La calle es nuestra

Jorman Lugo

En la ciudad hay callejones que ayudan a comprender lo complejo y lo sencillo de la vida. Calles que conducen a personas que te enseñan el valor de entregar sin esperar nada a cambio y a ver expresiones urbanas que te ayudan a entender que el arte sana y transforma.

Este es el caso de Ezequiel Bautista y del Festival Pereira Querendona, quienes realizan sus trabajos bajo el caprichoso cielo pereirano.

Ezequiel es un hombre que lleva toda su vida trabajando en una máquina de escribir. Desde que se la presentaron y le dijeron que por medio de su trabajo en ella podía vivir, la convirtió en su compañera inseparable. Todos los días, desde que el sol ilumina las calles de Pereira hasta que el mismo desciende en el horizonte, teclea documentos para otras personas. Así lleva su vida desde hace más de 37 años.

Al principio lo sedujo el alcance económico del oficio de escribiente, sobre todo porque el amigo que lo acercó al Palacio Nacional, le enseñó un bolsillo llenó de dinero, pero con el tiempo se dio cuenta que su labor iba más allá de los beneficios monetarios. Escribir, en la mayoría de los casos, documentos legales para otras personas, lo acercó a los problemas que afrontan los seres humanos. Especialmente, los que no tienen cómo pagar un abogado. Así que se sabe un puente entre las altas esferas sociales y las más bajas.

“Ayudarle a las personas se vuelve un proceso filantrópico y altruista. En mi caso tengo formación académica de alto nivel, especialmente en Administración Pública. Eso me ayuda a solventar todos los tipos de consultas que me llegan. Porque de eso se trata, de compartir el conocimiento y ayudar a los demás.”

Para Ezequiel, compartir es una de las acciones más importantes que pueden hacer las personas. Reconoce que no todos lo hacen sin esperar algo a cambio pero sabe que en la ciudad hay personas que se la juegan por dar lo que saben. Así como él, y cómo las personas que vienen pintando la ciudad con expresiones urbanas, que brindan su arte para beneficio de los demás.

 

Cambios

Uno de los gajes del oficio han sido los constantes cambios de ubicación que han tenido los escribientes. Su principal lugar fue en el Palacio Nacional. Luego, pasaron una temporada en Fiducentro. En la actualidad, se encuentran ubicados en la calle 18 bis del centro de la ciudad.

En esa calle el Festival Pereira Querendona tiene dos murales que engalanan la vista de los transeúntes y de las personas que trabajan en ese lugar. A los escribientes, en cabeza de Ezequiel, les gustan este tipo de muestras porque permite que el tránsito en el lugar sea constante. Y ese trasegar de la vida pereirana, por lo general, significa clientes.

La transformación empezó cuando el Festival se tomó las paredes de la bis para dejar muestra de los procesos que lleva realizando en la ciudad. Los realizadores, que llevan tres años acercando el arte a la calle, escogieron el lugar por el peso cultural que ha tenido, antes con el desaparecido cine Consota y ahora con  la biblioteca del Banco de la República. Además, con la idea de generar un circuito turístico en el centro de la ciudad que se comunique con los demás murales que han realizado, creando así un museo al aire libre que no necesite del pago de entradas para apreciar las obras de arte.

 

Patrimonio viviente

Ezequiel dice que esos cambios los favorecen porque los hace sentir bien, apreciados; porque la ciudad los reconoce como patrimonio viviente. Además, cuenta que los cambios físicos que la administración local realizó en la calle, para que no solo fuera de tránsito, sino un lugar de encuentro, y sobretodo, llamando la calle como La calle de las letras o de los escribientes los llena de honor.

“Lo de los murales es muy interesante porque pasan turistas, personas que vienen a conocer, toman fotos. Eso es bueno porque le genera un cambio en lo urbano. Y esos cambios nos favorecen. Porque nos sentimos bien. Antes mantenía lleno de personas consumiendo drogas, era oscuro, sucio. Ahora hay lugares donde sentarse. Ha mejorado la vigilancia y es mucho más agradable. Ahora pasan más personas, es más público, se hace más concurrido. Ya no es tan privado. Le dieron a la cuadra un realce que nos ayuda”.

Desde el Querendona le apuestan precisamente a la noción que Ezequiel ve en la calle donde trabaja: transformar los lugares que han sido marginados y hacerlos atractivos. En las distintas ediciones que ha tenido El Festival fueron intervenidos lugares como los puentes de la calle 13, la carrera 12 bis cerca de Corocito, la carrera décima entre calles 22 y 23, entre otros puntos clave de la ciudad.

Las labores de Ezequiel y del Festival Querendona coinciden en más puntos. Por ejemplo. Ambos se dirigen a las comunidades para sensibilizar y dar charlas. Ezequiel sobre procedimientos públicos, legales y administrativos y el Festival para conocer cómo habitan los espacios y qué tipo de historias albergan entre sí los habitantes de la comunidad.

Así pues, la calle sigue siendo el lugar donde las historias se encuentran y donde llegan a parecerse entre sí. Quizá por esa razón ambas actividades ven en las prácticas públicas los mejores incentivos para construir ciudad, porque, en últimas, la calle es de quienes la habitan y la transforman con sus prácticas sociales, quienes están en contacto permanente con ella y los que con sus acciones en muchos casos dicen, la calle es nuestra.

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