Raquelita Marín

El 18 de noviembre se cumplieron los 153 años de la llegada de los primeros colonos a Apía. Agradecimientos a Lucidia Patiño Gordón, nieta de Raquelita Marín, una de las primeras colonizadoras, por su valiosa información sobre su abuela, que me inspiró a escribir esta historia.

Francisco Javier López Naranjo

Raquelita, grande fue tu alegría cuando tu padre José María Marín, después de una larga ausencia en la que lo dieron por muerto, regresó por ti y tu madre Encarnación a Anserma, luego de que con su amigo Julián Ortiz ya tenían sus ranchitos y cultivos de maíz y fríjol en la naciente Villa de las Cáscaras, que más tarde se llamaría Apía. 

Nunca imaginaste el camino que emprenderías por ariscas trochas y junto a un río muy grande, el Cauca, hasta llegar un 18 de noviembre de 1872 a dicho territorio, fecha que figura en la historia como la llegada de los primeros colonos a Apía. Tu amiga en la ardua correría fue Oritos, tu mascota, una gallinita de áureo plumaje que compraste con diez cuartillos que te había regalado tu madrina.

Tenías apenas de siete a nueve años de edad y ni sospechabas el destino que te aguardaba. Fuiste testigo de la llegada de otras familias provenientes del Suroeste Antioqueño, una de ellas era la de tu hermano Saturnino, que se vinieron a estas tierras atraídos por su fertilidad y abundancia de guacas. 

Luego la Villa de las Cáscaras se llamaría San Antonio de Apía y sería un pujante municipio donde el trabajo, el amor, la música y la poesía se hermanarían para alegrar tu vida y la de los pobladores, bajo la mirada paternal del cerro abuelo: el Tatamá. También presenciaste con terror y tristeza la violencia fratricida, pero sin perder la esperanza de un futuro mejor abrigado por la paz.

El matrimonio

Te casaste con Jorge Gordón y tuviste seis hijos: Martiniana, Rafael, Jorge, Celsa, María del Tránsito y María de Jesús, y una abundante cosecha de nietos y bisnietos. Me enteré que tu nieta preferida Lucidia Patiño Gordón, suegra del maestro y compositor apiano Fidel Echeverry, heredó de ti unos aritos de oro. Los mismos que le robaron muchos años después en Pereira. 

Lucidia, en su niñez, escuchó lo que le contaste al gran poeta e historiador apiano Gerardo Naranjo López, quien te visitaba  con frecuencia en tu ancianidad para enterarse de cómo fue la colonización del Corazón del Viento. De allí nació el libro “Apía a través de la historia”. A veces don Gerardo aparecía también con el historiador Alboín Gómez y el Mono Orrego en horas de almuerzo y la olla de sancocho alcanzaba para todos y hasta sobraba. La llamaban la olla milagrosa.

Me contó Lucidia, entre otras confidencias, que gracias al oro de una guaca José María pudo comprar las mulas para traerte a ti y a Encarnación a estas tierras. José María y unos amigos en Caramanta, donde vivías en la finca de tu padre: Alegrías, veían por las noches salir luces de la guaca, pero se cansaron de buscar, solo encontraron carbones, que tú recogiste ingenuamente, luego de garitear, y los llevaste para atizar el fuego de la plancha de carbón de tu humilde casa. Grande fue la sorpresa de tu familia cuando por la noche vieron que los carbones resplandecían y resultaron ser oro. Según la leyenda, esto sucede cuando hay ambiciones o envidias en los guaqueros. ¡El tesoro encantado era para tu familia!

Me contó Lucidia que, como buenos antioqueños, tu familia era muy hospitalaria y generosa con los colonos que llegaban al naciente caserío de la Villa de las Cáscaras, a quienes José María les adjudicaba terrenos para cultivar. Lo que coincide con lo que expresa Gerardo Naranjo en su libro: “Estos nuevos colonos son acogidos con gran generosidad por José María que es un antioqueño bonachón y aquijotado en el sentido propio de la palabra, su casa es la de todos y sus cosechas y víveres los comparte con los que llegan, sin exigirles nada”. También me dijo Lucidia, con lágrimas, que cuando partiste a otro largo viaje, el de la eternidad, a ella no le avisaron para que no se entristeciera. Según el certificado de defunción fue el 17 de marzo de 1957, a los 93 años, a causa de fallas respiratorias, aunque Lucidia duda de este diagnóstico y tiene otra versión sorprendente.

Una placa

Uno de tus bisnietos, Guillermo León Zapata Gordón, me contó que su hermano mayor recordó que tu cuerpo fue velado en la Alcaldía. Dice don Gerardo Naranjo en su libro que para celebrar los ochenta años de la llegada de los colonos, el 18 de noviembre de 1952, se colocó una placa conmemorativa en la cripta de la iglesia, en el osario que conserva los restos de los colonos. Dicha placa de bronce decía así: “Librando del olvido los nombres de José María, Encarnación y Raquel Marín, la Sociedad de Mejoras Públicas los presenta a consideración de las gentes, y pide a la historia la solemne consagración de su recuerdo”.

Otra de tus bisnietas que trabajó como secretaria de gobierno y de educación en la Administración Municipal de Apía (2023), Yeimi Alejandra Jiménez Patiño, me dijo que dicha placa ya no aparece en la cripta. Sin embargo, se honró tu recuerdo y el de los colonizadores, en una significativa eucaristía en el templo de Nuestra Señora del Rosario, el 18 de noviembre de 2022, al celebrarse los 150 años de la llegada de ellos, y los 70 años de nuestro escudo y tricolor, creados por don Gerardo Naranjo durante su alcaldía.

Moriste sin que se hubiera cumplido la promesa de algunos dirigentes de dotarte de una vivienda más digna que la que tenías en el antiguo tejar a la entrada del pueblo.

18 de noviembre

(Día en que llegó Raquelita Marín a Apía. Gerardo Naranjo en su alcaldía la institucionalizó como la fecha de llegada de los primeros colonizadores, aunque no se sabe a ciencia cierta la fecha exacta).

Tatamá, cerro tutelar y abuelo,

fuiste testigo del albor de Apía,

de la gran gesta de José María

que en ardua trocha encaminó su anhelo,

que cultivó en nuestro fecundo suelo,

donde hoy florece en lustre e hidalguía.

A los colonos esta poesía.

Que Dios los tenga en el hogar del cielo.

Loor a nuestro escudo y la bandera,

y a todos los quijotes que en la historia

le han dado a Apía bienestar y gloria.

Que reine en nuestro lar la primavera.

Gracias también a la mujer apiana.

¡Gestemos todos una patria hermana!

Raquelita Marín, tomada de una que figura en la Casa de la Cultura de Apía.

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