El viaje secreto del pirata Luis Aury a Buenos Aires en 1818

Walter Benavides Antía

El corsario Louis-Michel Aury fue determinante en la gesta de independencia desde el Mar Caribe porque liberó a la isla de Old Providencia, del gobierno de los puritanos ingleses y apoyó a la Gran Colombia y a Simón Bolívar desde el mar, defendiendo las áreas marítimas. A pesar de su gesta, Aury es uno de los patriotas menos conocido de nuestra historia. Este escrito narra su estadía en Buenos Aires, donde con seguridad recibió instrucciones para con la bandera de Buenos Aires, ondeara las islas del mar Caribe, siendo San Andrés y Providencia una de ellas.

Aury desde Guadalupe navega a Buenos Aires. Feb
Aury sabe que no puede regresar a las costas de México ni de Estados Unidos, ni la isla de Margarita, ni a la desembocadura del rio Orinoco donde actúa Luis Brión (su enemigo). Después de permanecer en Jamaica, navega a la isla de Guadalupe, y desde allí a Buenos Aires a conocer a Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien lo ha requerido. Veamos lo que relata Agustín Codazzi:
“Más de dos días empleamos en llegar al puerto de Buenos Aires, donde las embarcaciones tienen toda seguridad y con comodidad pueden cargar y descargar sus mercancías. Los numerosos barcos ingleses, franceses y americanos que anclan allí nos indicaron suficientemente el comercio de esta capital, que consiste especialmente en cueros de toda clase, sebo, plumas, quina, aceite de ballena, cobre, estaño, lana de ovejas y de vicuñas. Esta ciudad, capital de la república del mismo nombre, está situada en una amena llanura sobre la orilla derecha del gran río de la Plata, que aquí puede decirse golfo, formado por la unión de los ríos Paraná y Uruguay, por lo ancho y profundo que es. La población ascenderá a cerca de cuarenta mil almas, y es casi toda blanca, encontrándose poca gente de color”.
“Esto es lo que he podido averiguar en poco tiempo de este país, que hoy se llama república de Buenos Aires y está gobernada por un directorio supremo compuesto por representantes de las diversas provincias que formaban el antiguo reino de la Plata y que se extiende de Chile y Perú a la Patagonia y de esta al Brasil y al Paraguay. El director, que es el Presidente, era nombrado entonces para un bienio y tenía en sus manos el poder ejecutivo, mientras que el legislativo residía en los miembros representantes del pueblo. Su constitución es semejante a la de los Estados Unidos de América septentrional. Las tropas de esta república, unidas a las de la república confederada de Chile, habían pasado a reunirse en Santiago, a orillas del Pacifico, bajo las órdenes del general en jefe San Martín, y debían realizar una invasión al Perú”.

 

 

Aury recibe de Pueyrredón la bandera de Buenos Aires. May
Aury en Buenos Aires, es reconocido por haber luchado por las repúblicas de Cartagena de Indias y México, y recibe el encargo de apoyar a Venezuela (a Bolívar), y acepta la autoridad del Director Supremo. Reparan los barcos y se reclutan marinos y soldados; se arman barcos tomados a los españoles por las fuerzas navales del almirante ingles Thomás Cochrane, y en poco tiempo, en el puerto llamado de la Ensenada, a diez leguas de Buenos Aires, nace una pequeña tropa de dos mil fugitivos de distintas nacionalidades, entre oficiales de tierra, mar, soldados y marineros. Completa la flota de barcos y marineros, pasa revista el Director Pueyrredón, quien le entrega banderas blancas, con “dos fajas horizontales azul turquí y en medio del blanco un sol brillante”.

Aury regresa al Caribe con Josef Cortes de Madariaga y a Manuel Ermenegildo Aguirre
El Director Supremo le confiere el título de General en Jefe de las Fuerzas de Mar y Tierra que, en representación de las Repúblicas Unidas de Buenos Aires y Chile, para apoyar a Venezuela. Nombra como su representante al doctor Josef Cortés de Madariaga, quien debía pernoctar en la isla de Jamaica, e impartir instrucciones, en compañía de Manuel Ermenegildo Aguirre, portador de nuevas patentes de corso. Aury debía consultarle todo lo relativo a las excursiones. Uno de los navíos es comandado por el comodoro Isaac Packer (nativo de N.Y.), pero subordinado a Aury. Son despedidos entre vivas y repetidas salvas de artillería.

