El que come de todo… a sus dientes se atiene

La lechona, el tamal tolimense y el pescado, ahora entre las frutas y las hortalizas por culpa de la pandemia.

Ángel Gómez Giraldo

Todos desde niños conocemos un refrán que aprendimos de los adultos casi al tiempo en que empezamos a botar los dientes de leche y reza así: “El que come de todo no se muere de hambre”.
Y lo seguimos escuchando con la misma connotación morbosa ya que muchas personas consideran que no alude al alimento sino a la práctica sexual indiscriminada.

Teniendo en cuenta esto, yo lo he descompuesto diciendo que el que come de todo a sus dientes se atiene hasta para roer hueso.

Y traigo el refrán a colación en razón a que por estos tiempo de la pandemia que nos obliga al encierro en casa comemos más, quizás por tener la cocina a la mano.
Pero hay ciertos alimentos preparados y no preparados que han bajado de precio y de consumo en los sitios de distribución.

Esto pasa con el tamal tolimense que a mediados del siglo pasado llegó al Eje Cafetero envuelto en las mismas hojas del plátano y del “biao” pero con una “presa” adentro que no era costilla de cerdo ni tocino, receta inveterada de la cultura culinaria de la colonización antioqueña.
Aunque a decir verdad no estamos en el momento adecuado ni en condiciones de sacarle en cara al tamal tolimense el muslo de pollo criollo y el huevo duro.

Entrevistas
En vez de esto voy directo al “marrano”, perdón a la fuente y así obtener noticia de primera mano.
La Casa del Tamal y la Lechona ha estado chamuscando cerdos en la vivienda 18 de la manzana 18 del barrio Cuba.

frente del negocio Edison Henao, metido todavía en pantalones entubados para parecer más joven ante los demás.
Con 29 años en el negocio muestra un carácter “desabrochado” y suelto para hablar.
Así que me hace saber que, ante la imposibilidad de atender bodas, cumpleaños, eventos y festejos, la lechona tolimense quedó reducida a la mínima expresión de la porción que una que otra persona que pasa por la casa le pide.

“Le cuento que ya no hay lechona ni para nosotros que la preparamos, y todo por culpa del covid-19”, me recalca con un sabor que nada tiene que ver con el de la apreciada carne de cerdo.
Es cierto, las ventas en La Casa del Tamal y la Lechona han bajado en un 70 por ciento.
Aunque a Edison le preocupa esto, no deja de pensar en sus hijas Juliana y Alexandra quienes se encuentran estudiando cine en la República Argentina.

“Es que en todo el continente americano cada día aumenta más el contagio del coronavirus”, masculla y seguidamente se santigua.

Saber que casi tres décadas, bien con el negocio, y hoy por hoy bien mal, a cualquiera lo pone a ver el diablo.
En otro similar, Eventos y Banquetes, allí mismo en el barrio Cuba, Juana María Morales, mujer de pañoleta roja para un tocado con el mejor color, permaneció bien parada con las ventas de lechona pero ahora todo ha cambiado, “porque con la pandemia no me sostengo y me voy para los lados como si estuviera sufriendo de la enfermedad del vértigo”.

¡Ay mi querida Juana María Morales! Tan buena para manejar las especias, guisar, y verla ahora lamentarse por las malas ventas de sus comestibles. Francamente da pensadera.
“Es que ya la vida la paso haciendo punto-cadeneta-punto”, se queja de nuevo.

Como la mar
Y si la mar no viene a mí, yo voy a “Fresmar”, venta de pescados y mariscos de la mejor calidad.
En la trasnochadora y morena Fresmar está en cuatro puntos y cuenta con 21 expendios más en otras ciudades del país.
Se trata del próspero negocio de los hermanos Ricardo, Adiela y Julián Cano con una tradición de más 25 años.

Sin embargo Gloria Patricia, la administradora tan bien presentada como una catleya de la Asociación Risaraldense de Orquideología, me comenta como si estuviera en un rezo de responsos:
“Ángel, fue que todo cayó en los negocios como cae el deseo sexual de los hombres cuando llegan a ser ancianos. Y no le miento que las ventas de pescado cayeron en un 80 por ciento y por lo mismo bajaron de precio”.

Interpreto lo que me dice sosteniendo que están entre las verdes y las maduras porque el pescado lo tiene en este momento con las verduras congeladas y las frutas.
“Lo que sí ha aumentado es la preocupación que nos afecta al saber que los servicios públicos han subido considerablemente, lo mismo que los impuestos”, añade

La administradora de Fresmar de la capital de Risaralda, la misma al darse cuenta que estoy a punto de la despedida, me retiene para espetarme burlonamente que le encantan los mariscos. Yo no hago sino mirarla de arriba-abajo, y terminamos sonriendo los dos.

A la cena
Qué coincidencia, esa noche cenamos en casa crema de camarones preparada con una libra de éstos “animalitos”, cebolla cabezona, harina de trigo, mantequilla, leche, sal, pimienta, jerez y papas San Félix.
Quiero hacer una aclaración, que a nadie se le vaya ocurrir ofrecerme durante este confinamiento un enyucado, una cabeza de gato, un pie de mamey, una pasta a la putanesca o un penne en lata de atún, platos que aunque del resorte del chef y del gourmet se nos hacen de nombres para desconfiar por lo raros que son.

 

La lechona, el tamal tolimense y el pescado, entre las verdes y las maduraspor culpa de la pandemia.

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