Geross
Como no recordar? a Gustavo en estos d?as. Un hombre c?lido, hermano, sensato, de conversaci?n mesurada pero sincera. Noble, querend?n, desprendido.
Recuerdo además que cuando yo andaba por los pasillos de la Fundaci?n Universitaria del ?rea Andina, cuando al lado de Do?a Martha Luc?a Eastman que era una de las due?as de ese centro de estudios manej?bamos la parte cultural, ?l, Gustavo, se preocupaba por todo lo que hac?amos y se convirti? en un socio más de este tipo de procesos, hasta el punto de formar parte fundamental de esa columna vertebral que obvio, dej? profunda huella.
Particip? entonces en la organizaci?n, con Do?a Martha Luc?a y algunos de nosotros,? de cientos de cocteles que daban la se?al para la inauguraci?n de bellas exposiciones de arte, de conversatorios, de presentaci?n de libros, de reuniones de literatos, escritores, parnasianos, conocedores de Sim?n Bol?var, acad?micos de la historia y de un sinf?n de cosas que ten?an que ver con la cultura, la inteligencia, el pensamiento, la poes?a y el amor, que habit? muchos de los rincones de la Universidad Andina.
Un d?a, lo recuerdo muy bien, lleg? con un florero inmenso pintado al ?leo, repleto de rosas amarillas, buscando d?nde colgarlo y un directivo se lo compr? sin lograr su cometido. Ese d?a nos dimos cuenta que además de cantar rancheras, ten?a la habilidad de la pintura.
En secreto me llev? a su casa y me mostr? un pu?ado de toros pintados a la acuarela, que nunca quiso mostrar a los que le segu?an su ruta pict?rica, por considerar que no eran buenos, pues bien sabemos de su enorme orgullo y pulcritud.
Genial como anfitri?n, llev? a su casa a los que consider? sus mejores amigos y con ellos hac?a muy corta la noche, en la que cantaba sus mejores canciones, mostraba con orgullo sus mejores pinturas y compart?a sus mejores obras culinarias.
Todos recordar?n por siempre sus trabajos pl?sticos. Sus ?ngeles, sus toros, sus p?jaros, sus retratos, sus paisajes cafeteros, sus campesinos, sus mujeres desnudas o danzantes, sus grandes insectos peque?os y sobretodo, sus obras religiosas, las que hac?a con el alma.
Fue un artista muy honrado que siempre trabaj? con los mejores pinceles, los mejores ?leos y las mejores telas.
Felicitamos a quienes poseen una o varias de sus obras, pues tendrán para toda la vida en su casa, un muy bello recuerdo suyo.
María Cristina su mujer, es la más afortunada.









