paraíso en la otra esquina” y adentrarse apasionadamente en los recovecos de las vidas de Flora Tristán y Paul Gauguin, seres unidos por la misma búsqueda: la que nos lleva inevitablemente a cuestionarnos nuestro destino en el mundo
Dosquebradas, mayo de 2025.
El libro
El Paraíso en la otra esquina trata de la vida de dos figuras históricas: Flora Tristán y su nieto, el pintor Paul Gauguin. Ambas personas no se conocieron en la vida real, la novela mantiene esa situación pero intercala en cada capítulo las dos historias con las búsquedas personales de cada uno de los personajes.
Por un lado Gauguin buscando el paraíso tanto en Bretaña como posteriormente en Tahití. Así el pintor se adentra en una búsqueda constante de la pureza total de la vida sin convenciones que las refleja en su arte y en su forma de ver la vida. Y por otro lado la vida de Flora Tristán, que se lanza a una cruzada por Francia en pro de los derechos de la mujer y de los obreros.
Dos vidas al parecer totalmente opuestas coinciden en una lucha por un mismo objetivo, la búsqueda de un ideal perfecto, la búsqueda de un paraíso perdido.
La obra encierra un profundo mensaje sobre la condición humana: la utopía es propia de la estructura del ser humano, toda persona persigue su utopía, su felicidad, su sueño, muchas veces inconcluso, otras trunco, cuando no imposible.
Tanto Flora como su nieto Paul son seres apasionados que luchan por sus ideales. Mientras Flora debe luchar contra una sociedad machista, en la que las mujeres no tienen derecho a expresión y deben estar sometidas a los hombres, Paul disfruta de su vida cargada de amantes y pasión.



