Una joven estudiante se levanta a las 4:30 de la mañana, entre la somnolencia y el frio, se dirige a la cocina, allí empieza a preparar el almuerzo de su padre que ya se alista para ir a trabajar en una finca lejana. Esta adolescente, que empieza a sentir los estragos del amor y la adolescencia vive en una de las cuarenta y cinco veredas de Belén de Umbría.
Desde esas montañas y en medio de los cultivos contempla el pueblo y espera poder algún día cumplir el sueño de estudiar en una universidad. Mientras eso sucede, todos los días camina a la escuela más cercana. Una escuela rural que recibe a niños campesinos, hijos de jornaleros que trabajan la tierra y sobreviven día a día a las inclemencias del tiempo y el campo.
La escuela de Santa Emilia tiene tres salones, dos para primaria y uno de posprimaria. Allí el ruido y el jolgorio siempre se hacen presente, las chicas y los chicos van de un lado a otro, hablan, corren, se caen y se enamoran; viven bajo la ilusión trágica que tiene la infancia. Allí, en medio de los cafetales y una virgen que vigila silenciosa, estos niños a diario se enfrentan a los retos de la educación y de una vida en el campo que en ocasiones no les ofrece mucho.
Sin embargo, el campo a pesar de la inclemencia puede llegar a ser fértil. Los jóvenes de la posprimaria de esta vereda le apuestan a crear un medio rural de comunicación que permita visibilizar las historias, las personas y los silencios que habitan la montaña.
Es común que la mayoría de personas y el Estado mismo miren en dirección contraria al campo. Pese a todo, en esas montañas, chicas y chicos escuchan, narran y fotografían esa ruralidad que es tan desconocida para la mayoría.
Este proyecto nace movido por la pasión delirante de una reportera gráfica, una diseñadora y el profesor de castellano. Cada uno ha buscado la forma de entregar las herramientas para que estos chicos, tomen el lapicero, el lápiz y la cámara que permita capturar esas historias que nacen en medio de las trochas y, normalmente, terminan enterradas entre palos de café y plátano.
Así fue como los talleres que recibieron estos chicos y chicas alrededor del periodismo, técnicas de investigación y fotografía, fueron pieza clave para romper la apatía frente a las historias y las tradiciones campesinas. Mirar el pasado y el presente de los que viven y mueren en esas montañas cafeteras para construir otras relaciones con el campo.
Resulta emocionante, ver a estos chicos ir por caminos empolvados tomando fotografías, escribiendo y dibujando las historias que usualmente pasaban por alto. Ahora miran ese territorio con otros ojos: atentos buscan a los ancianos que tienen la historia de la vereda, a la mujer que conoce de plantas y al campesino que camina la montaña, cada persona en la vereda es un libro para estos niños.
De manera que el primer especial “Santa Emilia” de De la vereda a tu mundo, como se ha llamado este medio de comunicación rural, ahonde en la esencia campesina, al construir un perfil acerca del campesino y escritor Mario Ortiz.
Este desafío, en un salón de clases prestado y con 28 pares de ojos atentos, estuvo marcado por la emoción de escuchar la historia de vida de un hombre que se ha movido entre el campo y la tradición oral.
En el mismo lugar y con la misma expectativa, otra joven de catorce años se mantiene atenta a los gestos y a la manera de hablar de Mario. Toma nota y siente que su vida está en lo que escribe. Mientras la estudiante escucha, otra joven de diecisiete años y un adolescente de trece caminan alrededor del campesino y juntos orbitan silenciosos y disparan la cámara que comparten. Cada uno busca diferentes ángulos que capturen la esencia de Don Mario. Juegan con la cámara y la libreta, se divierten e ignoran que ellos le ganan una batalla a las adversidades del campo.
La adolescente de catorce años termina de escuchar a Don Mario y se pasa toda la noche en su casa, en medio de las montañas, construyendo el perfil que dice la vida de un hombre y cosecha los deseos de una joven. Escribe hasta la media noche y no le importa saber que tiene que madrugar a dejar listo el almuerzo del su padre.
¿Qué más se puede decir de esta apuesta por la memoria? Lo necesario. Esperar que se mantenga, que las historias que nacen en esas montañas puedan ser capturadas por ellos mismos, y que nosotros podamos acercarnos a su mundo de historias y que a través de sus ojos logremos ver lo siempre se ha ignorado.
Datos específicos sobre el proyecto
– Realizado por Christian Camilo Galeano, profesor y candidato a magister en Filosofía de la UTP; Jessica Arcila Orrego, reportera gráfica y Daniela Arcila, artista y diseñadora gráfica.
Redes sociales:
Instagram: @delaveredaatumundo
Facebook: De la vereda a tu mundo
(https://www.facebook.com/delaveredaatumundo)
Sitio web: delaveredaatumundo.blogspot.com/
Link primer perfil: https://delaveredaatumundo.blogspot.com/2019/11/mario-ortiz-palabrero-y-andariego-de.html



