Hugo, un señor peluquero

Ángel Gómez Giraldo

Cuando uno piensa que históricamente el barbero era también la persona que le podía cortar un brazo o una pierna porque a la vez ejercía como cirujano, lo menos que puede sentir es que se desangra.

Sí amigos, primero fue el barbero cirujano hasta la Revolución Francesa cuando aparece el peluquero con nombre de vino, Champagne, pero ya en la antigua Atenas se conoció la primera escuela de peluquería y los alumnos eran efebos de belleza juguetona.

Mas las cosas cambiaron y el barbero hoy por hoy inspira para sus congéneres más confianza que un monje, pues son los encargados del cuidado personal del ente masculino.

Son las barberías espacios señalados con el tradicional símbolo giratorio de rayas azules, blancas y rojas que se están viendo por todas partes.

Y pensar que ya habían desaparecido con el advenimiento de las peluquerías y los llamados salones de belleza femeninos a donde los varones se atrevieron a entrar  acompañando a sus mamás, hermanas, amigas y novias para terminar como ellas, en manos y tijeras de esos talentosos y alegres jóvenes quienes habían empezado haciendo bellezas en la cabeza femenina.

Fue aquí cuando los barberos se fueron a menos ya que los hombres más jóvenes entraron a rechazar  el servicio de corte de cabello por el barbero y a solicitar el del peluquero como la tendencia de un servicio que veían tan halagüeño como un plato de chop suey.

Gustó tanto en Pereira la peluquería que motilaba mujeres y también a hombres de verdad y hasta a los machos de pelo en pecho, los cuales ahora no existen.

Estos a mediados del siglo XX no reparaban distancias y subían las escaleras que llevaban al segundo piso del salón de belleza para terminar en la silla del peluquero con capa impermeable cubriendo casi todo el cuerpo.

Era el cliente sometido al peluquero, otro hombre que aunque joven se encontraba “armado hasta los dientes” y manejando tijeras de acero con destreza. 

Local

Y no es mentira, los peluqueros mal iniciados al igual que los toreros cortaban involuntariamente oreja y producían heridas en la nuca de sus clientes.

Nuestros pueblos crecieron en tiendas y en peluquerías y si la tienda era buena para el fiao y el crédito, la peluquería era la ideal para lucir un nuevo look.

Como si fuera poco, los clientes veían en el peluquero una persona más descomplicada y divertida que la dama dedicada al oficio similar.

Aquí, hace algo más de tres décadas la trasnochadora y morena encontró un hombre que le cortara su abundante y ensortijada cabellera para quedar más bella con rostro bambuquero.

Se lo cortó casi en una acción devota un muchacho con tanta luz en los ojos como un  lamparario de catedral, mirada directa y con la fuerza suficiente para ganarse a su interlocutor. De nombre y apellidos cual “casado” de mecato de buena panadería: Hugo Morales Bermúdez.

Hoy por hoy es todo un señor ocupando espacio físico ahí en la carrera 5a. con calle 17, corazón palpitante de la Perla del Otún, muy cerca de donde permanecen aún los pocos músicos que sobrevivieron al naufragio del “Páramo” que fuera barco de licor, bambucos montañeros y canciones de despecho.

A la sede del edificio que ocupa el negocio de peluquería lo identifica el mero nombre de Hugo que va y viene como rey por su palacio encantado mirando y embelleciendo a la clientela con un “embellecedor” de la figura ajena que son sus manos, mejor que el aguardiente, según sostienen algunos adultos mayores amantes de este licor.

Con sol

El sol de Pereira, intenso por esta época, se le entra a Hugo por las claraboyas y patios destapados fisgando su manera de trabajar tal vez con el deseo de aprender su oficio tan artístico.

A su disposición un personal de asesoras, maquilladoras de rostros dulces y de peluqueros para excelente corte, y hasta desenterradoras de uñas para total limpieza en un ambiente de hospital sin enfermos donde todos hablan con alegría y a sabiendas de que han sido conquistados con un buen servicio.

Zaira Rodríguez es la mano derecha de Hugo, siempre  con guantes de seda y tapabocas, por si los pelos.

Hohnny Ocampo es el estilista quien se ilumina con luz de luna llena para decir que es hijo de mamá antioqueña y abuela parisina. Es de espíritu tan suelto como tijeras de peluquería.

Los demás hacen chistes que no logran desconectarlos del jefe que no pierde oportunidad para anunciar que en casa lo espera en horas de la noche esa mujer de rostro bondadoso y corazón de oro que es su mamá, Carmen Emilia Bermúdez .

Estar en la peluquería de Hugo es como el Carnaval de Barranquilla donde todo el mundo se amaña.

Al escuchar la voz de este hombre que con sus manos de pintor surrealista ha ayudado a las mujeres más hermosas del país a ganar reinados como los de Cartagena y otros internacionales.

Siempre como el profesional de la belleza femenina al lado de Adriana Gutiérrez para ser Señorita Atlántico, asimismo Señorita Colombia y finalmente Miss Universo colombiana por un minuto.

Peluquero preferido y querido por celebridades del cine, la televisión y del periodismo del país y del exterior.

Los cortes de moda

Uno sabe a qué hora entra a la peluquería de Hugo pero no sabe a la que va a salir, pues aquí se relajan clientes y peluqueros con la cháchara y el tumbao de las tijeras.

Entre tanta soltura se aprende que los cortes de cabello para hombre que se están imponiendo son los difuminados, esos que son como una escala para subir y bajar al cielo. El desconectado como dueño de celular apagado. El serio es corte asimétrico y en punta por los lados. Para la mujer se impone el corte book, parejo y recto sobre la espalda.

En cuanto a los tintes de moda es el de los colores platinados, los rojizos y los cobrizos. “Ya van desapareciendo los mechones tan marcados”, recalca el maestro peluquero.

¿Saben cuál es el secreto de Hugo con el que ha tenido tanto éxito como peluquero y maquillador?

Para saberlo me vi obligado a sentarme en su silla de peluquería, el mueble que más vueltas da, y les cuento que el secreto está en la habilidad para manejar las tijeras. No se ven, no se escuchan, no se sienten porque tienen el tumba’o suave  del parcero de clase media.

Hugo… ¿el peluquero nace o se hace?

Mi estimado Ángel, unos nacen y otros se hacen y se quedan así toda la vida.

Para  no salir de aquí sin noticia, ¿qué moda para llevar el cabello  viene ahora para el hombre?

No viene, vuelve el cabello largo para el varón.

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