De regreso de Buenos Aires, Aury en Margarita busca a Bolívar
Aury trae un mensaje del Director Supremo, Pueyrredón. Pasan por la isla de la Trinidad y Tobago, y arriban a la isla de la Margarita, en donde el general Juan Bautista Arismendi, los recibe con honores, pero les pide seguir su camino, pues teme que por la flota, fuesen atacados por españoles. Les informa que no tiene noticias de Bolívar y que sus tropas no pueden entrar por el Orinoco hasta Angostura, pues una flotilla ligera española recorre el río permanentemente. Aury se ofrece liberar el Orinoco, pero Arismendi les dice que debe esperar al almirante Brión, que ha partido a puertos ingleses con la flota de Venezuela a adquirir armas y municiones para Bolívar, y que no está autorizado a operar con fuerzas de otras repúblicas cuyos fines ignora (está al tanto de la enemistad entre Bolívar y Brión con Aury). El ministro Madariaga parte en un barco inglés que fondea en el puerto de Juan Griego (isla margarita) y se dirige a Jamaica según el plan y da instrucciones a Aury para que busque al almirante Brión y proponga si se puede hacer alguna acción conjunta en favor de la república de Venezuela.

 

 

Aury toma Santa Catalina y Old Providence, con bandera de Buenos Aires
Aury decide tomar unas islas, que están a tres días de Jamaica hacia el sur, pertenecientes a los españoles, conocidas como Santa Catalina, Old Providencia, San Andrés y Mangles, a fin de establecer en ellas sus fuerzas, fortificarse y esperar órdenes, que se darían de acuerdo con los sucesos y las circunstancias. Cuando arriban, Don Luis García, representante del gobierno español, no tuvo más remedio que capitular ante las fuerzas inmensamente superiores de Aury. Entonces el 4 de julio, toma las islas, las cuales declara bajo la autoridad el gobierno de Buenos Aires. Bajo su autoridad, comienza una actividad económica exitosa, basada en el saqueo de embarcaciones españolas en el mar Caribe.
“Con poco trabajo nos adueñamos de todas las islas, porque a nuestra llegada los pocos españoles que allí estaban habían emprendido la huida, de modo que sin disparar un tiro nos hicimos dueños de la isla de Providencia y de Santa Catalina, separada de aquella por un pequeño brazo de mar, las cuales entre las dos forman un puerto grande, profundo y hermoso, con posiciones aptas para fortificarse. Antiguamente los españoles tenían allí un puesto militar que servía de prisión a todos los que eran considerados delincuentes por el gobierno de Panamá. Fue de aquí, luego de haberlas conquistado, de donde el famoso jefe filibustero Morgan, después Gobernador de Jamaica, sacó los espías y guías para penetrar a Panamá, fue de aquí de donde envió su vanguardia a tomar el fuerte de Chagres, fue de aquí de donde partió para introducirse por el río que lleva el mismo nombre hasta Cruces, de donde pasó a la antigua ciudad de Panamá a la que tomó y saqueó. A lo lejos se ve un escollo que tiene la forma de una cabeza y los habitantes dicen que es la de Morgan”.
“Estas islas eran ciertamente para nosotros los mejores puestos de avanzada y los más aptos para el espionaje que hubiéramos podido desear. La entrada al puerto es estrechísima y se necesita de un hombre bien práctico o del piloto de la isla para tomarla, de lo contrario se corre el peligro de chocar contra los escollos que apenas se alcanzan a ver a flor de agua; en el lugar por donde deben pasar los barcos, que queda del lado de la isla Catalina, se fabricó un fuerte al que dimos el nombre de Libertad y que tenía cerca una batería llamada la Nacional; frente al fuerte, sobre la punta más avanzada de la isla Providencia, se levantó un reducto llamado la Muerte y más arriba el fuerte Inexpugnable, sobre la cresta de un monte detrás del cual había un campamento del mismo nombre. Hacia el sudeste de la isla había otro campo llamado el Americano con buenos reductos y fortificaciones y entre los dos se puso otra batería llamada el Rayo, con el reducto del Relámpago que defendía el camino de tierra. Yo fui el encargado de los trabajos de las varias fortificaciones y también mi compañero se ocupó en la terminación de las mismas sin ahorrar celo, actividad ni fatigas. Una gran cantidad de negros habitantes de las islas trabajaba junto con todos los soldados y oficiales, de modo que en poco tiempo donde antes había bosques se vieron reductos, baterías y fortificaciones con cañones de grueso calibre”.

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