Poemas que exaltan el amor hacia la mujer

Principio, sexo y fin es un libro que se deja leer porque no tiene laberintos inentendibles: su lenguaje es sencillo, pulcro, sin afeites.  

José Miguel Alzate

John Jairo Vera es un médico veterinario que a su gusto por atender con cariño a los animales le suma una sensibilidad artística que lo ha llevado a publicar los libros de poesía Tríptico sin edad (1998) y La lanza de Longinos (2009), además de uno de cuentos, El demonio tiene tetas de mujer (2021). Pues bien: este autor nacido en Chinchiná, que se desempeña como presidente de la Academia Pereirana de Historia, acaba de publicar con Editorial Oveja Negra un nuevo poemario. Se titula Principio, sexo y fin, un libro que en sus 104 páginas exalta a la mujer como dadora de ternura, como recipiendaria de caricias, que se entrega con pasión cuando a su corazón llega el amor. En este libro John Jairo Vera celebra, con un lenguaje sutil, la relación amorosa entre un hombre y una mujer.

Lo primero que pensé cuando este poemario llegó a mis manos fue en que, debido a su título, podía tratarse de un libro de subido erotismo. Una carátula sobria, con una escultura de Augusto Rodin en primer plano, donde sentados sobre una piedra, desnudos, con fondo de unas columnas que semejan el Partenón, una pareja se besa, me dio a entender que John Jairo Vera quería resaltar en sus poemas los momentos íntimos que se dan en una relación después de la atracción física. Pero estaba equivocado. En este libro no solo se poetisa sobre la intimidad cuando se hace el amor con una mujer (los gemidos, los gestos, el placer), sino que se profundiza en cómo surge el amor entre dos personas, qué lo atrae al uno del otro, cuánta importancia tiene mirarse a los ojos y por qué nace espontáneo el roce de los labios.

En el momento de sentarme frente a la pantalla del computador para escribir sobre el nuevo poemario de John Jairo Vera se me vino a la cabeza el título del libro del recientemente fallecido poeta Jaime Ramírez Rojas: Cuando el amor desnuda las palabras. Quise ponerle como título a este articulo “Cuando la pasión desnuda el alma”, pero me pareció muy obvio. Quedaba casi calcado del libro del poeta ansermeño. Pero tuve otra razón para no ponérselo: mientras Ramírez Rojas recurre al soneto para expresar su admiración por la mujer, utilizando un lenguaje rico en metáforas, con figuras literarias de excelente belleza, John Jairo Vera está inscrito en una escuela poética diferente, la versolibrista, donde la palabra es más directa, y no utiliza la retórica para expresar lo que quiere.

Poesía sencilla

Para el poeta riosuceño Conrado Alzate Valencia, que escribió el prólogo del libro Principio, sexo y fin, la poesía de John Jairo Vera “está escrita con la sencillez del lenguaje, distante de retóricas rimbombantes”. Yo agregaría que es una poesía rica en vivencias personales, donde está la voz de un hombre que se entrega a la mujer como poeta, exaltándola como amante, hablando de sus valores, diciéndole cuánto la recuerda, por qué extraña sus silencios, cómo añora tener su cuerpo y a qué le saben sus besos. Cuando dice: “Recuerdo esos cantos, esos besos, esas manos que me acarician y esos ojos que me desnudan” está expresando lo que le sale del alma cuando la siente lejana. Por esta razón le dice: “Mis ojos siempre te buscan y mi alma estalla en gozo cuando te veo”. 

Lo novedoso de Principio, sexo y fin, el libro de poemas de John Jairo Vera, está en que es un compendio amplio de cómo se le dice a la mujer amada que ella habita nuestros sueños, que cualquier olor nos trae su recuerdo, que el aire que respiramos está lleno de ella, que el viento que sopla nos trae su presencia y que la mañana brilla cuando la tenemos a nuestro lado. Todo expresado en un lenguaje sencillo que, sin embargo, tiene un eco lejano de Mario Benedetti, el uruguayo que leen las nuevas generaciones de poetas. Aunque Vera es directo en el tratamiento poético que le da a los encuentros sexuales no cae en lo chabacano, en lo sin sentido, en el erotismo burdo. Veamos estos ejemplos: “Todavía creo sentir tu cuerpo habitarme con lujuria desmedida”. O este: “Creo sentir tus manos mientras recorren mi cuerpo”.  

La poesía de John Jairo Vera se nutre de esas cosas elementales que le dan sentido a la existencia. Cuando en sus poemas menciona el aire, el viento, el agua, los jardines, las madrugadas o la lluvia lo hace para darle a su voz lirismo, no para llenar un vacío en la estructura del verso. Los incluye para otorgarle al lenguaje fuerza poética, eso sí, sin abusar de la estética que estos elementos le proporcionan al poema. En este libro son una constante expresiones como cuerpo, manos, boca, lujuria, besos, alma, olvido, piel, senos y pasión. Estas palabras cumplen una función cuando el poeta las utiliza para cantar cómo fue una noche de amor en los brazos de esa mujer que hace alegre su vida porque lo llena con su ternura y, desde luego, con su entrega total en la cama.    

Mujer innominada

El autor de Principio, sexo y fin puede repetir con orgullo este verso de Orlando Sierra Hernández: “Ahora sé que el aire más puro que respiro es el que viene de tu aliento”. Lo digo porque todos sus poemas están impregnados del aire de esa mujer innominada en los versos, que siembra en el poeta razones para querer seguir viviendo a su lado. John Jairo Vera se duele de que llegue el olvido, de que pasen los años y no la vuelva a ver, de que la amante tome otro destino, de que su cuerpo deje de ser suyo. Y de que su aliento ya no esté ahí, con él, en la alcoba, para bebérselo. Lo dice en el poema “Milagro”: “Le pedí a la vida el milagro de volverte a ver cualquier día o cualquier noche”. Cuando recuerda las noches en que le hizo el amor la evoca con alegría porque piensa que va a volver. 

Hay en este libro, sin embargo, cuatro o cinco poemas que se apartan de la temática que lo caracteriza, que no es otra que la mujer, el amor, el deseo y los sueños. Esos temas muestran variantes interesantes en su obra poética porque enseñan a un poeta que se conmueve con la muerte de un escritor, Andrés Caicedo. John Jairo Vera se duele de su destino, y le dice que nada vale la vida si al final termina “arrojándola por una ventana”. Y se duele de la pandemia causada por el Covid-19 diciendo que vivió en zozobra por la suerte de varios de sus amigos. Hay aquí, también, un poema corto donde dice: “bajo los árboles, entre sus ramas de colores, habita la poesía”.  Principio, sexo y fin es un libro que se deja leer porque no tiene laberintos inentendibles: su lenguaje es sencillo, pulcro, sin afeites.

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