Mejía y Valencia, 40 años de música

La dupla Mejía y Valencia celebra Bodas de rubí musical, llevando con corazón y alma la música andina colombiana.

Mariana Suárez Guarín

El Dueto fue fundado como “Mejía y Valencia” un 13 de Julio de 1980, mientras atendían una reunión social entre sus familias y dado el impacto musical que esta y otras reuniones musicales estaba produciendo. Pero 10 años atrás ya se conocían y compartían pupitres estudiantiles, pues fueron compañeros del colegio Deogracias Cardona de Pereira, del que egresaron como bachilleres en 1969 (hace ya 50 años largos), para luego forjar sus carreras universitarias de Médico Veterinario (Fernando Valencia) y Contador Público (César Augusto Mejía) en Manizales y Armenia, respectivamente, al tiempo que emprendían su gran trabajo musical, como César y Tito, o como César y Fernando. Culminaron en la Facultad de Bellas Artes de la UTP de Pereira la Licenciatura en Música como carrera profesional.

¿En 40 años de “matrimonio musical” qué destacan de cada uno de ustedes para mantener firme el dueto?
Para llegar a unas “bodas de rubí” se requiere no solo compartir conocimiento y experiencia musical sino también- lo más importante- aceptar y administrar las diferencias en la forma de ser de cada quien, como componente de una palabra mágica, corta en extensión, pero profunda de contenido, cual es la “convivencia”. Ahora bien, de Valencia (el Tenor) sobresale su fuerza interpretativa combinada con una voz potente que provoca emotividad por doquier. En Mejía (el Barítono) se destaca la composición poético- musical y el arrullo de su voz amalgamada que, unida a la voz potente, arroja como resultado un producto musical equilibrado y gustador.

Mejía y Valencia es una familia de guitarras, canciones y bambucos. ¿Hay quienes hereden esta tradición?
Por supuesto. En lo familiar, tanto las hijas de Mejía como la mayoría de sobrinos en las dos familias tienen componentes musicales arraigados que dan fe del paso por la vida de esta dupla de artistas que por varias décadas han entregado su corazón y su música en escenarios tanto sociales como familiares. En lo artístico, entre los 80 y 90 hubo ausencia preocupante de ejecutantes de música típica colombiana; entonces, surgió este Dueto para iluminar el sendero musical de la patria y con tal motivación pocos años después se dio inicio a semilleros de música andina colombiana tanto en la UTP como en la Fundación del Bambuco Colombiano.

¿Compártanos alguna anécdota especial que los haya marcado como dueto?
Muchas anécdotas para referirnos a una marcación duetal. De recordar, por ejemplo, que decidimos retirarnos de los concursos cuando estábamos en la flor fecunda de los triunfos en concursos y cuando faltaban algunos por cosechar. Un Maestro, jurado Calificador y analista musical, un día cualquiera del año 2003 se refirió a Simón Bolívar y nos recordó su frase: “Con los tiempos crecerá vuestra gloria como crecen las sombras cuando el sol declina”. Allí entendimos que debíamos retirarnos de los concursos aprovechando la fama posicionada hasta ese momento, y lo hicimos. Desde entonces y hasta hoy, el Dueto es recordado desde sus logros, no desde su decadencia, que al parecer aún no llega.

¿Qué es lo mejor de toda esta trayectoria?
Lo mejor para la vida del Dueto: esa ganancia de amigos y adeptos por lo que se canta desde Mejía y Valencia; ese legado musical de cuatro décadas que pocos logran. Como ejemplo, para mencionar solo dos de nuestros grandes duetos antecesores, “Garzón y Collazos” duró en escena 39 años, y el “Dueto de Antaño”, 41 años; Mejía y Valencia está justo en ese promedio (40 años). Y como conclusión: la satisfacción de una labor cumplida y heredable, recordataria a presente y futuro por la humanidad. En este punto, rendimos homenaje de afecto y gratitud a quienes fueron los primeros instrumentistas de Mejía y Valencia: los Maestros Benjamín Cardona Osuna (Tiple), Licenciado en Música de la UTP, y Víctor Hugo Flórez Salazar (Requinto), Piloto de aviación comercial y privada quien, al lado del tiplista, nos puso a volar en notas musicales a través del tiempo y del espacio. Con ellos el Dueto obtuvo prácticamente todos los premios en su trayectoria musical, entre 1998 y 2005.

¿Qué opinan de la nueva generación bambuquera?
Prevalece la “música colombiana tradicional”, pero a la vez se abre paso la denominada “nueva expresión” de la música colombiana. Aquella, es garante de la preservación de raíces que dieron origen a nuestras formas de música. Ésta, trae consigo elementos modernos que adornan el lenguaje de la música actual, todo lo cual responde afirmativamente la pregunta acerca de que sí hay talento en el Eje Cafetero y en Colombia entera. Mejía y Valencia logró contagiar de música colombiana a la generación de hoy. Es así como en la actualidad cuenta con jóvenes instrumentistas del más alto calibre musical quienes durante los últimos siete años han acompañado al Dueto con lujo de detalles. De ellos, varios son Licenciados en Música egresados de la Universidad Tecnológica de Pereira y otros ya están culminando sus estudios en esa alma mater. Pero todos poseen pergaminos personales dignos de envidiar, como, por ejemplo: Diego Alexander Largo (Bandola), integrante del Grupo Ensamble Sinapsis, que fue Gran Premio Mono Núñez 2015, y como Eliana Marcela Fernández (Tiple) y María Alexandra Hoyos (Bandola), quienes en este mismo Concurso obtuvieron el Premio “Pacho Benavides” como la Mejor Tiplista”, y Premio “Diego Sinisterra” como la Mejor Bandolista, respectivamente. Y como intérprete de Xilófono, Cajón, Cortinas y otros instrumentos sonoros acompaña al Dueto la Maestra Natalia Muñoz, percusionista de prestigiosas agrupaciones como la Banda Sinfónica de la Secretaría de Cultura de Pereira, la Orquesta de Cuerdas Pulsadas de Risaralda y el afamado “Conjunto Batá”. Se trata, pues, de jóvenes figuras promisorias quienes dan fe de la continuidad inequívoca de la Música Andina Colombiana.

¿Cómo están trabajando en este período de cuarentena?
Deja nostalgias añorables, como los aplausos presenciales en cada actuación, los abrazos de colegas musicales y de amigos, los remates inevitables después de cada concurso, o el sentirse en un escenario propio, cada vez como en un segundo hogar. Pero también trae nuevas expresiones; rostros frescos vistos desde la virtualidad; nuevos formatos de público antes desconocidos; países e incluso continentes enteros escuchando- de primera mano- música típica colombiana que antes ni había escuchado ni conocía. Entonces, dicho en lenguaje paisa, van unas por otras. Estamos aprendiendo a dar “serenatas virtuales”; hace apenas 15 días hicimos presencia virtual en el Encuentro Nacional del Tiple, versión 24, con sede en Envigado (Antioquia); dentro de un mes estaremos como invitados especiales en el Encuentro del “Festival Bandola” (Sevilla- Valle). Poco después haremos presencia virtual como homenajeados en el Festival Estudiantil Bambuquero, evento que hace parte del Concurso Nacional del Bambuco, también virtual este año; además haremos presencia virtual en el evento “Pasión Sonora”, de la convocatoria “Cultura en Casa 2020, gracias a las integrantes del dueto “Murmullo y Canción”. El aislamiento obligatorio nos dejó quietud presencial física, pero nos estimuló la virtualidad emocional y estamos aprendiendo cómo conquistar más corazones.

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