Se vende arte

James Llanos
Eran aproximadamente las 3 y 45 de la tarde, me dirigía al centro de Buga –la
del Milagroso-, exactamente en la carrera 15 nro. 6-37, justo al frente cuando el
taxi respetaba un semáforo en rojo, a mi derecha mire una casa antigua, en
una de sus ventanas colgaba el clásico aviso se vende (rojo sobre blanco),
enseguida sobre la pared, está pegada una tabla blanca inclinada y con letra
negra, habían escrito la palabra ARTE, me pareció muy divertido; estaba en la
puerta de esta sobria vivienda, un hombre trigueño de mediana estatura, con
una pinta de artista: boina oscura, gafas de marco negro, camiseta azul
petróleo, yines azules y tenis. Me lleve una sorpresa, era Hernán Villanueva, el
colega, estudiamos en la casa de la cultura (una casa patrimonial) de la ciudad
en mención.
“Villín” como cariñosamente le decíamos. Un lápiz excelente, el claro oscuro
más impresionante de toda la cohorte, de una precisión asombrosa en el
retrato sacados de las caratulas de los elepés; en esa época, a fines de los
80´s y comienzo de los 90´s, el rock inglés y el furor del latinoamericano
comenzaron a competir, era tarde, ya nos habían colonizado a jóvenes
soñadores, que jugábamos al futbol representando a la escuela de artes. Todas
las noches platicábamos de temas de la vida, del arte y en particular, el
maestro Henry Vargas tomaba la palabra, buen profesor, nos contaba las
historias detrás de cámaras de la mitología griega, era el parnaso de nuestro
espíritu, manteníamos en el olimpo terrenal, guardando las proporciones
divinas.

Taller creativo
Sigamos en este encuentro donde estaba el aviso. “ACHIOTE – taller
creativo”, es un espacio donde se desenvuelve Villanueva, un ser de
calidades extraordinarias, con las paredes entapetadas caóticamente de obras
con formas y colores, pero encantador, esas pinturas realizadas desde el lugar
que éstas simbolizan, captan el brillo y la temperatura del Valle, una
representación de volver al impresionismo. Hacer crónicas del clima o de las
anatomías humanas en contexto, la vitalidad de los ríos, la potencia de las
montañas, la vid de la huerta, los paseos de los niños, los vestidos y sus
diseños de época, lo anterior, injertado al lenguaje colombo latinoamericano de
las negras y mestizos, de lo que tanto habla el maestro Hernán, gracias a sus
pinturas, Guadalajara de Buga, el Valle del Cauca y Colombia, están en
muchas paredes de coleccionistas, simples turistas y galerías del mundo, aquí
prima la importancia de los pintores de entornos urbanos bien interpretados,
con magia y la dinámica de un creador.

“Villin” y su metralla de converso, deja permear lo clave y ansía de su presencia
en la ciudad, (nada que ver con su ego, por el contrario, es humilde), para
romper o fracturar el silencio y, fortalecer su idea de generar o construir un
taller creativo, trabaja con las puertas abiertas, que, a pesar de la poca
curiosidad de los contertulios, desinterés de las colectividades y por supuesto
de la administración municipal, el sigue adelante rayando y pintado. Si algo
necesita una ciudad, son seres humanos calificados, para mejorar la calidad de
vida de los habitantes, el turismo cultural y artístico, en medio de una ciudad
que vive, de un gran porcentaje del turismo religioso. Un dato. El secretario de
Turismo del Valle, Julián Franco Resaltó que ‘La Ciudad Señora’ ya hace parte
de la Red de Pueblos de Patrimonios de Colombia y “tiene un promedio del
50% de ocupación hotelera; el año pasado recibió cerca de 2 millones de
turistas y tiene un impacto económico de 160 millones de dólares este destino”.
En este orden de ideas, este taller y el pintor debería ser parte de este turismo
de ciudad, para incluirlo en este positivo diagnóstico, per se, sin tenerlo en
cuenta, el maestro encargado de ACHIOTE habla con su estilo de religión,
entre sus cuadros hay un Leitmotiv (aplicado a la pintura); relatos literarios a
través de las formas recurrentes del Cristo en distintas poses, el silencio de los
habitantes, la bondad de los vendedores ambulantes y entre otros temas, los
homenajes de destacadas figuras del arte y la cultura colombiana, que
permanentemente hacen historia, la expresión gestual, es una forma de escribir
o narrar.
Conectado
Por otro lado, está conectado con Buga Tattoo y el Buga Tattoo Festival, en
este último él tiene una sesión, un espacio para pintar con los tatuadores
invitados. Estas dos actividades tienen un responsable, el colega más cerca,
Alejandro Villanueva, su hijo, un joven sosegado, con temperamento, una
visión emprendedora de este lenguaje sobre la piel, todo su talento lo heredó
del papá y buen amigo.
Hablan de tú a tú, se recomiendan, se visitan, se ayudan, se revientan, se
quieren, tienen un verdadero feeling, en casa las jerarquías se respetan y en
los talleres hay autonomía con sus experticias, técnicas y conocimientos. Una
anécdota. El maestro Hernán cuenta: cuando van a Buga Tattoo, donde
Alejandro a que les enseñe a tatuar; él les recomienda “primero aprendan a
dibujar con mi papá en el taller Achiote Taller creativo, queda a una cuadra.”,
hay risas.
En este taller me detuve y aprecié su talento, su discurso, las grafías y matices
sobre canvas de gran tamaño, material reciclado, telas de todas las
dimensiones manchadas con varios cromos, pinceladas como sus palabras,
largas y cortas, con una carga de felicidad y sonrisas, que permea al escucha y
le despierta el asombro. En este ambiente hay cadencia, hay cocina, mucha
mano, coexiste concepto de verdad, ACHIOTE taller creativo, un verdadero
laboratorio. Invito a los bugueños a visitarlo, quítense la venda y caminen de
norte a sur con afecto, el costado derecho del parque Cabal y descubrirán, un
excelente converso que pinta y conoce la ciudad.

¡Un fenómeno como artista!

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