El heavy metal latinoamericano

María José Pizarro

Encontré a mi padre a través de sus cartas, aunque a su pensamiento político —ya madurado como el vino en las cavas de la vida— lo encontré en las largas conversaciones entre estos dos hombres que andaban absorbiendo, transformando y retratando su época por algún lugar de las montañas de Colombia.

Esas charlas profundas bajo el cielo estrellado y con olor a selva, nos revelan con sinceridad sus búsquedas y sus memorias, esas propuestas construidas a la medida del país y de su historia, que harían parte de la ideología política del M-19.

En nuestro país han sido silenciadas las voces y vivencias de miles de excluidos; la búsqueda de grandeza, igualdad y modernidad han sido arrasadas por élites privilegiadas y mezquinas que han construido un Estado en función exclusiva de su propio beneficio y con el único objetivo de perpetuar por generaciones su poder. En medio de esa mezquindad y de su grotesca indiferencia, campesinos, indígenas, trabajadores, mujeres, jóvenes y rebeldes han procurado una apertura democrática que permita la integración de una nación partida en clases, repartida entre clanes familiares corruptos y ejércitos regulares e irregulares que han ejercido una brutal represión e impuesto un estado de guerra sin pausa durante décadas.
Procesos cíclicos se han sucedido y en los cortos espacios de diálogo real de la nación y encuentros de todos los sectores sociales, en esos breves momentos de reconocimiento del otro, han emergido liderazgos fuertes, voces emancipadoras, potentes y cautivantes, surgidas desde el seno del pueblo, que interpretando de manera empática el país buscaron romper con los excluyentes privilegios. Colombia parió a la Cacica Gaitana, Antonio Nariño, José Antonio Galán, Manuela Beltrán, Policarpa Salavarrieta, Rafael Uribe Uribe, Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, Camilo Torres, Jaime Bateman Cayón, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro, y tantos otros. Para que esos liderazgos pudieran surgir se requirieron espacios de paz, aunque fueran breves, que permitieron de manera genuina la integración de nuevas fuerzas y el reconocimiento entre los pueblos que hacen parte de nuestra identidad aunque no han sido integrados a nuestro relato histórico. Ese encuentro potencia el espíritu creativo de la sociedad y la construcción de un pensamiento inspirador que nos impulsa a las más grandes gestas.

Es ese pulso sincrónico de nuestro pueblo el que mi padre quiso despertar y potenciar a partir de un conocimiento particular de nuestras raíces, haciendo una propuesta para la Colombia del futuro, convencido de que solo cuando los seres somos tocados por la más profunda espiritualidad y convocados a partir de nuestro sentido de pertenencia como nación, tenemos la capacidad de seducir y enamorar a una multitud que pueda iniciar la transformación de nuestra historia como pueblo.

Carlos Pizarro, que vive en la memoria de la gente, es un desconocido para la ciudadanía que, aunque lo intuye, no ha logrado apropiarlo e incorporarlo a la construcción del pensamiento político de la nación y por lo tanto erigirlo como referente de la patria.

Durante más de treinta años el ideario político, los orígenes y las experiencias vividas por este hombre han permanecido, como tal vez han pretendido, suspendidas en el tiempo y por las decisiones democráticas de nuestro pueblo pueden hoy resurgir con toda la fuerza que merecen. El objetivo de estas palabras es que puedan recorrer el pensamiento de las juventudes de hoy, de quienes luchan y se emancipan, de quienes resisten y de quienes indagan, y entregarle a Colombia parte de la historia de aquellos excluidos que han pretendido acallar. Así que vuelve el pensamiento a la tierra fértil de las mentes soñadoras, de aquellos que han crecido, luchado y resistido para hacer posible la paz en Colombia. Son quienes podrán encontrar raíces y reflexiones profundamente inspiradoras en cada una de las preguntas y respuestas de los dos jóvenes que, como dije al principio, se sentaron en cualquier lugar de las montañas de Colombia a hablar del país que hoy, como nunca, tenemos en nuestras manos.

Lector, hoy Carlos Pizarro, a través de sus ojos, cobra vida en su interior, le habla a usted a través de los anales del tiempo, para despertar de nuevo esa conversación inconclusa por las balas asesinas de aquellos incapaces de soñar la grandeza de nuestra tierra, que muy a pesar de élites mezquinas seguimos habitando los insumisos de Colombia.
Bienvenida sea de nuevo la conversación.

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1 COMENTARIO

  1. no puede ser posible tanto cinismo,comparar un terrorista con los personajes mas ilustres de colombia que nunca utilizaron la violencia para conseguir sus ideales, el asesinato de jose raquel mercado fue uno de los tantos asesinatos perpetrados por el M19, las famosas carceles del pueblo, los atentados terroristas hechos por estos”proceres de la patria”no pueden tener cabida en la sociedad, y lo peor de todo ahora nos gobiernan con sus falsos discursos, y han vivido de los impuestos que pagamos, cuando van a pagar por todos sus crimenes? no te creo nada mentirosa .

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