Eutiquio vio surgir de su taller decenas de narradores, poetas, ensayistas y
dramaturgos de primer orden, los cuales fueron dejando la huella inmarchitable de
su sabiduría e intuición.
José Luis Diaz Granados
Imposible olvidar aquella noche grata del 18 de diciembre de 1982, en el Teatro de
La Candelaria, cuando el maestro Eutiquio Leal aguardaba impaciente la llegada
de los familiares del genial fabulista de Macondo, para dar comienzo a la
instalación del Taller de Escritores Gabriel García Márquez, institucionalizado dos
días antes con el mayor fervor, entusiasmo y amor por el oficio de escribir.
Y todo ello, en medio de un apreciable raudal humano, conformado en su mayoría
por jóvenes universitarios, pero también por algunos destacados escritores,
poetas, artistas, profesores y lectores del narrador de Aracataca, que ansiosos de
conocimiento, querían adentrarse en las secretas carpinterías literarias de su
escritor más admirado.
El evento, programado para las seis de la tarde, se inició pasadas las siete de la
noche, porque para quien les habla no resultaba nada fácil recoger en dos carros
a los hermanos Jaime y Eligio García Márquez, los más allegados al célebre
escritor, y a sus esposas, para luego acudir a una cafetería cercana a La
Candelaria y encontrarnos con Margarita Márquez Caballero, la prima hermana,
secretaria, representante del Gabo en Colombia y la confidente de los más
intrincados secretos domésticos tanto de Gabriel como de su esposa Mercedes.
Testigos de aquel momento, dicen que decía el maestro chaparraluno, entre
inquieto y gracioso: “Les pido un poco de paciencia, pues el compañero poeta (se
refería a mí) anunció que ya venía con un poco de personajes”. Y así fue, como en
presencia de varios miembros de la familia de Buendía, en carne y hueso, el
inolvidable narrador, gestor cultural y combatiente revolucionario Eutiquio Leal,
inauguró en esa noche memorable el primer taller de literatura del país y el único
que lleva por nombre el del más grande escritor colombiano de todos los tiempos.
El taller
“El taller de Eutiquio”, como se conoció desde entonces esta pequeña gran
empresa cultural, no era otra cosa que la continuación del primer curso de
creación y educación literaria fundado en Colombia, siguiendo como ejemplo las
orientaciones en tal sentido establecidas por Casa de las Américas de La Habana,
Cuba, luego del triunfo de la Revolución en enero de 1959.
Eutiquio Leal (nombre tomado del dirigente indígena y candidato comunista a la
presidencia en 1936, Eutiquio Timoté, y Leal, por considerarla como la mayor
virtud del ser humano), era el seudónimo de Jorge Hernández Barrios, nacido en
Chaparral el 12 de diciembre de 1928. Hizo parte de las nacientes guerrillas de su
Tolima natal en los años 50 y con el cargo y nombre de Comandante “Olimpo”
desempeñó un papel primordial en la organización hasta que sintió la fuerza
descomunal de su vocación literaria y en 1959 decidió establecerse en Cartagena
como profesor, periodista y activista cultural.
Su primera novela, titulada Después de la noche, escrita después de varios años
de lectura, observación y asimilación de las nuevas corrientes narrativas de
aquellos tiempos, fue galardonada con el Primer Premio de la Dirección de
Extensión Cultural del Departamento de Bolívar en 1964. Escribió cuatro novelas
más, dos de ellas, aún inéditas, cinco libros de poesía, cuatro de cuentos, una
crónica de guerra titulada Vietnam, ruta de libertad y un libro fundamental de
carácter didáctico como es el de Talleres de Literatura. Educación formal y no
formal: teoría y metodología, publicado en 1987.
Hasta su muerte, acaecida en 1997, Eutiquio vio surgir de su taller, decenas de
narradores, poetas, ensayistas y dramaturgos de primer orden, los cuales fueron
dejando la huella inmarchitable de su sabiduría e intuición.
En la dirección del Taller, fue sucedido por Hugo Correa Londoño, escritor,
profesor y maestro de juventudes, quien a lo largo de más de 25 años ha
consolidado y engrandecido este maravilloso semillero de escritoras y escritores,
que hoy sigue avivando lecturas, escrituras y vocaciones sólidas en el ámbito de
ese universo infinito de la imaginación que nos legó, entre otros genios de las
letras, el inolvidable fabulista de Macondo Gabriel García Márquez.
Gracias, mil gracias al admirado maestro Hugo Correa, por el reconocimiento del
que me hace acreedor a través del “Taller de Eutiquio”, y gracias a cada una y a
cada uno de quienes lo integran por continuar fielmente el legado de su fundador y
su amor a la literatura.
(Palabras pronunciadas en el homenaje ofrecido por el TEGGM el 11-12-
2024).



