Javier Humberto Arias, poeta

En el alma de Javier Humberto Arias habita un poeta de grandes resonancias líricas, que con este libro se revela como un autor de hondas expresiones estéticas.       

 

José Miguel Alzate

La inquietud intelectual de Javier Humberto Arias se manifestó primero en las artes escénicas, en donde con talento artístico ha fungido al mismo tiempo como actor y director de teatro. La actividad teatral la ha compartido, desde el año 1978, cuando se vinculó al desaparecido Teatro Popular de Manizales, con su pasión por la lectura. En el año 2010 fundó, con Jairo Gómez Hincapié, el grupo Teatro Portátil, con el cual ha montado obras donde se manifiesta esa pasión por el arte que lo ha acompañado desde sus años juveniles. Hizo una maestría en educación en la Universidad de Caldas, y además de trabajar como docente de bachillerato durante muchos años, en aras de crecer como artista se ha interesado por conocer la evolución que el teatro ha tenido a través de los tiempos. 

Debo decir que en las muchas ocasiones en que he tenido la oportunidad de hablar de literatura con Javier Humberto Arias, jamás me hizo saber que le gustaba escribir poesía. Muchas veces hemos hablado sobre Walt Withman, sobre García Márquez, sobre Pablo Neruda, sobre Jorge Luis Borges, sobre German Pardo García y sobre Stéphane Mallarmé, pero nunca, léase bien, nunca, me dijo que escribía poesía. Por esta razón, para mí fue una grata sorpresa la tarde en que, al encontrarnos en la carrera 22, cerca al Parque Caldas, me hiciera entrega de su primer libro de poemas. “Caramba – le pregunté – ¿también eres poeta?”.  A lo que me contestó: “El teatro y la poesía van conmigo desde que leí Los intereses creados, de Jacinto Benavente y El Romancero gitano, de Federico García Lorca”.   

Pues bien: el primer poemario publicado por Javier Humberto Arias tiene como título Hilos de un volantín. Es un libro de formato pequeño, un poco más grande de los que publica la Universidad Externado de Colombia en su colección Un libro por centavo, eso sí, con un paginaje un poco menor y con carátula a una sola tinta. En 64 páginas, este teatrero que ha hecho montajes sobre la obra de García Márquez se explaya en palabras para poetizar sobre temas que lo apasionan. El libro se abre con un poema donde predomina el lenguaje de la ternura. Se titula “Coleccionista de dinosaurios”. Es un poema corto, en verso libre, donde se expresa el amor de un padre por el hijo de nueve años que todas las noches, a las siete, cuando pasa el carro de la leche, cambia las bolsas plásticas por figuras de dinosaurios. 13

Lenguaje sencillo

Si bien el poema “Coleccionista de dinosaurios” se caracteriza por ese lenguaje sencillo, sin figuras literarias, en que a veces escribe Mario Benedetti, logra transmitir la alegría del padre al ver cómo el niño espera con ansiedad la llegada del camión lechero porque sabe que le trae un motivo para que su hijo se sienta feliz. Esas “figuras de dinosaurios que sobrevivieron a cataclismos geológicos” tienen el poder de hacer soñar al niño, y de darle al padre la satisfacción de verlo sonreír. El poema exalta el amor de un padre hacia el hijo, como dándole al lector una lección de amor filial. Aunque no tiene metáforas de alto coturno, ni una descripción del momento en que el niño entrega las bolsas y recibe a cambio las figuras, tiene el poder de llegar al corazón como expresión sincera de un sentimiento.  

Predominan en Hilos de un volantín los poemas cortos, tipo haikú, ese estilo poético japonés que especialistas en literatura como Fernando Rodríguez-Izquierdo describe como textos breves escritos en versos de cuatro o cinco líneas donde quien lo trabaja alcanza “un destello fugaz que muestra la esencia de las cosas”, técnica que en Caldas tiene un gran exponente: Orlando Mejía Rivera. En el caso concreto de Javier Humberto Arias, la serie “Náufragos”, que consta de veintiún poemas cortos, cumple con este enunciado. Todo porque hay allí poemas donde está implícita la voz de un aedo que pone en los versos la palabra precisa para expresar su deslumbramiento frente a un amanecer, o a una caída del sol cuando llega la sombra, o a una tormenta “que pinta olas en el cielo”. 

En la poesía de Javier Humberto Arias hay un gran espacio para el amor. Este sentimiento que se alberga en el corazón del ser humano es materia prima en varios de los poemas del libro Hilos de un volantín. La mujer le inspira versos como este: “Tu cuerpo,/ tormenta y caos,/ orden y ritmo,/ la frecuencia del furor,/ el ciclo exacto”. Arias no recurre al lenguaje común de la descripción de unos ojos o de la voluptuosidad de un cuerpo. Su vocabulario es preciso, sin excesos verbales, ceñido a un estilo donde se economizan las palabras sin que el poema pierda sentido. En una corta sección denominada “A manera de epigramas”, donde se recogen veintidós poemas de cuatro versos identificados en números romanos, el lector encuentra esta pequeña joya romántica: “Esta tarde tiene el gris irresistible de tu ausencia”. 

Arte poético

Octavio Paz escribió: “La poesía es diálogo con la ausencia. El tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, epifanía, presencia, exorcismo, conjuro, magia, eso es la poesía”. En Hilos de un volantín se toman estos elementos para hacer arte poético. Aquí está la voz de un hombre que se regodea con la belleza de la mujer al mismo tiempo que exalta a sus compañeros de viaje en el navío de la creación literaria. Mientras en el primer caso dice: “Te quedas prendida del pequeño ruido que siembro en tu vientre de fruta madura”, en el segundo se duele de la muerte de sus amigos poetas. Sobre Carlos Héctor Trejos dice: “Los seres sagrados te ayudan a seguir puliendo versos”. Y sobre Wadis Echeverri Correa, el comandante de los alzados en almas, esto: “Siempre su canto. Siempre su voz fértil y prodigiosa”.    

Para Flobert Zapata Arias, una de las voces poéticas más importantes de Caldas, que recibió con alegría este libro, en Hilos de un volantín encontramos un poeta auténtico, de extraños fulgores y sentidas incitaciones, que invita a leerlo por lo que tiene de original en el aspecto temático. Edgar González Quintero, por su parte, señalándolo como un poeta de voz madura, se pregunta: “¿Dónde naufragará el volantinero?”. El mismo lo predice con duda: “¿En el asombro de tremor metafísico, en el trapecio o en los mares sin sal de los insomnios?” Estas palabras confirman que en el alma de Javier Humberto Arias habita un poeta de grandes resonancias líricas, que con este libro se revela como un autor de hondas expresiones estéticas, que está llamado a ocupar un sitial de honor en la poesía caldense.       

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