Liceth Dayana Holguín Beltrán
Bajo atardeceres que transforman su pueblo en un lienzo de rojizas tonalidades,
Jana, una niña de 10 años, observa fascinada la forma en que la naturaleza se
encarga de pintar el cielo con llamas vibrantes y dorados destellos, como si esta
estuviera encargada de crear cada tarde el paisaje favorito de mamá. María Juana
(Jana) es una niña curiosa, con un enorme corazón en el que convive el amor por su
extensa familia, la pasión por las historias y una curiosidad inagotable que la lleva a
devorar libros, a contar historias y a cuestionar el mundo que la rodea. Todo esto
mientras esquiva con ingenio las matemáticas que tanto detesta.
Una historia que se encuentra a la espera de lectores de todas las edades en El sol
de los venados, de Gloria Cecilia Díaz, una publicación de Panamericana Editorial
que nos abre las puertas a un universo vibrante y lleno de vida, donde se tejen
recuerdos entre la complicidad familiar y las costumbres del lugar. Haciendo de este
libro un espacio para recordar la importancia de los pequeños pero poderosos
momentos: los paseos, las visitas familiares, los amigos de toda la vida, y sobre
todo, los libros, que abren caminos a nuevas formas de ver y entender el mundo.
Pues, en cada rincón del pueblo, en cada acción cotidiana, Jana encuentra una
lección, un susurro del pasado, y la certeza de que cada historia merece ser
contada.
Perspectiva
A través de la mirada inocente y sabia de Jana, la autora entrega una nueva
perspectiva para conocer el mundo que combina sabiduría y ternura en igual
medida, llevando al lector a habitar un universo cálido y entrañable en el que los
días transcurren entre risas, juegos y un amor que se comparte sin palabras. En
esta obra Gloria Cecilia Díaz entrelaza su propia historia de vida con la de Jana y su
familia, adentrándose en sus emociones más íntimas para darle voz a todos los
recuerdos. Como un espejo de la infancia de la autora, el personaje de Jana nos
muestra que todo puede transformarse en una historia, y que contar nuestras
vivencias es una forma poderosa de sanar y conectar con los otros.
Pero no todo es calma en la vida de Jana. A lo largo de las páginas es posible
conocer momentos que transforman su manera de ver el mundo, cuando la sombra
del dolor comienza a dibujar nuevos matices en su existencia. Aquí, la muerte, las
ausencias irremplazables y la incertidumbre crean vacíos tan profundos que, a sus
10 años, no logran ser comprendidos por completo.
Son estos momentos de vulnerabilidad los que la llevan a buscar consuelo en los
colores del atardecer, como si los secretos del mundo se escondieran en aquel “sol
de los venados” que su madre tanto adoraba y que se convierte en un vínculo entre
el presente y el recuerdo. Es en la luz rojiza que tiñe el cielo donde Jana descubre
que, incluso en el dolor más insoportable, existe una ambivalencia: una luz que
guía, una sombra que envuelve, y el espacio en el que ambos conviven le enseñará
que el sufrimiento y la esperanza pueden coexistir, para encontrar nuevas formas de
abrazar la vida con toda su complejidad.
Una lección
La historia de Jana no es solo un reflejo de la vida de una niña, sino una lección
para los adultos sobre la necesidad de dar voz a los más pequeños, y la importancia
de acompañarlos en su proceso de descubrimiento del mundo. Este torbellino
emocional que enfrenta la protagonista nos invita a reflexionar sobre la importancia
de acompañar los sentimientos de los niños, de permitirles la expresión sin límites,
sin juzgar ni callar. En una sociedad que a menudo tiende a silenciar la palabra de
los más pequeños, El sol de los venados nos recuerda que escuchar y validar sus
emociones es un acto fundamental de amor y respeto.
El sol de los venados no es solo un libro para leer; es un libro para sentir y habitar. A
través de sus páginas, Gloria Cecilia Díaz nos lleva a recordar a quienes amamos, a
mirar al cielo y encontrar en sus colores un consuelo, una historia y, sobre todo,una
conexión eterna con quienes viven en nuestros recuerdos. Esta obra,
profundamente humana, nos impulsa a escuchar y dar valor a todas las voces,
especialmente a las de los niños, reconociendo en ellas una sabiduría que a
menudo olvidamos. Es un llamado a abrazar la riqueza de nuestras propias
historias, a compartirlas como un acto de amor y a encontrar en ellas la fortaleza
para seguir construyendo vínculos que trascienden el tiempo.



