Antonio Bernardi, un italiano que dejó huella en Colombia

Las obras que Antonio Bernardi ejecutó en Armenia incrustaron su nombre en la
historia de esta ciudad como gran renovador urbanístico.

José Miguel Alzate
Isabella Prieto Bernardi es una periodista caleña con ancestros caldenses e
italianos que durante varios años trabajó en el periódico El País de Cali y, además,
fue directora de Notipacífico, el noticiero del Canal Regional del Valle del Cauca.
Pues bien: esta mujer que sabe escribir, se destaca por sus emprendimientos. En
Cali creó la empresa Consultora IPB, especializada en organizar eventos
culturales. Su mayor pasión es escribir historias que, en su concepto, tienen el
poder de transformar realidades. Como editora de libros se ha interesado por
aquellos temas que tengan como fondo ideas inspiradoras, que aporten para el
crecimiento personal de quienes las leen porque abren caminos toda vez que
muestran realidades concretas. Su libro Historias de la Bernardi cumple ese
objetivo.
La autora del libro Historias de la Bernardi es una mujer apasionada por conocer
sus ancestros, orgullosa de esa sangre italiana que lleva en sus venas,
enamorada de los paisajes caldenses. Esa pasión la llevó a recorrer las tierras de
sus antepasados. Quería descubrir de dónde venía el dinamismo de su abuelo
Antonio Bernardi y cómo resultó casándose en Manizales con una hermosa mujer
nacida en Caldas, que tenía unas costumbres distintas a las de su tierra y, al
mismo tiempo, unos principios inculcados por la tradición paisa. Isabella Prieto
Bernardi regresó a la tierra de sus mayores, una población en los Alpes Italianos
llamada Ponte nelle Alpi, en la provincia de Belluno, para encontrarse con sus
raíces y empezar a escribir la historia de su abuelo. Y recorrió el norte de Caldas
para ahondar en su estirpe.
En Historias de la Bernardi, la periodista colomboitaliana que se declara
admiradora de Oriana Fallaci narra cómo su abuelo llegó a Colombia en el año
1926, después de abandonar Italia una vez terminada la Primera Guerra Mundial,
donde su país tomó parte. Antonio Bernardi De Fina, un ingeniero constructor,
combatió con el ejército italiano en los valles del Véneto. Allí le tocó vivir la
ocupación de la ciudad de Belluno por las tropas enemigas. Italia quedó al borde
de un desastre económico. Cansado de esa guerra, se embarcó en el puerto de
Trieste hacia Argentina en el trasatlántico Neptunia. A este país llegó en 1922, y

después de vivir en Ecuador, Perú y Bolivia arribó al puerto de Buenaventura,
atendiendo una oferta para trabajar en la construcción del Ferrocarril de Nariño.

Una caldense
¿Por qué razón el ingeniero Bernardi terminó en tierras caldenses y casándose
con una caldense? Su nieta Isabella Prieto lo explica en un lenguaje periodístico,
claro, sin afeites retóricos. En Manizales estaban ya los ingenieros italianos
Angelo Papio y Giancarlo Bonarda. Habían llegado para trabajar en la
reconstrucción de la ciudad después del incendio del 20 de marzo de 1926.
Conocedores de su profesionalismo, enterados de que su compatriota estaba en
Argentina le ofrecieron trabajo. Lo vincularon al proyecto para cambiarle la cara al
centro de la ciudad. Antonio Bernardi se puso al frente de la higienización de
Manizales, erradicando potenciales focos de epidemias al construir las redes
subterráneas del acueducto y el alcantarillado, que para esa época corrían en
desagües por la calle.
Historias de la Bernardi es una obra “en la que recupero la voz de mi familia, la
italiana, la alpina, la paisa, la vallecaucana y la caleña, hombres y mujeres que
sortearon infinidad de dificultades”, dice Isabella Prieto. Eso es el libro, en efecto.
Una recuperación de la memoria para exaltar a un hombre que dejó huella en
Caldas porque sus conocimientos sobre ingeniería fueron importantes para
mejorar la calidad de vida de los manizaleños. Y, además, porque contribuyó en la
construcción del edificio de la Gobernación de Caldas, del Palacio Arzobispal y de
la Casa Estrada, joyas de la arquitectura republicana en Manizales. Un libro que
nos enseña la vida de un ingeniero que, además, contribuyó a la renovación del
centro de la ciudad de Armenia con la construcción de una plaza de mercado
moderna.
El libro de Isabella Prieto Bernardi contextualiza la historia para mostrar cómo dos
guerras mundiales cambiaron la vida de personas que, cansadas de las guerras,
huyendo de la barbarie, se establecen en América Latina para dejar su impronta
arquitectónica. Un libro que le permite al lector conocer detalles sobre esas dos
guerras porque habla de cómo afectaron a Italia, que vio sus ciudades destruidas.
Y también cómo los migrantes que llegaron a Colombia procedentes del eje Berlín-
Roma-Tokio fueron estigmatizados por el gobierno al ser considerados una
amenaza para la seguridad nacional. A Bernardi le confiscaron una finca en
Circasia y una casa en Cajicá. Ocurrió porque Colombia rompió relaciones con
Italia, Alemania y Japón después del ataque japonés a la base naval de Pearl
Harbor.

El ingeniero

Antonio Bernardi, el ingeniero que en Cali se convirtió en un constructor
respetado, echó raíces en Caldas. Todo porque contrajo matrimonio con una joven
mujer de padres aranzacitas. Como lo dice su nieta, sin pensar que en esta tierra
quedaría su sangre, aquí se enamoró perdidamente de esa muchacha de
veintidós años, de belleza admirable, que se llamaba Camila Ospina Mejía. Era
hija de Luis María Ospina García y Ana Joaquina Mejía Gutiérrez, un matrimonio
que hacia los años 1890-1895 residía en este municipio del norte de Caldas. La
conoció en Manizales, mientras caminaba por el Parque San José, que era
entonces un sitio de encuentro de familias respetables. El papá puso objeciones a
la relación porque era extranjero. Tanto, que le pidió un certificado donde constara
que era soltero.
Las obras que Antonio Bernardi ejecutó en Armenia incrustaron su nombre en la
historia de esta ciudad como gran renovador urbanístico. El Teatro Yanuba, de tres
pisos, con excelente acústica; el pasaje comercial tipo europeo de la plaza de
Bolívar; el edificio de Rentas Departamentales, con sus pórticos altos y una gran
puerta de hierro forjado, construido antes de que el Quindío se segregara de
Caldas; la plaza de mercado considerada Monumento Nacional, que fue tumbada
después del terremoto de 1999 para construir la nueva alcaldía y el Colegio de las
Bethlemitas fueron obras donde quedó el alma de este ingeniero que quiso a
Colombia como si fuera su tierra. El libro de Isabella Prieto Bernardi, con fotos del
álbum familiar, es un sentido homenaje al abuelo de quien ella se siente orgullosa.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -