El perfume de la pandemia

Ángel Gómez Giraldo

La gente también es como huele. Una mujer que huele a Carolina Herrera no huele a lo que huele su imitación, travesti que camina enroscado.
Un hombre que huele a Hugo Boss no es un habitante de la calle, y si el perfume lleva feromonas, “atracción total”.

Existen personas que son irresistibles por la fragancia que llevan. Y no vayan a creer que no, pues hay mujeres que van a todas partes con un hombre que hule bueno mas no dan un solo paso con él si les huele mal.
Una mujer del espectáculo de club nocturno de Dosquebradas se empeña en sostener que no hay hombres feos sino de mal olor

Día fatal
Un día después del 6 de marzo de este año en que el coronavirus entró a Colombia y el gobierno impuso el confinamiento de la población, el perfume desapareció de las calles de la ciudad.
Con la población en cuarentena olían unas veces a polvo seco y otras a suelo mojado.
Muchas mujeres impedidas para salir de casa descuidaron su presentación personal, y en las mayores las canas volvieron a aparecer al perder el teñido del cabello. Hasta el interés por el baño diario se perdió, se atrevían a confesar algunas.

Para que perfume si era obligación permanecer en casa y es para buscar acercamientos en el espacio público.

Días abandono
Fueron días de abandono personal pues al fin y al cabo lo había impuesto la maldita distancia social.
Los esposos y parejas estables también tomaron distancia en el hogar para evitar el contagio y dormían en camas separas.
Y créanme que estuvo bien porque ninguno se podía quejar de malos olores.
Después se supo que había quien perdía el olfato de manera total y no olían ni el fuerte olor del formol.
El susto fue mayor, cuando supieron que se trataba de uno de los síntomas de la “gripita” que había llegado en avión del lejano país de la China.

Entonces les llegó el caos a las perfumerías del comercio organizado. Las ventas de lociones y otros afeites bajaron en un 60 por ciento con el cierre de almacenes y centros comerciales.
Los distribuidores de perfumes al igual que los comercializadores añoraban desde el encierro de sus apartamentos los mejores tiempos de las lociones, aquellos en que hombres y mujeres antes de salir a la calle recitaban mientras se aplicaban el perfume: “Por aquí, por aquí….y por si acaso”.

Momento crítico
Cuando se extendió el tiempo de la cuarentena en todo el país, “guao”, fue el momento más crítico para el negocio de la perfumería. Era más fácil vender lo que no está para la venta que una loción.
Las señoras de alta sociedad que al quebrar económicamente sus esposos se habían convertido en expertas vendedoras de lociones por catálogo fueron presa de la angustia existencial al no poder salir de casa a ofrecer la olorosa mercancía.

Hasta el ordinario pero alebrestado pachulí como que había parado las pastas porque no se volvió a sentir en las calles ni a oír hablar de él. Pachulí, ¡pobrecito! tanto que los más presumidos despotricaban de él por escandaloso y montañero.

Era tan calumniado el ordinario pachulí que tenía fama de ir siempre con la verdulera y la putana pobre o en la compañía de un ñero.

El palacio del perfume
Con un San Andresito cerrado, donde están aquí los mejores perfumes al mayor y al detal y tapabocas en el rostro, la pandemia era inolora en todas partes.
Ni siquiera en El Palacio del Perfume, ubicado en el nivel 3 de este centro comercial se podía sacar un buen olor: fuera de servicio.

De un momento a otro el buen olfato de su propietario, Rigoberto Noreña, oriundo del pueblo de Ginebra en el Valle del Cauca, llamado el Palacio de la Montaña, puso la nariz donde era y se dedicó a entregar sus lociones a domicilio haciéndoles saber a sus clientes que el alcohol, principal ingrediente, es bueno para matar el covid – 19. Su argumento convincente le dio el éxito como vendedor de lociones a domicilio.
“Yo llevo casi 3 décadas con el negocio de los perfumes y es bueno porque vivo como un cardenal al lado del Papa”, me cuenta ahora que el comercio de Pereira volvió a abrir sus puertas, claro está cumpliendo con las normas de bioseguridad.

Puede ser que estando Rigoberto otra vez entre sus lociones le huele mejor el coronavirus.
En cuanto a mí, tanto olor a finas lociones y perfumes de las mejores fragancias me hicieron recordar que los médico y personas que trataban a las víctima de antiguas pestes llevaban traje especial que les cubría todo el cuerpo más una máscara con ojos de cristal y una larga nariz llena de perfume porque el principal ingrediente es el alcohol que mata el microbio.

La crisis de la pandemia también afectó la perfumería, cuyas ventas según estimativos, bajaron en un 60 por ciento

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