Omar Ardila
Agradezco al 22 Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas de Cine de Pereira, evento que convoca a los que de verdad amamos al cine en este país, que nos diera esta nueva oportunidad para hablarle a los colegas y a los estudiosos del cine de Colombia y el mundo, de temas que nos llenan el alma de conocimientos, secretos, experiencias y anécdotas que no podemos percibir con la sola y triste lectura, lánguida y sosa de las bibliotecas desgastadas y abandonadas que abundan en nuestros territorios condenados a la ignorancia en nuestros pueblos.
Gran parte de este año lo dedicamos a investigar sobre grandes personalidades que han hecho obras importantes en el territorio del cine en este planeta que sufre de un extraño calentamiento global y que desafortunadamente no tienen el reconocimiento mundial que se merecen, por culpa de la invasión de ese cine malo y descomunal de superproducciones hollywoodianas que nos invade, debido a las enormes sumas de dinero que las apoyan y defienden esos pulpos internacionales, el cual fue el tema elegido para conformar el eje temático de esta nueva experiencia cultural en esta bella ciudad cafetera.
En mi caso, quise volver a mirar con atención a un cineasta que desde siempre me ha impactado e influenciado, para darlo a conocer de muchos colegas que casi estoy seguro, nunca han apreciado como lo merece, el Maestro Pere Portabella.
PERE PORTABELLA
A veces, sólo a veces, en una suerte de abismo, se recobra el encantamiento de la imagen, de su ilusión, de su artificio, de su dinámica movible. Ante la sombra de la peste y su penetrante soledad, ante el aislamiento forzado y la inseguridad apoderada del horizonte, necesité aferrarme a la certeza que siempre he encontrado en el cine, en el escenario virtual de la imagen-movimiento; y en un favorecimiento del azar, vi cómo un encuadre me llevaba, en medio de una nebulosa y amplia panorámica, hacia una singular cinematografía de la que ahora es imposible soltarme, puesto que ha logrado adentrarse en el terreno de las afecciones, se trata de la enorme obra de Pere Portabella, el director catalán nacido en 1927 y aún activo a través de su productora Films 59. Tras este acercamiento vital, me propongo en este texto, hacer un recorrido por su obra, ubicando tres intensidades que, a mi juicio, recogen las principales preocupaciones estéticas del director, son ellas: la apuesta decidida por la vanguardia, la conformación de un sujeto creativo-político y la renovada mirada sobre la historia de su país y de una buena parte de Europa.
Aunque la infancia de Portabella transcurrió durante el periodo que algunos historiadores han llamado como la Segunda República Española, la llegada a la adolescencia estuvo marcada por las restricciones que trajo la dictadura a toda la España que había soñado con el fortalecimiento de la democracia. Fue el periodo en el que se suprimieron libertades básicas como la lectura de ciertos autores, el derecho a reunión y asociación, la actividad sindical y hablar catalán o euskera. Asimismo, se cerraron periódicos y centros culturales, y para muchos que no habían quedado en el bando de los vencedores, no les quedó otro camino que el exilio. De ahí, que la apuesta creativa surgiera en Portabella como un levantamiento, como una manera de aunarse a las voces que veían con urgencia y necesidad, la transformación social, la apertura hacia las vanguardias que, con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, querían borrar en toda Europa, la noche oscura del genocidio y abrirse a la renovación y a la reconstrucción de la confianza. Sin embargo, en España la represión continuaría en alza y la posibilidad de sumarse a ese espíritu vanguardista resultaría más complicada.



